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La financiación de las campañas políticas: Germen primario de la corrupción


Se requiere de una monumental dosis de ingenuidad para creer que alguna empresa o persona regala cientos de miles de dólares a un candidato presidencial sin esperar nada a cambio. Esas donaciones, lo sabemos desde siempre, no son otra cosa que inversiones que esperan recibir pingües réditos por las sumas "donadas". Los recientes escándalos destapados en varios países del continente, y especialmente del entorno centroamericano, que involucran a dos expresidentes de Costa Rica, así como el pedido de destitución del presidente de Nicaragua, acusado de negarse a revelar las donaciones a su campaña, han vuelto a poner el dedo en la llaga.
Las campañas políticas, que cada vez son más largas y costosas, en casi todos los casos son financiadas con "donaciones", muchas de oscuro origen que sólo llegamos a descubrir cuando ocurren escándalos como los mencionados. Ahora se sabe que en esos casos varias empresas que realizaron lucrativos negocios con el Estado costarricense hicieron cuantiosas contribuciones a los entonces candidatos.
Pero lo que ha ocurrido en Costa Rica también ha pasado y seguirá pasando en otros países, en los que los "donantes" nunca son conocidos pues se mantienen en la sombra, amparados por legislaciones amañadas que, de manera cómplice, protegen el secretismo.
Esa situación, a la que Panamá no escapa, solamente cambiará cuando mediante leyes estrictas se obligue a divulgar los nombres de los "donantes" y se establezcan otras medidas para erradicar esas prácticas nefastas, que son el germen primario de la corrupción.
Antes de las pasadas elecciones, nuevamente estuvo sobre el tapete el tema de la divulgación de las contribuciones para las campañas políticas. Pero, como ha ocurrido en el pasado, los principales partidos políticos anularon toda posibilidad de avances concretos. Casi todos los partidos políticos panameños siguen defendiendo el secretismo, que los exime de revelar los nombres de "sus contribuyentes" que, como con seguridad podrá comprobarse, "le donan" a todos los presidenciables con posibilidades, por aquello de que "es conveniente llevar el caballo a diferentes abrevaderos".
Si de verdad queremos que en Panamá haya "cero corrupción", comencemos por eliminar su germen primario. Las medidas correctivas son sencillas y si el gobierno, que tiene el control absoluto de la Asamblea Legislativa, tiene la voluntad y la decisión política de establecerlas, aquí van las que propongo:
1) La obligación de todos los candidatos y partidos políticos, sin excepción alguna, de divulgar los nombres de las personas y empresas que les donaron fondos. 2) Fijar un tope a las donaciones que las personas naturales y las empresas pueden hacer legalmente a los partidos y candidatos. 3) Las personas naturales, que mediante subterfugios violen los límites establecidos no podrán ser nombrados en cargos públicos. 4) Las empresas, que mediante subterfugios incurran en la misma violación no podrán celebrar contratos con el Estado o se les anularán los que hubieren celebrado. 5) El partido o candidato que no cumpla con la obligación de revelar sus fuentes de financiamiento, perderá el derecho a recibir el subsidio electoral.
El Estado panameño, con el dinero de los contribuyentes, y con más generosidad que cualquier otro de similar condición económica, entrega a partidos y candidatos subsidios multimillonarios. En la pasada campaña, éstos recibieron mas de 18 millones de dólares. Esta cifra es escandalosa y ofensiva, frente a la miseria que sufren cientos de miles de nuestros compatriotas. Pero semejante privilegio no lleva aparejada mayores obligaciones para los partidos y candidatos, los cuales, además, tienen libertad para buscarse otras fuentes de ingreso, que no tiene que revelar.
Es hora ya de que en Panamá adoptemos medidas drásticas para sanear el sistema de financiación de las campañas políticas. Allí, lo repito, está el germen primario de la corrupción. Y es allí donde hay que cortar de raíz.
El actual gobierno, aparte de tomar las iniciativas para aprobar las reformas legales necesarias, también puede darnos un magnífico ejemplo de su voluntad rectificadora, predicando con el ejemplo y, aunque la Ley no se lo exija, ser el primero en divulgar quiénes fueron sus "grandes contribuyentes". Si lo hiciera, el país entero se lo agradecería y los otros partidos y candidatos no tendrían más remedio que imitarle. Pero, amanecerá y veremos si alguien se atreve a ponerle el cascabel al gato.

101 años de Panamá América

 
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