La furia de los tecnócratas heridos
Hace unos días, como respuesta a un artículo que publiqué en este periódico, recibí un correo electrónico, cuyo mensaje estaba firmado con un pseudónimo. Allí, a parte de endilgarme una serie de insultos, el autor del mismo me acusaba de ignorante en materia económica, por haber manifestado mi admiración ante la postura del ex presidente Endara, quien ha dicho que hará frente a las nefastas privatizaciones y que asumirá el clamor y las quejas de los consumidores panameños, renegociando los términos de operación de las empresas privatizadas. Según el autor del anónimo, cualquier intento de modificar dichos pactos leoninos causaría pánico en los inversores y en los tenedores extranjeros de deuda panameña, la cual se depreciaría y dispararía una espiral aún más agudizada de desconfianza y de insolvencia para el país.
Para responder a las necedades de este adversario incógnito (seguramente algún fanático intolerante del PRD o algún mireyista furibundo), debo comenzar diciendo que, como ciudadano que lee y se informa a diario, tengo el deber y el derecho de opinar (y de actuar) sobre cualquier aspecto de la vida de este país, en donde nací, vivo y trabajo. Para ello, no necesito poseer un título de economista, abogado o administrador de empresas. La autosuficiencia de algunos tecnócratas les ha hecho creer que ellos y sólo ellos son los que pueden hablar o decidir por nosotros, los ciudadanos, en órdenes fundamentales como el desarrollo de esta sociedad o el futuro de nuestra Nación. Están rotundamente equivocados y yo soy el primero en reírme de estas pretensiones tontas, que a nadie confunden. El sentido común y el discernimiento ante lo evidente, no son patrimonio de nadie.
Por otro lado, los tecnócratas y politiqueros del tipo de quien me escribió, durante años se la han pasado haciendo lo que les da la gana con nuestra economía y con nuestra vida, sin rendirle cuentas a nadie. A esos farsantes les pregunto: luego de diez años de providencias desperdiciadas y de ceder y entregarlo todo, ¿en dónde están los resultados de las pretendidas políticas de atracción de inversión extranjera directa? Después de diez años de incentivos y de reducción de impuestos a grandes empresas, a monopolios y a millonarios: ¿Qué gran cosa ha cambiado para bien en este país, en el terreno económico, a parte de nuestro espantoso endeudamiento externo? Deberían ser un poco más humildes y sensatos y comenzar a hacer mutis discretamente. Ya han causado demasiado daño, con sus experimentos y arbitrariedades (o peor aún, con sus abusos, negociados y saqueo).
En otros países, muchos de estos sujetos estarían tras las rejas. Aquí, en dependencia de quien gane las próximas elecciones (y quizás esto es lo que les aterra del ex presidente Guillermo Endara y de su valiente postura), tal vez ése sea también el próximo destino de todos los sinvergüenzas criollos: la cárcel.
Analizando esos alegatos baratos y trasnochados (un supuesto cataclismo en Panamá, si se renegocian los contratos de las empresas de servicio básico), los mismos son una viva muestra de, hasta dónde, algunos de estos "brillantes" pseudoeconomistas que han autoreado orgullosamente nuestra profunda crisis socieconómica nacional, creen en la validez de las tácticas de Goebbels. Seriamente creen que una mentira repetida cien veces puede terminar convirtiéndose en una verdad. Esos eternos cucos de que "se espantarán los inversores", de que "enviaremos malas señales a las IFI" o de que "eso nos hará perder credibilidad financiera", no buscan más que amedrentar al público o hundirnos en la inmovilidad, para que nada cambie y todo siga igual (o peor). Pero la evidente falsedad de sus prédicas trilladas, ya cansa y aburre y nadie les compra sus cuentos de camino, porque eso que pregonan sencillamente no es cierto.
Hay alternativas para enfrentar inteligentemente la deuda externa, así como hay acciones legales que pueden revertir los efectos nocivos de privatizaciones tramposas, sin que colapsen la economía, la legalidad o la credibilidad financiera de nuestro país.
Es perfectamente posible renegociar los esquemas de regulación de estas empresas. ¿Por qué no se someten a las normas mínimas de supervisión y de responsabilidad empresarial ante clientes y usuarios, a las que se tienen forzosamente que sujetar en sus propios países de origen (España e Inglaterra)? Es nuestro derecho soberano el revisar estos contratos, como co-dueños que somos todos de los mismos (49% de las acciones). Igualmente es un mandato urgente reestructurar las leyes que crean la CLICAC y el Ente Regulador, para que dejen de ser instituciones inútiles y desdentadas y asuman su rol en defensa del ciudadano consumidor. Si pudimos eliminar un tratado a perpetuidad con la primera potencia del mundo, ¿cómo no podríamos meter en cintura a un par de monopolios expoliadores?
