default

La guerra en Irak y las dos nuevas potencias mundiales


"War Begins", "U.S. Storms Iraq" fueron titulares en la prensa norteamericana el 20 de marzo de 2003. Antes de esa fecha una interrogante ocupó durante muchas semanas el pensamiento de hombres y mujeres: ¿Qué debía ocurrir para que la guerra no tuviera lugar? Muchos expertos e intuitivos respondían tajante, categóricamente: Nada. Ningún gesto de Sadam Hussein, fuera del suicidio, de su renuncia al poder o de su salida al exilio, podía hacer que el Presidente Bush desistiera de su visión y de sus planes. Sería incorrecto decir que ese absoluto pesimismo o fatalismo era compartido por todo el mundo. Muchos esperaban que si las Naciones Unidas no autorizaba la guerra, que si el Consejo de Seguridad no apoyaba la propuesta de Estados Unidos, de Gran Bretaña y de España, la cual nunca fue oficializada, pero que envolvía tal autorización, entonces el Presidente Bush daría un paso atrás en su decisión o decidiría retardarla, por un tiempo, dando así una oportunidad a los inspectores de la ONU, encabezados por Hans Blix, para que cumplieran su misión.
Como todos sabemos, la coalición formada por Estados Unidos, Gran Bretaña y España decidió prescindir del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y ello constituye un golpe que ha dejado, momentáneamente, en estado de coma al sistema de seguridad internacional creado en 1945. Respira, pero no se sabe cómo se moverá en el futuro... A propósito de esta realidad, he leído y escuchado opiniones, comentarios, interpretaciones y pronósticos que son para mí y para muchos fuente de tristeza, de inquietudes, de malestar espiritual. Transcribo algunas: ¡Las Naciones Unidas lapidada! ¡Las Naciones Unidas dejada sin piso! ¡Las Naciones Unidas destruida!
Ante este escenario tan desalentador y tan negativo la decisión, bastante inconsulta por cierto, adoptada por el Gobierno de la Presidenta Mireya Moscoso en el sentido de unirse a la coalición de los Estados Unidos, Inglaterra y España, es a todas luces imprudente, temeraria y anti-histórica. No sólo porque esta decisión contraviene el ordenamiento jurídico del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas sino porque se aparta de una tradición histórica y jurídica de la nación panameña. La incorporación de Panamá a la Coalición contra Irak es una invitación para que se cometan actos de guerra y terrorismo contra el Canal de Panamá, contra las naves mercantes con bandera panameña, contra las embajadas, los consulados, los funcionarios que las integran y sus familias. Se trata de algo realmente lamentable.
Cuando escribo estas líneas, he visto en la televisión al Presidente Bush y al Primer Ministro Blair salir de la reunión que tuvieron en Camp David y decir a los periodistas que están de acuerdo para que el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas relance el programa Petróleo por Alimentos. Para que las Naciones Unidas se ocupe de la gestión de la ayuda humanitaria en Irak, todavía deben seguir las conversaciones y hay ya controversias sobre la reconstrucción del país que en este momento está siendo destruido. Asimismo, he escuchado a voceros franceses, alemanes, y rusos afirmar que sólo las Naciones Unidas dispone de la legitimidad para reunir las voluntades que serán necesarias para que tal ayuda humanitaria en Irak sea posible, sobre todo en tiempo de guerra, en tiempos en que todos los días, a toda hora, de día y de noche, de arriba y de afuera sólo les llega fuego, bombas y metralla.
La suerte que corran las conversaciones, las discusiones o debates que tendrá que realizar el Consejo de Seguridad de la ONU y eventualmente su Consejo Económico y Social (ECOSOC) sobre este tema, tendrá una repercusión indudable en los resultados del considerable esfuerzo político y diplomático, y desde luego, financiero que tendrá que hacerse para volver a imprimir una cierta normalidad en el funcionamiento de las Naciones Unidas. En mi opinión, si todos los miembros permanentes del Consejo de Seguridad y ciertamente sus miembros no permanentes coinciden en que Naciones Unidas debe jugar un papel central en la ayuda humanitaria en Irak, se habrá puesto la piedra angular necesaria para construir, para actuar sobre una futura urgencia: la urgencia de que la comunidad internacional, sin desestimar el papel del Consejo de Seguridad en materia de paz y seguridad, reconozca, afirme, la importancia de las Naciones Unidas en materia de seguridad económica y social. Es decir, que haya un reconocimiento firme y comprometido de la comunidad internacional de lo que es lógico y evidente; es decir, que los cimientos de la paz deben edificarse sobre la democracia, los derechos humanos, el derecho internacional, con el consiguiente repudio del uso de la fuerza, de la condena del recurso unilateral a la guerra.
