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La guerra o la paz en el Medio Oriente


Entre Arafat y Sharon existe una vieja enemistad generada en el tiempo en que el dirigente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) lideraba como cabecilla de la OLP las acciones terroristas contra Israel desde el Líbano y Siria, y el primer ministro israelita como ministro de guerra reprimía a los grupos palestinos en acciones que todavía levantan polémicas como la masacre de Sabra y Chatila, uno de cuyos protagonistas libaneses fue asesinado recientemente en circunstancias no esclarecidas. Sharon ha dicho hace poco que lamenta hasta ahora no haber liquidado físicamente a Yasser Arafat cuando pudo hacerlo en acciones militares anteriores. Pero si antes no pudo ordenar su exterminio, en la actualidad lo tiene sitiado en su oficina con soldado y tanques israelitas que le impiden ponerse en contacto con sus ministros y asesores. De hecho Arafat es un rehén en una guerra no declarada, pero que se renueva diariamente en una dialéctica violenta de intercambio de ataques suicidas y coches bombas que
el ejército israelita responde con helicópteros artillados y acciones militares en escala ascendente.
La gota que desbordó el vaso fue el descubrimiento de un barco cargado de armamentos en aguas internacionales cuyo destinatario era Yasser Arafat, de acuerdo a fuentes de inteligencia israelita. A partir de la captura de la nave, se endurecieron las relaciones de la OLP y el gobierno de Sharon, agravándose con la toma de zonas de territorio bajo control palestino. Arafat podría desaparecer del escenario bajo una doble presión: la presión militar israelita y la presión política interna de los grupos fundamentalistas palestinos que siempre sostuvieron que las negociaciones de paz marchaban al fracaso y que la opción del enfrentamiento abierto contra los israelitas es la única salida. Arafat admite que dos personas de su confianza pueden lo pueden suceder eventualmente.
Si el gobierno de Bush, que acaba de aprobar para combatir el terrorismo uno de los presupuestos más altos de la historia, piensa como Sharon en términos exclusivamente militaristas, ciertamente podrá apoyar al primer ministro en desdibujar la influencia de Arafat, pero no asegurará la paz en la región, que es lo a que apunta Naciones Unidas. El canciller francés Hubert Vedrine señala que la política antiterrorista de Bush peca de simplista porque pretende reducir los problemas internacionales a una lucha de tipo militar. El conflicto entre Arafat y Sharon es uno de los primeros test para apreciar cuán simple o cuán madura es la postura de la Casa Blanca en el Medio Oriente.





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