default

La generación del microondas


Insomnio, señoras y señores: los hijos son la causa para no dormir tranquilos. Hasta que se mueran ellos... o uno. Y quién sabe si los papás fantasmas tampoco la pasen muy bien, mientras no tengan a sus crías seguras en el más allá.
En casa no somos la excepción. Dormimos poco. Tal vez cerremos los ojos y hasta ronquemos, pero el cerebro está haciendo tilín a cada instante. Pendiente. Vigilando a los chicos. Más ahora que los novios rondan, la droga parece estar hasta en el aire que respiramos, y la vida desenfunda sus filos para cortarles el pescuezo si se descuidan.
Tenemos miedo porque los muchachos están creciendo de prisa, y parece que no les importa otra cosa que la música loca, las conversaciones insulsas por internet o por el chat del celular, y las zapatillas de marca. Parecen jóvenes hechos a la medida de los tiempos de hoy: sin respuestas y, más que nada, sin preguntas; adictos a la comida chatarra y a la televisión por cable; acostumbrados a tenerlo todo, con sólo apretar un botón.
Una querida amiga psicóloga les ha encontrado un nombre acertado: la generación del microondas.
Ojalá los problemas de la vida se resolvieran así, apretando un botón, sin mayores esfuerzos, sin sudores, sin tener que pensar ni usar el alma (noto que en esta columna triste la palabra clave es "sin").
Tenemos miedo porque los ídolos de hoy no somos los papás ni nadie con ideas de libertad, sino unos tipos enlentados, con aretes, un pañuelo de colores en la cabeza y cantan al ritmo de reguetón algo que tiene que ver con el trasero femenino.
Miedo porque no queremos que se les haga tarde a los hijos, y que cuando vayan a vivir de verdad se den cuenta que la vida se cuece a fogón, y no en microondas.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América