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La fiesta del fútbol


Sería necio decir que se trata sólo del marketing. Los torneos de fútbol se han convertido en jornadas memorables, en ejes de multitudinarias movilizaciones y acciones que van desde lo político y lo social, hasta lo económico y lo cultural.
Esa masiva concurrencia de gente y de factores pone sobre el tapete también temas de sobresaliente preocupación, el racismo por ejemplo. Muchas personas en el mundo fueron testigos de actos racistas en estadios españoles y europeos contra jugadores de color, en lo que sectores de esos mismos países han calificado como el recrudecimiento de conceptos ultraconservadores y racistas, nada tolerables.
Pero el tema parece recuperar su drama ahora que está por comenzar el campeonato mundial a jugarse en Alemania. Informaciones provenientes de ese país dejan ver la peligrosa coincidencia de grupos neonazis, nada más y nada menos que con el presidente de Irán, Mahmoud Ahmadinejad, al calificar de "mito judío", los crímenes y las carnicerías realizadas contra ese sector de la humanidad por el régimen de Adolfo Hitler.
Y no se trata de un hecho aislado. Los neonazis programan una manifestación para el día en que juegue la selección de Ángola en Leipzig, precisamente bajo el lema del "mito judío". Estadísticas oficiales del Gobierno alemán revelan que entre el 2004 y el 2005, las agresiones de carácter racista ascendieron a 958, y que durante las elecciones generales más del cinco por ciento de los jóvenes cuyas edades oscilan entre 18 y 24 años, votaron por el ultraderechista Partido Nacional Democrático.
Tan sólo el 19 de mayo pasado un político de origen turco fue víctima de una de esas agresiones, que le produjo una conmoción cerebral.
Así las cosas, no sería aventurado sostener que mientras que las autoridades de Alemania tendrán la grave responsabilidad de movilizar grandes recursos para evitar situaciones lamentables, el mundo debe observar con preocupación estos hechos que han dejado de tener un solo país como escenario, para amenazar con convertirse en una peligrosa corriente internacional que nada bueno promete al planeta.

101 años de Panamá América

 
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