La fusión del BDA
La presente administración ha anunciado la intención de fusionar el Banco de Desarrollo Agropecuario con el Banco Nacional, con el propósito de hacerlo más eficiente, ágil y accesible a todos los sectores de la actividad productiva. La medida nos parece conveniente, ya que para nadie es un secreto que en otras administraciones el BDA no ha sido otra cosa que instrumento de los gobernantes para favorecer al amiguismo, al compadrazgo y al panegirismo calculado de alabarderos de oficio.
La institución no ha logrado la confianza generalizada. Tendrá, sin duda, sus afectos. Aquellos que han sido favorecidos desde las alturas del poder con créditos a velocidad supersónica, pero también hay, en mayoría, quienes han sido víctimas del daltonismo y estrabismo institucional, por razones obvias.
El Banco Nacional es otra cosa. Es una institución que nació, creció, y funciona, con una visión amplia y consecuente con todos los sectores de la vida nacional sin distingos de ninguna naturaleza, convirtiéndose en lo que se ha dado en llamar “el Banco de Nación Panameña”.
Bueno sería, entonces, que los recursos el Estado panameño estuvieran en una institución sólida, confiable y transparente, para que todos, absolutamente todos los nacionales con deseos y patrimonio, para producir, fueran atendidos, escuchados y oídos por funcionarios con la mentalidad puesta en el destino mismo de la nación.
Sí, porque hay muchísimos productores serios, honestos y entusiastas que se merecen una oportunidad; a quienes les gustaría tocar las puertas de una entidad para todos, sin filtros políticos que entorpecen y lesionan la moral de quienes creen en sí mismo, y no en los burócratas comprometidos con lineamientos políticos solamente.
Por décadas el Banco de Desarrollo Agropecuario ha sido el nicho y guarida de militantes de partidos políticos; su destino ha estado ligado a los cambios de gobierno, y no al profesionalismo y a la independencia que debiera caracterizarlo. Y hoy día, aunque está en buenas manos, nadie podría garantizar continuidad satisfactoria en los próximos lustros si no se imprime una profilaxis que lo sacuda del lastre que lo acompaña desde el pretérito ingrato.