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La globalización neoliberal y sus crisis


Los hechos han corroborado lo que siempre argumentamos quienes nos opusimos al neoliberalismo. Su cacareado progreso se ha convertido en barbarie y ha acabado con economías que se encontraban sólidamente asentadas. El neoliberalismo sólo ha presentado respuesta a una quinta parte de la población, que vive en la opulencia, mientras el resto, las cuatro partes restantes, es degradada. Realmente con estos antecedentes, con los ejemplos que hoy vivimos en carne propia, no concebimos cómo todavía existen quienes abracen semejante caos e insistan en la implementación de medidas de corte neoliberal como son las privatizaciones, específicamente la de la Caja de Seguro Social, apertura del mercado nacional libre de aranceles, etc.
Las crisis del neoliberalismo se han ido produciendo con regular periodicidad y revelan que es un proceso que no es carente de infinidad de problemas, y lo que es peor, se han producido delante de las narices de los ilustrados economistas del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI), sin que al respecto se hayan hecho valer avisos que permitan encarar o frenar sus nefastos efectos. Tal ha sido el caso de México en 1994, del Oriente Asiático en 1997, Rusia en 1998, varios países latinoamericanos entre 1998 y 1999 y en este nuevo siglo XXI, nada más y nada menos que el hermano país de la Argentina que aún no toca fondo. La consecuencia de todas estas crisis ha sido los graves problemas generados para los sectores más pobres y la clase media: la extensión del desempleo, la falta de salud, vivienda y educación. Veamos algunas de las crisis en particular. En el caso de México la crisis, según sostienen la mayoría de los economistas estudiosos de lo acontecido, fue provocada por la decisión de financiar el déficit de la balanza de pagos por medio de la atracción de capitales foráneos de corto plazo y cuando se dio a conocer la huída de todos estos capitales se hundió el peso mexicano y la bolsa en general.
La crisis de los llamados Tigres del Asia, que para los neoliberales eran el propósito a lograr, ocurrió en 1997. Aquí los estudiosos de la situación surgida, atribuyen la causa de la debacle florecida en que las relaciones económicas estaban asentadas en una plena desregulación de los movimientos de capitales, que produjo una "expansiva burbuja especulativa", que motivó la pérdida de confianza de los inversores, huída masiva de capitales, hundimiento de las bolsas y una crisis terminal cuyos efectos fueron un rápido deterioro de los servicios sociales, crecimiento del desempleo y una inflación disparada. Indonesia, por ejemplo, en sólo medio año el número de pobres creció de 22 hasta 98 millones. Como consecuencia de esto se produjo el conocido efecto del dominó y esa situación se reprodujo en casi todas las economías de la región asiática.
La crisis de Rusia en 1998 se manifestó con la caída del rublo, no obstante los anuncios que se hacían en sentido contrario. Rusia dejó de atender el pago de la deuda externa y generó efectos negativos en las bolsas a través del mundo, a pesar de que en los meses anteriores el FMI no mostró ninguna intuición de lo que estaba a punto de ocurrir y que efectivamente ocurrió. La crisis allí parece haber surgido producto de la corrupción, ya que se dieron exportaciones ilegales de cantidades de dinero mayores que las que recibía Rusia en concepto de créditos del propio FMI y del Banco Mundial.
En el Cono Sur latinoamericano la crisis cobró cuerpo en países que tras cumplir con los objetivos de los planes de ajuste del Banco Mundial y el FMI y haber realizado las correspondientes reformas estructurales, cambios importantes en el sistema productivo y en las finanzas, las economías colapsaron. Según algunos estudiosos, la causa de esta debacle se debió a que dichos cambios no se vieron acompañados con los correspondientes cambios jurídicos y la lucha contra la corrupción.
Las crisis referidas se debieron al estallido político y social provocado por los llamados procesos de ajuste, las privatizaciones, el desempleo estructural, la sostenida desigualdad en la distribución de la riqueza, la corrupción y la subordinación a las operaciones especulativas del capital financiero y el otorgamiento de máximas garantías a las transnacionales en detrimento de los productores locales. El FMI, que sólo se ha limitado a su labor de "apaga fuegos", en las diferentes crisis, ha denotado una manifiesta incapacidad para adoptar medidas de previsión y también en su labor de diagnosticar lo ocurrido. Ninguna explicación oficial han proporcionado a la comunidad mundial dando la impresión que ellos desconocen también el motivo de las crisis surgidas.
Lo ocurrido en los diferentes países nombrados, lejos de ser casos aislados, irrumpe como el anticipo de la suerte de todos los países de la región sometidos a las reglas del juego impuestas por la orden imperial de las IFI"s. Nada sustantivo permite señalar con seriedad que semejantes hechos no se puedan reeditar en los demás países del Tercer Mundo que son regidos por los mismos parámetros estructurales. Parece que Perú será el próximo.
(egrimal@cableonda.net)

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