La guerra de todos...
No sabemos en cuántas horas, y esta nota la escribo al mediodía del viernes 14 de septiembre, Estados Unidos de América y su alianza responda la infame agresión contra ciudadanos inocentes del mundo que salieron muertos o heridos en Nueva York. Hemos pedido a Dios, mientras analizamos conscientes de la situación, la crisis más grande en potenciales y consecuencias que registra la historia de la humanidad, que los líderes mundiales y en particular el presidente George Bush y sus asesores tengan el cálculo de las proporciones de una guerra declarada contra un grupo supuestamente de musulmanes fundamentalistas, que han sido señalados como responsables. Y, en particular, al señor Osama Bin Laden, el ex colaborador de la Agencia Central de Inteligencia en el oriente, en particular en Afganistán, cuando la guerra fría exigía ayudar a los enemigos de la antigua U.R.S.S. Criatura ayudada a crecer por ellos (verbigracia el preso de Miami), ahora es buscado para una caza mayor. El problema es que la situación es complicadísima y absolutamente imprevisible. Veamos:
Los militares estadounidenses y europeos no pueden darse el lujo de actuar militarmente sin el concurso de estrategas ampliados: historiadores, analistas, arabeólogos, teólogos, los íconos de la Bolsa, etc. ¿Por qué?... Porque no se trata de ejecutar una represalia de exterminio focalizado como en Trípoli en el pasado, o de carácter masiva contra una ciudad, que podría ser Kabul. No pueden hacerlo de modo militar únicamente, sin medir consecuencias posibles como éstas, entre muchas otras:
Los seguidores del Islam, los que se guían por la "Sharia" tienen en sus leyes del Corán mucho más que simples reglas religiosas o alimento espiritual, de la manera similar en que los occidentales, hebraicos o cristianos, nos regimos por nuestros libros santos. Para nada, nosotros en occidente en mayor o menor grado tenemos en nuestras biblias "simples guías éticas y religiosas" las que cumplimos con algún apego, pero jamás del modo teológico-histórico con el cual los pueblos musulmanes siguen a su religión que es "la expresión de la voluntad de Dios". Esto último explica la frialdad y "obediencia a Dios" capaces de llevar a fanáticos fundamentalistas a morir si se trata de "combatir infieles". El suicidio de guerra es infinitamente menos común entre occidentales.
Un ataque a un pueblo o una organización musulmana, creo, es capaz de producir por simpatía una unidad monolítica contra Estados Unidos y Europa en el plano militar, social, comercial, estratégico, que podría producir milagros como el que se unan en un solo frente Irak e Irán, tan distanciados, o que la moderación pro-occidental de Egipto y Siria, entre otros, se voltee radicalmente, no tanto porque no estuviesen de acuerdo en una represalia militar, sino porque pueden fácilmente ser sobrepasados en las calles por las turbas enardecidas; otro tanto puede ocurrirle fácilmente a Arafat, si sigue "condenando la masacre de Nueva York", más por cálculo y miedo que por convencimiento. Israel conoce lo que podría significarle al Estado judío un recalentamiento general de su entorno árabe.
Si este grupo señalado genéricamente, se compuso de unos 15 fanáticos ejecutores, supuestamente, y otros 20 ó 30 cómplices y facilitadores del crimen contra lesa humanidad, ¿un ataque o destrucción de objetivos clasificados como aptos para pegarle duro, significarán el fin o el inicio de una "Guerra Santa" para los Islamistas?... Saquen sus conclusiones. No deseo contribuir a la imaginación afiebrada y demencial de los fundamentalistas, pero al ser sobrepasadas con creces las imaginaciones de los productores de cine terrorífico, que se han quedado cortos, debo preguntarme (y tienen que saberlo los analistas de la alianza occidental), ¿es o no una posibilidad que en aviones suicidas otros pilotos árabes con sus propios aviones, muchos Jumbos, fueran después, con el mal ejemplo cumplido, a estrellar sobre objetivos militares o civiles, símbolos de Europa o Estados Unidos?... Es decir, que en un futuro indeterminado, probablemente cuando parezca todo tranquilo, caigan aviones sobre edificios de Londres, París, Roma, Chicago, Barcelona, etc. Dios nos libre.
La guerra, sus llamadas leyes y reglas cambiaron para siempre. Si hasta ayer la tecnología militar ya nos hablaba del cambio a las guerras rápidas, aéreas, de cohetería dirigida por sofisticada cibernética, hoy ya no es así: un grupo relativamente pequeño, demencial, demoníaco, ha sacudido la personalidad interna del Estado norteamericano, y ha trastornado la psiquis de esa multietnia que integra su población. Que exige venganza, como lo quieren sus militares heridos.
Siempre se ha sostenido que "la guerra es cosa demasiado seria para dejarla en manos de los militares". Esto cobra más vida ahora. Sencillamente porque Wall Street tendrá que soplar al oído, para decir: "no podemos olvidar, ni ahora, que business is business". ¿ O acaso la cantidad de guerras, escaramuzas, confrontaciones, (algunas inexplicables) de los Estados Unidos en el mundo no han tenido un componente económico sustancial?...