Desde el fin de la guerra fría, las Naciones Unidas ha tomado conciencia creciente de la necesidad de reformas y ha trabajado mucho en ese sentido. Desde 1990 en Naciones Unidas se trabaja en la idea de que la construcción de la paz (peace building) y el mantenimiento de la paz (peace keeping) son complementarios. La gravedad enorme de los acontecimientos de la guerra en Irak y de la oposición que encuentra esa guerra en gran parte del mundo -por no decir en la mayoría de la humanidad- muestran que la recuperación de las Naciones Unidas del traumatismo sufrido necesitaría que Estados Unidos adapte su perfil a la importancia y exigencia de unas Naciones Unidas siempre reconocida como autoridad legítima en materia de paz y seguridad internacionales
Durante los debates realizados en el Consejo de Seguridad en febrero y marzo de este año, los Estados Unidos estuvieron en capacidad de agotar diversas opciones que le ofrecían los canales diplomáticos. Me incluyo entre los que piensan que los Estados Unidos frente a la oposición a la guerra que se manifestaba en diversas latitudes, debió mantenerse en el plano diplomático. La guerra le ha creado grandes contratiempos y tremendos problemas, no sólo a la nación norteamericana, sino también a muchos otros países. La fiera resistencia que están presentando los iraquíes ha desvirtuado las afirmaciones de que esta sería una guerra corta que causaría el pronto derrocamiento de Sadam Hussein. Es ésta una situación que demanda del Presidente Bush y de los estadistas norteamericanos que integran su gobierno, acciones oportunas y equilibradas.
Los órganos de información de los Estados Unidos están poniendo de relieve que cercanos colaboradores del Presidente Bush no le presentaron de modo franco y con firmeza los criterios disidentes de funcionarios de la CIA, del Departamento de Estado y del Departamento de Defensa que advirtieron que las fuerzas militares de la coalición podrían enfrentarse a una dura resistencia en Irak.
Por otra parte, el escenario de la guerra se ensombrece ante las acusaciones que el secretario de defensa Donald H. Rumsfeld le hace a Siria y a Irán imputándoles interferir con el esfuerzo de guerra americano. La cuestión se complica aún más cuando el Pentágono inquiere si el equipo bélico facilitado por Siria y por Irán e Irak es de origen ruso. Es natural que se produzcan señales de tensión internacional.
El sábado pasado The New York Times expresó en un editorial que nadie le niega a Moscú el derecho a oponerse políticamente a la guerra en Irak, pero que suministrar armas a Irak es otra cosa, no sólo por ser una violación de las sanciones de las Naciones Unidas, sino por que las armas procedentes de Rusia son una amenaza letal a los soldados estadounidenses y británicos.
Las tensiones también se proyectan en el Lejano Oriente donde Corea del Norte denuncia como un "acto hostil" que Japón haya lanzado dos satélites espías el viernes pasado. Los coreanos advierten que ese lanzamiento puede conducir a una acelerada carrera armamentista en el Asia.
Tenemos que registrar con una profunda satisfacción espiritual que en las más diversas latitudes millones de hombres, de jóvenes y niños han salido a las calles a demostrar que hay un consenso contra la cruenta aventura guerrera que se está desarrollando en Irak y a favor del derecho internacional y del respeto a la dignidad humana. Ha sido de tanto impacto y de tal magnitud esta movilización humana que los órganos de prensa reconocen hoy que han surgido espectacularmente dos nuevas potencias en el universo de nuestros días: Los Estados Unidos de América y la Opinión Pública Mundial.
Esa nueva potencia que es la Opinión Pública Mundial se está haciendo sentir. El secretario de Estado Colin L. Powell, quien parece estar en una onda distinta a la del secretario de Defensa, Donald H. Rumsfeld, dijo a Washington el viernes pasado que la posición alrededor del mundo hacia la guerra en Irak, representa un significativo reto para los Estados Unidos en el futuro y que él nunca esperó que sería tan fácil como algunos lo habían pensado romper el control del gobierno de Sadam Hussein. Powell dijo que para contrarrestar los sentimientos mundiales contra la guerra, los Estados Unidos gestionarían un rol mayor para las Naciones Unidas en un Irak democrático de la post guerra. Los Estados Unidos, en opinión de Powel, se moverían más "agresivamente" para reanudar las negociaciones de paz entre israelíes y palestinos y se acercarían a "amigos con quienes podemos haber tenido algunas dificultades".

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América