La familia en Navidad
Desde hace mucho, la Navidad y el Año Nuevo hallan en nuestro hogar un gran vacío por la ausencia de la hija Reina María y de sus hijos, Martín Santander y Cristina, quienes residen en EE.UU. Este año ellos vendrán para reunirnos en familia, en torno al nacimiento del Niño Jesús, para reflexionar, hacer promesas de amor y de solidaridad, y soñar con una patria nueva, la cual está muy necesitada de familias bien integradas para superar la crisis de valores que confrontamos en todos los aspectos de vida.
La familia debe reflexionar en torno al misterio del nacimiento del Niño Jesús que es toda humildad, amor, solidaridad y paz. Ese mensaje no ha sido bien interpretado, por eso el mundo está lleno de odios, rencores, violencia y muerte, y en el corazón de los hombres prevalecen las ansias de poder, orgullo y destrucción; el Universo se encamina al caos.
El papel de la familia, fuerte en la unidad y grande en sus principios, es fundamental para la consecución de la patria que anhelamos, del hombre y la mujer, liberados de ambición, de mentira, de deshonestidad, y siempre dispuestos a luchar por la verdad, la justicia y el bien común. Los que tienen la grave responsabilidad de hacer familia deben ser conscientes de que es una tarea ardua y que demanda muchos sacrificios, deben ser fieles seguidores de ese mensaje lleno de tanto amor y fe cristiana que llega hasta nosotros gritando: "Amaos los unos a los otros".
De familias que practiquen y vivan, responsablemente, el mensaje de la Natividad, tendrán que surgir buenos hijos, magníficos ciudadanos y los dirigentes que sean capaces de lograr el progreso y bienestar que está demandando la nación; de familias bien integradas y fuertemente unidas en el amor y la comprensión, surgirá el mejor aporte para el fortalecimiento de nuestros valores ciudadanos.
Ojalá el nuevo año traiga al país verdaderos cambios que fortalezcan la democracia, la libertad y la justicia social; que las instituciones comprendan que su labor debe ser eficiente, honesta y responsable para que pueda llegar, eficazmente, a la vida de las comunidades, y logremos el despegue hacia el progreso y desarrollo. Jamás deben repetirse las tragedias como la del bus incendiado y los medicamentos envenenados de la CSS, que ocasionaron decenas de muertes de humildes panameños que han dejado luto y dolor en muchos hogares. A esto lo tenemos que llamar irresponsabilidad.
Si todos trabajamos llenos de entusiasmo y transparencia, desde el Sr. Presidente hasta el más humilde de los panameños, alcanzaremos la prosperidad y el bienestar de Panamá.
Además, en Panamá circulan 250 mil autos particulares y 26 mil taxis, según información de la ATTT.
La familia debe reflexionar en torno al misterio del nacimiento del Niño Jesús que es toda humildad, amor, solidaridad y paz. Ese mensaje no ha sido bien interpretado, por eso el mundo está lleno de odios, rencores, violencia y muerte, y en el corazón de los hombres prevalecen las ansias de poder, orgullo y destrucción; el Universo se encamina al caos.
El papel de la familia, fuerte en la unidad y grande en sus principios, es fundamental para la consecución de la patria que anhelamos, del hombre y la mujer, liberados de ambición, de mentira, de deshonestidad, y siempre dispuestos a luchar por la verdad, la justicia y el bien común. Los que tienen la grave responsabilidad de hacer familia deben ser conscientes de que es una tarea ardua y que demanda muchos sacrificios, deben ser fieles seguidores de ese mensaje lleno de tanto amor y fe cristiana que llega hasta nosotros gritando: "Amaos los unos a los otros".
De familias que practiquen y vivan, responsablemente, el mensaje de la Natividad, tendrán que surgir buenos hijos, magníficos ciudadanos y los dirigentes que sean capaces de lograr el progreso y bienestar que está demandando la nación; de familias bien integradas y fuertemente unidas en el amor y la comprensión, surgirá el mejor aporte para el fortalecimiento de nuestros valores ciudadanos.
Ojalá el nuevo año traiga al país verdaderos cambios que fortalezcan la democracia, la libertad y la justicia social; que las instituciones comprendan que su labor debe ser eficiente, honesta y responsable para que pueda llegar, eficazmente, a la vida de las comunidades, y logremos el despegue hacia el progreso y desarrollo. Jamás deben repetirse las tragedias como la del bus incendiado y los medicamentos envenenados de la CSS, que ocasionaron decenas de muertes de humildes panameños que han dejado luto y dolor en muchos hogares. A esto lo tenemos que llamar irresponsabilidad.
Si todos trabajamos llenos de entusiasmo y transparencia, desde el Sr. Presidente hasta el más humilde de los panameños, alcanzaremos la prosperidad y el bienestar de Panamá.
Además, en Panamá circulan 250 mil autos particulares y 26 mil taxis, según información de la ATTT.