Nosotros deseamos tener esperanzas en la capacidad del equipo combinado americano-europeo que conduce esta crisis que terminará, lamentablemente, en muchos muertos de alguna parte. Pero tales muertos serán apenas el inicio de una verdadera guerra, de escala total, con consecuencias que jamás las ha tenido ningún otro problema militar en el planeta tierra. Sólo Dios puede guiarnos con precisión. Debemos orar mucho.
Los militares estadounidenses y europeos no pueden darse el lujo de actuar militarmente sin el concurso de estrategas ampliados: historiadores, analistas, arabeólogos, teólogos, los íconos de la Bolsa, etc. ¿Por qué?... Porque no se trata de ejecutar una represalia de exterminio focalizado como en Trípoli en el pasado, o de carácter masiva contra una ciudad, que podría ser Kabul. No pueden hacerlo de modo militar únicamente, sin medir consecuencias posibles como éstas, entre muchas otras:
Los seguidores del Islam, los que se guían por la "Sharia" tienen en sus leyes del Corán mucho más que simples reglas religiosas o alimento espiritual, de la manera similar en que los occidentales, hebraicos o cristianos, nos regimos por nuestros libros santos. Para nada, nosotros en occidente en mayor o menor grado tenemos en nuestras biblias "simples guías éticas y religiosas" las que cumplimos con algún apego, pero jamás del modo teológico-histórico con el cual los pueblos musulmanes siguen a su religión que es "la expresión de la voluntad de Dios". Esto último explica la frialdad y "obediencia a Dios" capaces de llevar a fanáticos fundamentalistas a morir si se trata de "combatir infieles". El suicidio de guerra es infinitamente menos común entre occidentales.
Un ataque a un pueblo o una organización musulmana, creo, es capaz de producir por simpatía una unidad monolítica contra Estados Unidos y Europa en el plano militar, social, comercial, estratégico, que podría producir milagros como el que se unan en un solo frente Irak e Irán, tan distanciados, o que la moderación pro-occidental de Egipto y Siria, entre otros, se voltee radicalmente, no tanto porque no estuviesen de acuerdo en una represalia militar, sino porque pueden fácilmente ser sobrepasados en las calles por las turbas enardecidas; otro tanto puede ocurrirle fácilmente a Arafat, si sigue "condenando la masacre de Nueva York", más por cálculo y miedo que por convencimiento. Israel conoce lo que podría significarle al Estado judío un recalentamiento general de su entorno árabe.
Si este grupo señalado genéricamente, se compuso de unos 15 fanáticos ejecutores, supuestamente, y otros 20 ó 30 cómplices y facilitadores del crimen contra lesa humanidad, ¿un ataque o destrucción de objetivos clasificados como aptos para pegarle duro, significarán el fin o el inicio de una "Guerra Santa" para los Islamistas?... Saquen sus conclusiones. No deseo contribuir a la imaginación afiebrada y demencial de los fundamentalistas, pero al ser sobrepasadas con creces las imaginaciones de los productores de cine terrorífico, que se han quedado cortos, debo preguntarme (y tienen que saberlo los analistas de la alianza occidental), ¿es o no una posibilidad que en aviones suicidas otros pilotos árabes con sus propios aviones, muchos Jumbos, fueran después, con el mal ejemplo cumplido, a estrellar sobre objetivos militares o civiles, símbolos de Europa o Estados Unidos?... Es decir, que en un futuro indeterminado, probablemente cuando parezca todo tranquilo, caigan aviones sobre edificios de Londres, París, Roma, Chicago, Barcelona, etc. Dios nos libre.
La guerra, sus llamadas leyes y reglas cambiaron para siempre. Si hasta ayer la tecnología militar ya nos hablaba del cambio a las guerras rápidas, aéreas, de cohetería dirigida por sofisticada cibernética, hoy ya no es así: un grupo relativamente pequeño, demencial, demoníaco, ha sacudido la personalidad interna del Estado norteamericano, y ha trastornado la psiquis de esa multietnia que integra su población. Que exige venganza, como lo quieren sus militares heridos.
Siempre se ha sostenido que "la guerra es cosa demasiado seria para dejarla en manos de los militares". Esto cobra más vida ahora. Sencillamente porque Wall Street tendrá que soplar al oído, para decir: "no podemos olvidar, ni ahora, que business is business". ¿ O acaso la cantidad de guerras, escaramuzas, confrontaciones, (algunas inexplicables) de los Estados Unidos en el mundo no han tenido un componente económico sustancial?...
Nosotros deseamos tener esperanzas en la capacidad del equipo combinado americano-europeo que conduce esta crisis que terminará, lamentablemente, en muchos muertos de alguna parte. Pero tales muertos serán apenas el inicio de una verdadera guerra, de escala total, con consecuencias que jamás las ha tenido ningún otro problema militar en el planeta tierra. Sólo Dios puede guiarnos con precisión. Debemos orar mucho.