La feminización de la pobreza
El domingo 24 de junio, este diario, en su primera plana, dio a conocer la existencia de una nueva víctima que sucumbía de desnutrición crónica en el Cuarto de Urgencias de la Policlínica de la Caja de Seguro Social de Arraiján, "cuando se le solicitó el apoyo al centro hospitalario para atender cuatro niños de ese núcleo familiar de extrema pobreza". Todo esto aconteció mientras los integrantes de los partidos políticos del gobierno, el arnulfismo y el MOLIRENA, celebraban y daban vítores en procesos electorales internos que calificaron como "una gran fiesta democrática". ¿Cuál democracia? La democracia de los muchos al servicio de unos pocos, definitivamente. Mientras el pueblo muere de hambre, los políticos de este país derrochan los dineros del Estado.
Esta situación me ha llevado a escribir algunas líneas sobre la llamada "feminización de la pobreza", y no es que me vaya a referir a los caracteres sexuales de la pobreza. Ella no posee sexo ni distingue entre masculino o femenino, ataca indistintamente, aunque más a las mujeres que a los hombres y, en el caso de las mujeres, se vuelve más contundente.
El estudio titulado "Mujer latinoamericana y empleos: desigualdades, avances y retos del futuro", denuncia que en la última década la brecha que separa a las mujeres pobres de los hombres, en igual condición, aumentó como resultado de lo que ha tenido a bien llamarse la "feminización de la pobreza". Y es que las mujeres latinoamericanas sufren más el desempleo, consiguen peores trabajos, cobran menos en igualdad de condiciones y, a diferencia de los varones, destinan todos sus ingresos a la familia.
Por otra parte, el estudio advierte que las mujeres de América Latina deben lograr un mayor nivel de estudios para acceder a iguales oportunidades de empleo que su sexo opuesto.
La mayoría de los 1,500 millones de personas que viven con 1 dólar o menos al día son mujeres. Además, la brecha que separa a los hombres de las mujeres atrapados en el ciclo de la pobreza ha seguido ampliándose en el último decenio.
En todo el mundo, las mujeres ganan como promedio un poco más del 50% de lo que ganan los hombres.
Las mujeres que viven en la pobreza a menudo se ven privadas del acceso a recursos de importancia crítica, como los préstamos, la tierra, la tecnología, etc. No se recompensa ni se reconoce su trabajo. Sus necesidades en materia de atención de la salud y nutrición no son prioritarias, carecen de acceso adecuado a la educación y a los servicios de apoyo, y su participación en la adopción de decisiones en el hogar y en la comunidad es mínimo. Atrapada en el ciclo de la pobreza, la mujer carece de acceso a los recursos y los servicios para cambiar su situación.
En el decenio de 1990 casi un 70% de los pobres del planeta eran mujeres.
Aunque el número de puestos de trabajo a su disposición había crecido, la naturaleza de éstos dejaba mucho que desear, ya que casi siempre cobraban en condiciones muy precarias, con salarios muy reducidos y por lo general en el terreno de la economía informal. Muchos de estos nuevos trabajos pertenecían a la llamada "economía invisible", o sea, a la actividad que las mujeres se veían obligadas a realizar en sus hogares.
La labor doméstica es una actividad realizada por mujeres en edad productiva que no sólo no es reconocida como un trabajo, sino que socialmente es una actividad despreciada, no valorada porque se dice que requiere de más fuerza física que de actividad pensante para su realización. Es una labor sin paga, sin derechos laborales, sin jubilación y sin reconocimiento, que falsamente se califica como actividad "natural". Los hogares encabezados por mujeres con niños pequeños se encuentran entre los más pobres. Y si no gozan de un nivel mínimo de ingresos, trasmiten la pobreza a los niños. Esto sucede particularmente en el caso de las hijas que a menudo se ven obligadas a abandonar la escuela y a ocuparse de sus hermanos y hermanas mientras sus madres trabajan.
