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La gobernabilidad democrática y sus desafíos


EN REITERADAS ocasiones hemos venido sosteniendo que nuestra América Latina, y en particular nuestro país, transita procesos políticos donde se debate y se define el carácter progresista de nuestras democracias, al igual que sus respectivos estados de derechos y las instituciones que lo conforman.
En ese contexto, también hemos reiterado que gobernar en estos tiempos no resulta una tarea fácil, ya que ejercer el poder en estos tiempos hay que hacerlo con la suficiente conciencia y voluntad política en tanto que la magnitud de los problemas sociales y los replanteos de temas o aspiraciones nacionales son tan profundos y graves y más cuando se tienen que enfrentar presiones políticas y económicas que procuran a dé lugar a aquella vieja concepción de un estado reducido a su mínima expresión, llegándose a sostener la aberración de que el Estado proyectado hacia una dinámica social afecta y distorsiona el libre juego de las fuerzas económicas.
En América Latina, los estados y los gobiernos democráticos no pueden sustraerse del entorno social en que les toca desenvolverse y sobre todo en nuestras formaciones económico-sociales donde el poder económico fundamentalmente opera y funciona como una visión o con un cálculo extremadamente inmediatista, donde factores importantes mediáticos en la conformación de la textura democrática de nuestra región, como son la paz y la estabilidad social no se le tiene o se le considera como parte importante para la construcción de escenarios que faciliten un mejor desenvolvimiento de la economía. Lo anterior explica la actitud o las posiciones de sectores del poder económico al igual de la clase media que se ubica en los niveles gerenciales y ejecutivos de oponerse de manera radical a las reformas fiscal, hoy ley de la República de Panamá que está animada por un sentido de equidad, y de justicia social y que tiene la finalidad mediante el mecanismo de la tributación, procurar transferir recursos de los que más tienen y ganan en la sociedad hacia los que viven en esos tramos poblacionales que en la miseria y pobreza extrema.
La reforma fiscal aprobada por el Gobierno de la Patria Nueva vino a frenar en la sociedad la irregular e ilícita práctica de regatearle cuantiosos recursos económicos al Estado panameño, jalonada por la aberrante práctica de la evasión en el pago de los impuestos. Para los estudiosos de la historia política no es un secreto que en América Latina y en ella nuestro país, el control de los estados ha sido un factor o palanca importante de acumulación originaria de capital. La investigación histórica que tiene que ver con el estudio de nuestras economías y nuestros estados da cuenta de que muchas y grandes fortunas se construyeron desde el poder.
Nuestros pueblos latinoamericanos han tenido que morder el polvo de semejante práctica, perversa y aberrante. De allí que difícilmente se puedan consolidar las democracias y los estados de derecho sino se enfrenta con dureza el prebendalismo o lo que ya algunos autores en ciencias políticas denominan la "sobornocracia". Es por lo anterior que la reforma fiscal, arriba citada, no solamente está y sigue estando encaminada a estabilizar la finanzas de la nación, sino también a nuestro juicio ha venido a constituir una pieza importante de la lucha contra la corrupción que tenía mediante el vehículo de la evasión una de sus fuentes más importantes de enriquecimiento, en perjuicio del pueblo panameño.
Pero hay otro elemento positivo a subrayar, y es que el país no podía darse el lujo de continuar con esa lógica de producción creciente de pobreza y de ricos cada vez más ricos. Y es por ello que resultaba ineludible que el estado a partir de un enfoque de equidad proyectara su acción a los más pobres del país, tal como se viene haciendo actualmente.
Los sectores económicos y políticos deberían entender y comprender que la reforma fiscal a mediano plazo y así está diseñada, traerá paz y estabilidad social. Ahora bien, no se puede analizar la reforma fiscal en la dimensión finalista arriba mencionada, sino en el contexto de un programa integral de desarrollo donde se priorizan aspectos relacionados con la inversión, seguridad social, educación, reconversión productiva para la exportación y modernización en su capacidad del Canal de Panamá, cuyo objetivo estratégico tal como lo manifestara el presidente Torrijos, hará énfasis en la creación de más puestos de trabajo.
Como podemos observar, los desafíos que tienen los gobiernos democráticos no son fáciles y sobre todo cuando se tienen que enfrentar posiciones políticas que no entienden cuáles son las cuestiones de agenda de Estado y nacionales, que son muchas y en consecuencia, se convierten en trabas para el desarrollo de nuestros pueblos.
En ese sentido nadan contra las corrientes del progreso y el desarrollo. En este contexto, la gobernabilidad democrática tiene que moverse con mucha flexibilidad porque que los acosos y las tentaciones autoritarias conspiran a diario para hacer retroceder nuestra democracia. En este aspecto hay que reconocer que el Gobierno de la Patria Nueva se mueve con mucho aplomo ya que cuenta con un proyecto que da cuenta de que trasuntamos por los caminos hacia una democracia social profunda.
A manera de conclusión, hace algunos días en el marco de la presentación de los objetivos del milenio se dio a conocer un diagnóstico sobre el tema de la pobreza en nuestro país. Nos llamó la atención que dicho diagnóstico comprendió un periodo que culminó en el año 2003. Las variables que se muestran en este informe señalan de que al año 2003 poco o casi nada se hizo para resolver el problema de la pobreza en Panamá. El informe mencionado de manera categórica señala que al 2003, la tendencia apuntaba a empeorar los problemas de los panameños. La pregunta que nos hacemos ¿qué hizo la administración pasada para enfrentar estos escenarios de galopante pobreza de aproximadamente 40% de los panameños? La administración de la Patria Nueva ya empezó a resolver estos flagelos de miseria y atraso de miles de compatriotas panameños.
Enhorabuena el Presidente Torrijos, animado por un sentido de Patria y de interés nacional reivindica la afrenta dejada por el gobierno anterior, que exoneró a una empresa trasnacional de millones de dólares y que hoy recuperados serán destinados a resolver problemas sociales y de empleo de los hermanos colonenses.
Y como decía Don Quijote a Sancho: los perros ladran, es señal de que estamos cabalgando.
(ramiroguerra50@yahoo.es)

101 años de Panamá América

 
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