default

La figura aglutinante


El mes entrante -recordar los idus de marzo- el Partido Arnulfista llevará a cabo sus elecciones primarias. Serán ejemplares, acaso el único testimonio democrático, en este Panamá de nuestros desvelos, que todavía no ha logrado sacudirse las ataduras del autoritarismo y las prácticas vergonzosas de la corrupción.
Y viendo como el clan taurino secuestró la dirigencia nacional del PRD y enarboló la imagen de Torrijos como pasaporte para asaltar el poder y estrenando la dictadura civil con el encarcelamiento sin prueba documental alguna del legislador bocatoreño Mario Miller, continuó con el aumento de los sueldos a los ministros, viceministros y directores generales, las excursiones turísticas en el avión presidencial y se suspendiendo las licitaciones para hacerle más fácil al Toro mayor, el manipuleo de las áreas revertidas, me siento orgulloso de militar en las filas históricas del arnulfismo.
Las primarias de nuestro partido -como las de siempre- serán transparentes. Nosotros no tenemos gerardos, mitcheles, ni cárdenas, inamovibles, ganaremos los que llevemos a las urnas de votación el alud de sufragio, que traduce nuestra airada protesta y nuestra convicción democrática.
Ganará la mayoría, que irá a votar masivamente. Ganará Mireya Moscoso, a quien llevaremos a la candidatura presidencial.
Mireya simboliza la síntesis de nuestras luchas, la intransigencia de nuestro ideario democrático. Los aprovechados de la República desde 1903, expertos en toda clase de negocios turbios y de coimas abominables, como no dan la cara ni se responsabilizan con su conducta, acostumbrados a engordar sus cuentas bancarias en la siesta apacible del fauno, han urdido su campaña de rumores contra Mireya: "Tiene el apoyo de la empresa privada, chupópteros insaciables de la política nacional".
El argumento es la credencial del maridazgo tenebroso de los perredistas de 1989, que en su desprecio por la nacionalidad panameña se afiliaron al sonoro slogan de "El pueblo al poder", con Boris Bárcena, un bufete y toda la estructura oligárquica que ha gravitado en forma abyecta sobre el destino del pueblo panameño.
Fue necesaria una invasión bochornosa para una potencia mundial de primer orden y brotó el engendro de esta dictadura civil, apoyada en la explotación de los trabajadores, la complicidad de los oportunistas y los desafueros de un sistema inmóvil, estático, bendecido una y otra vez como un equipo extraordinario.
Mireya puede presentar ante la consulta popular una conducta sin dobleces, sin arbitrariedades. No necesita apoyarse en el retrato de nuestro Gran Líder, para convocarnos al ejercicio del sufragio.
Nuestras masas no son susceptibles al soborno ni a la falsedad. Además del dinero robado, de las fortunas multiplicadas, de la insaciable veracidad de este combo que ni siquiera tiene una idea elemental de la cortesía y la diplomacia, que a grito pelado nos prometieron exigir el pago por el mantenimiento de las bases norteamericanas en nuestro suelo, para luego, buscar apoyo foráneo para que los dejen reelegirse.
Y nuestras masas saben que la estrategia de la reelección, cinco años más de incapacidad y corrupción, consiste en mantener dividida a la oposición, que unida es invencible. Así como en 1994 Chinchorro Carles mantuvo su candidatura para que la minoría del 32% le abriera las puertas del Palacio de las Garzas a este Toro, que evidencia hasta la saciedad que carece de sensibilidad, generosidad y sentimiento panameño, que no ofrezcan más dinero a nuestros dirigentes para que dividan nuestras fuerzas. El momento de las mujeres, tras casi un siglo de latrocinios ha llegado. Mireya, impacto del cambio, lealtad arnulfista a toda prueba, nos conduce a paso de vencedores hacia el rescate de la nacionalidad ultrajada y escarnecida por el Toro y sus toritos, una combinacion nefasta para el país.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América