Los sociólogos opinan que "la transformación de las actividades económicas de la mujer requiere reformas profundas, por ejemplo: políticas que abran a la mujer el acceso a la tierra y a los medios de explotación, al crédito y a la tecnología; medidas financieras que favorezcan el trabajo independiente de la mujer; y programas de formación que las hagan competitivas en el mercado de trabajo. Es preciso concebir un acercamiento más orientado hacia la mujer en la formulación de programas y políticas de desarrollo económico y social".
(egrimal@cableonda.net)
Esta situación me ha llevado a escribir algunas líneas sobre la llamada "feminización de la pobreza", y no es que me vaya a referir a los caracteres sexuales de la pobreza. Ella no posee sexo ni distingue entre masculino o femenino, ataca indistintamente, aunque más a las mujeres que a los hombres y, en el caso de las mujeres, se vuelve más contundente.
El estudio titulado "Mujer latinoamericana y empleos: desigualdades, avances y retos del futuro", denuncia que en la última década la brecha que separa a las mujeres pobres de los hombres, en igual condición, aumentó como resultado de lo que ha tenido a bien llamarse la "feminización de la pobreza". Y es que las mujeres latinoamericanas sufren más el desempleo, consiguen peores trabajos, cobran menos en igualdad de condiciones y, a diferencia de los varones, destinan todos sus ingresos a la familia.
Por otra parte, el estudio advierte que las mujeres de América Latina deben lograr un mayor nivel de estudios para acceder a iguales oportunidades de empleo que su sexo opuesto.
La mayoría de los 1,500 millones de personas que viven con 1 dólar o menos al día son mujeres. Además, la brecha que separa a los hombres de las mujeres atrapados en el ciclo de la pobreza ha seguido ampliándose en el último decenio.
En todo el mundo, las mujeres ganan como promedio un poco más del 50% de lo que ganan los hombres.
Las mujeres que viven en la pobreza a menudo se ven privadas del acceso a recursos de importancia crítica, como los préstamos, la tierra, la tecnología, etc. No se recompensa ni se reconoce su trabajo. Sus necesidades en materia de atención de la salud y nutrición no son prioritarias, carecen de acceso adecuado a la educación y a los servicios de apoyo, y su participación en la adopción de decisiones en el hogar y en la comunidad es mínimo. Atrapada en el ciclo de la pobreza, la mujer carece de acceso a los recursos y los servicios para cambiar su situación.
En el decenio de 1990 casi un 70% de los pobres del planeta eran mujeres.
Aunque el número de puestos de trabajo a su disposición había crecido, la naturaleza de éstos dejaba mucho que desear, ya que casi siempre cobraban en condiciones muy precarias, con salarios muy reducidos y por lo general en el terreno de la economía informal. Muchos de estos nuevos trabajos pertenecían a la llamada "economía invisible", o sea, a la actividad que las mujeres se veían obligadas a realizar en sus hogares.
La labor doméstica es una actividad realizada por mujeres en edad productiva que no sólo no es reconocida como un trabajo, sino que socialmente es una actividad despreciada, no valorada porque se dice que requiere de más fuerza física que de actividad pensante para su realización. Es una labor sin paga, sin derechos laborales, sin jubilación y sin reconocimiento, que falsamente se califica como actividad "natural". Los hogares encabezados por mujeres con niños pequeños se encuentran entre los más pobres. Y si no gozan de un nivel mínimo de ingresos, trasmiten la pobreza a los niños. Esto sucede particularmente en el caso de las hijas que a menudo se ven obligadas a abandonar la escuela y a ocuparse de sus hermanos y hermanas mientras sus madres trabajan.
Los sociólogos opinan que "la transformación de las actividades económicas de la mujer requiere reformas profundas, por ejemplo: políticas que abran a la mujer el acceso a la tierra y a los medios de explotación, al crédito y a la tecnología; medidas financieras que favorezcan el trabajo independiente de la mujer; y programas de formación que las hagan competitivas en el mercado de trabajo. Es preciso concebir un acercamiento más orientado hacia la mujer en la formulación de programas y políticas de desarrollo económico y social".
(egrimal@cableonda.net)