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La gran ciudad de Panamá que todos queremos


Se inaugura pronto un nuevo gobierno nacional y municipal. Es, en consecuencia, ocasión propicia para proponer algunas acciones que contribuyan a corregir los graves problemas que enfrenta el “Gran Panamá”, aglomeración que reúne a casi la mitad de la población y en donde se produce por lo menos los tres cuartos de la riqueza nacional. Después de diez años de gran crecimiento demográfico, territorial y de urbanización que no se acompañó de un mejoramiento equivalente en la institucionalidad, infraestructura urbana ni cultura ciudadana, conviene adelantar algunas propuestas para las autoridades nacionales y municipales, en tres sectores claves.

A causa de que las fronteras administrativas existentes son artificiales y no toman en cuenta la realidad funcional de la circulación intraurbana, debería considerarse seriamente fortalecer la institucionalidad urbana al crearse una administración autónoma para el Gran Panamá, aglomeración a ambos lados del Canal desde La Chorrera al oeste hasta Pacora al este y Chilibre al norte, dotándola de recursos suficientes, que integre en una sola las administraciones de los municipios homónimos y el de San Miguelito, verdadera aberración funcional y administrativa. Un buen gobierno de este nuevo “Distrito Capital” debería ser responsable de la infraestructura vial y de espacios públicos (parques, aceras, estacionamientos) de toda la aglomeración, de la prestación de ciertos servicios públicos como la recolección y disposición de la basura, el ornato, el transporte público, la vivienda social, la planificación y zonificación urbanas por lo menos. Para funcionar adecuadamente, debería contar con los recursos impositivos actuales y los de todos los predios urbanos y suburbanos, bajo una fórmula novedosa y justa (pagan más los más valiosos y se aprecia lo que cuesta). Un buen gobierno debería, además, contar con la contribución de los mejores expertos en la materia que se pueda reclutar en el país, basarse en la experiencia exitosa de otras grandes ciudades de la región y administrar los recursos fiscales existentes y nuevos con total transparencia y probidad.

El fortalecimiento de la infraestructura urbana pasa en prioridad por la del transporte (secuestrado por una mafia político-económica local), sobre el cual hay una interesante propuesta del presidente electo Martinelli, a lo que deberíamos añadir otros elementos igualmente esenciales: el rescate de los espacios públicos, las aceras primero que, ya de por sí estrechas, deberían liberarse de estacionamientos, fondas y quioscos. Un plan de construcción de estacionamientos privados por concesión debajo de avenidas, parques y otras áreas públicas debería descongestionar las vías de la aglomeración y facilitar la circulación automóvil. Un plan de construcción y mejoramientos de parques públicos debe considerar, primero, la dotación a la ciudad de un “Parque Central Metropolitano” de más de 265 hectáreas, fácilmente accesible a toda la población, el cual debería situarse en el actual parque natural metropolitano ocupado por un selecto grupo de observadores de aves quienes tienen a su disposición para su “hobby”, cruzando la calle, 22,000 hectáreas en los parques nacionales Camino de Cruces y Soberanía. Otros parques con infraestructuras para la cultura del pueblo (museos, teatros) y el deporte podrían establecerse en los terrenos de los vetustos colegios públicos José Remón Cantera e Isabel Herrera Obaldía, los cuales deberían mudarse a lugares más cercanos a la población estudiantil que los frecuentan, y también en terrenos de El Marañón y El Chorrillo, pertenecientes al Estado, entre otros. Para lograr mayor eficiencia deberían privatizarse ciertos servicios muncipales como la recolección de la basura y el ornato municipal. Las autoridades del “Distrito Capital” deberían contribuir a la dotación de escuelas de excelencia y buenos centros de salud en las barriadas más pobres. Debería ser igualmente prioritario el mejoramiento de Panamá Viejo y el rescate del Casco Antiguo, víctima de la codicia de especuladores desalmados y de funciorios corruptos.

Finalmente, la creación de una buena ciudadanía será la clave del éxito del nuevo plan. Se logra mediante un ingente y sostenido esfuerzo de educación por todos los medios, con programas específicos, para hacer tomar conciencia a cada habitante del “Distrito Capital” de que actuando como un buen ciudadano mejorará la calidad de vida en su entorno. Eso se hará mediante la resistencia civil a la violencia, el control del alcohol, de las armas de fuego, de la pólvora, la policía comunitaria y los programas de disminución de pandillas juveniles y de bandas de delincuentes profesionales. La educación sistemática para el manejo ordenado, la eliminación de las vallas publicitarias que además de horrenda contaminación visual provocan numerosos accidentes y muertes por distracción del conductor, una iluminación nocturna más intensa y una política de seguridad bien entendida deberían ser el corolario natural de la conjunción de un buen gobierno y una buena ciudadanía. Otras ciudades en América Latina lo han hecho recientemente. ¿Por qué no puede hacerlo Panamá? Aprovechemos la coyuntura favorable. ¡Los habitantes de la ciudad de Panamá no podemos darnos el lujo de perder diez años más!

101 años de Panamá América

 
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