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La gasolina a $7


Hace un par de años en Londres me tocó ver el futuro. Al devolver un carro alquilado, llené el tanque antes de entregarlo. La cuenta me llegó en más de $80 -me pareció un chiste de mal gusto, o de una trampa en cual uno cae cuando de turista. Casualmente después averigüé que, por pura casualidad, había "tanqueado" en una de las estaciones más caras de Londres, y registré la anécdota como una insólita experiencia de viaje- y juré que nunca se repetiría.

Hoy, en Panamá, tenemos la gasolina rebasando los $4 por galón y esa experiencia ya no se ve tan anecdótica, ni tan graciosa. Desde hace varias décadas los gobiernos europeos, conociendo que no contaban con  grandes reservas, adelantaron la crisis energética que algún día les llegaría mediante fuertes impuestos al refinado. Estos impuestos se invirtieron en la modernización y extensión de envidiables sistemas de transporte colectivo; a la par, el alto costo del combustible incentivó la creación de suburbios autosostenibles -muy distinto al modelo de suburbio dormitorio que encontramos en Norteamérica. En efecto, los gobiernos europeos ya han sufrido lo que seguramente les llegará -combustible a precios estratosféricos- usando el impuesto para incentivar hábitos de vivencia y sistemas de transporte que se acoplen a esa futura realidad.

En Estados Unidos, país identificado con "shopping malls" y suburbios dormitorios (donde se necesita un carro para comprar un galón de leche), el 70% del petróleo consumido es destinado al transporte. ¿Qué harán ellos cuando el galón de gasolina llegue a los $7? ¿Qué haremos nosotros, si estuviéramos con la misma filosofía de desarrollo?

Hay que ser celosos con la solución absoluta de subsidios. Es la propuesta más fácil y más cómoda, pero sólo pospone lo inevitable. La corrección después de subsidios siempre es mucho más trastornada que el ajuste gradual -nuestro país no tiene bolsillo para subsidios universales y perpetuos.

De aquí a cinco años no es para nada imprevisto que se más que duplicará el petróleo nuevamente, y ya en ese momento no estaremos lejos de los $10 en la bomba. En ese momento tendríamos que preguntarnos si valió la pena pasar el problema del aumento al próximo, para que ellos pagaran el subsidio y que siguiéramos aprovechando del combustible barato sin planificación ni infraestructura adecuada a un futuro tan inescapable y tan previsible. O si, en retrospectiva, se hubiera invertido el mismo subsidio en medidas que amortiguarían la estrellada con la realidad.

101 años de Panamá América

 
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