Como dice el refrán: "...se puede engañar a alguna gente por algún tiempo, pero no se puede embaucar a todo el mundo todo el tiempo.". La táctica de mentir y de asustar, por parte de tecnócratas farsantes, ya no tiene efecto alguno. Tendrán que recurrir a otros trucos para defender lo indefendible, para ganarse el vil metal con que traicionan los intereses de sus propios connacionales. Como dicen los gringos... "¡Shame on you!"
Para responder a las necedades de este adversario incógnito (seguramente algún fanático intolerante del PRD o algún mireyista furibundo), debo comenzar diciendo que, como ciudadano que lee y se informa a diario, tengo el deber y el derecho de opinar (y de actuar) sobre cualquier aspecto de la vida de este país, en donde nací, vivo y trabajo. Para ello, no necesito poseer un título de economista, abogado o administrador de empresas. La autosuficiencia de algunos tecnócratas les ha hecho creer que ellos y sólo ellos son los que pueden hablar o decidir por nosotros, los ciudadanos, en órdenes fundamentales como el desarrollo de esta sociedad o el futuro de nuestra Nación. Están rotundamente equivocados y yo soy el primero en reírme de estas pretensiones tontas, que a nadie confunden. El sentido común y el discernimiento ante lo evidente, no son patrimonio de nadie.
Por otro lado, los tecnócratas y politiqueros del tipo de quien me escribió, durante años se la han pasado haciendo lo que les da la gana con nuestra economía y con nuestra vida, sin rendirle cuentas a nadie. A esos farsantes les pregunto: luego de diez años de providencias desperdiciadas y de ceder y entregarlo todo, ¿en dónde están los resultados de las pretendidas políticas de atracción de inversión extranjera directa? Después de diez años de incentivos y de reducción de impuestos a grandes empresas, a monopolios y a millonarios: ¿Qué gran cosa ha cambiado para bien en este país, en el terreno económico, a parte de nuestro espantoso endeudamiento externo? Deberían ser un poco más humildes y sensatos y comenzar a hacer mutis discretamente. Ya han causado demasiado daño, con sus experimentos y arbitrariedades (o peor aún, con sus abusos, negociados y saqueo).
En otros países, muchos de estos sujetos estarían tras las rejas. Aquí, en dependencia de quien gane las próximas elecciones (y quizás esto es lo que les aterra del ex presidente Guillermo Endara y de su valiente postura), tal vez ése sea también el próximo destino de todos los sinvergüenzas criollos: la cárcel.
Analizando esos alegatos baratos y trasnochados (un supuesto cataclismo en Panamá, si se renegocian los contratos de las empresas de servicio básico), los mismos son una viva muestra de, hasta dónde, algunos de estos "brillantes" pseudoeconomistas que han autoreado orgullosamente nuestra profunda crisis socieconómica nacional, creen en la validez de las tácticas de Goebbels. Seriamente creen que una mentira repetida cien veces puede terminar convirtiéndose en una verdad. Esos eternos cucos de que "se espantarán los inversores", de que "enviaremos malas señales a las IFI" o de que "eso nos hará perder credibilidad financiera", no buscan más que amedrentar al público o hundirnos en la inmovilidad, para que nada cambie y todo siga igual (o peor). Pero la evidente falsedad de sus prédicas trilladas, ya cansa y aburre y nadie les compra sus cuentos de camino, porque eso que pregonan sencillamente no es cierto.
Hay alternativas para enfrentar inteligentemente la deuda externa, así como hay acciones legales que pueden revertir los efectos nocivos de privatizaciones tramposas, sin que colapsen la economía, la legalidad o la credibilidad financiera de nuestro país.
Es perfectamente posible renegociar los esquemas de regulación de estas empresas. ¿Por qué no se someten a las normas mínimas de supervisión y de responsabilidad empresarial ante clientes y usuarios, a las que se tienen forzosamente que sujetar en sus propios países de origen (España e Inglaterra)? Es nuestro derecho soberano el revisar estos contratos, como co-dueños que somos todos de los mismos (49% de las acciones). Igualmente es un mandato urgente reestructurar las leyes que crean la CLICAC y el Ente Regulador, para que dejen de ser instituciones inútiles y desdentadas y asuman su rol en defensa del ciudadano consumidor. Si pudimos eliminar un tratado a perpetuidad con la primera potencia del mundo, ¿cómo no podríamos meter en cintura a un par de monopolios expoliadores?
Como dice el refrán: "...se puede engañar a alguna gente por algún tiempo, pero no se puede embaucar a todo el mundo todo el tiempo.". La táctica de mentir y de asustar, por parte de tecnócratas farsantes, ya no tiene efecto alguno. Tendrán que recurrir a otros trucos para defender lo indefendible, para ganarse el vil metal con que traicionan los intereses de sus propios connacionales. Como dicen los gringos... "¡Shame on you!"