default

La farsa universal


En la novela Papá Goriot de Balzac, el aventurero Vautrin le decía a un joven que soñaba con la conquista de París, que no olvidara nunca que el hombre vino al mundo a representar un papel. El incisivo e intrigante personaje le insistía al ingenuo joven que el hombre, desde que tiene uso de razón, se pone una máscara para ocultar sus sentimientos. Se convierte en un farsante. En ese gran tinglado de la farsa de la vida, todos los hombres van pasando, representando su papel y saliendo del escenario.
Según Vautrin, todos venimos a representar un papel: unos como grandes personajes y otros como sus más humildes servidores, pero todos, como actores al fin. Cuentan en otra parte que un gran personaje, moribundo, dijo estas últimas palabras: "La farsa ha terminado". Vautrin seguía diciéndole al joven en su largo discurso, que la sinceridad no existía en las relaciones del hombre, casi desde su nacimiento: en cuanto entra en uso de razón, empieza la farsa. Y en cuanto al trato que tuviera con los políticos, no confiara nunca en ellos, pues disfrazan sus ideas y llevan una máscara toda la vida.
Oigamos hablar a Vautrin: "Un consejo tengo aún que darle, hijo mío, y es que no se aferre nunca a sus opiniones ni a sus palabras, y si encuentra algún medio de cambiar con ventaja, hágalo. El hombre que se alaba de no cambiar nunca de opinión y que siempre marcha en línea recta, no es más que un necio que cree en la infalibilidad. No hay leyes, sólo hay circunstancias: el hombre superior se amolda a los acontecimientos y a las circunstancias para dirigir a unos y a otras...
"¿Sabe usted cómo se hace carrera? Con el brillo del genio o la astucia de la corrupción... La honradez no sirve para nada... La corrupción abunda y el talento es raro... No acepte a los hombres y a las mujeres más que como caballos de posta, que puede dejar reventados en cada relevo, a fin de llegar a la cima de sus deseos..."
Es cuestión de opiniones, pero pensaba en todo esto cuando vi el teatro que montó el presidente Bush en Panamá. ¡Cuánta falsedad! Pero bueno, eso le gusta a la gente. Es evidente que el libreto de todo ese espectáculo fue montado en Washington a regla y compás. Ese mismo espectáculo lo repite en cada país donde va, cambiando sólo el escenario y las circunstancias. Los títeres que hacen coro también son utilizados según sus intereses. Todo esto es evidente e inevitable. Nada podrá cambiar en este teatro del mundo, como dijo el personaje de Balzac.
Cada uno tiene que ser protagonista decidido en esta lucha contra la cultura de la muerte.
Definámonos a favor de Cristo, ingresemos en la lucha, en la batalla contra la cultura de la muerte a favor de la vida. Hagamos de este mundo un mundo nuevo, porque con el poder de Dios somos ¡INVENCIBLES!

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América