La herencia apologética del "O" 11
Los acontecimientos generados por el golpe de Estado del 11 de octubre de 1968, día negro en la historia panameña, son relativamente conocidos: muertes, torturas, exilios, peculados y todo tipo de delitos conexos a la usurpación del poder público y al abuso en este ejercicio han quedado, en su inmensa mayoría, impunes.
No vivir en el pasado recomiendan los beneficiarios, directos e indirectos, de ese abominable período junto a pocos ingenuos.
La sensatez indica no vivir en el pasado, pero también indica conocer la historia, condenar en lo penal, reclamar responsabilidad civil y sancionar en lo moral a los transgresores de normas básicas contenidas en códigos y tratados. Y, como sociedad, no hemos sido sensatos porque el partido salido de los protervos allegados a aquel régimen criminal, sin haber pasado por una real depuración, hoy gobierna el Estado panameño por voluntad amañada de un sistema que no hemos corregido. Sí, voluntad amañada, porque el sistema supuestamente de Estado de Derecho democrático tiene serios vicios que permiten que los violadores de constituciones y leyes deambulen libres, como supuestos señores por nuestras calles llegando a hasta ejercer cargos con jerarquía y a ser electos.
Preguntémonos, ¿cuántos criminales con poder económico y político de la época de la dictadura, de los de antes de la dictadura y de los de después de la dictadura, están pagando sus delitos en nuestras cárceles? En los últimos 36 años no pasan de una veintena. Las cárceles sólo tienen a los marginados de nuestra sociedad.
Cierto que la dictadura no inventó la maleantería desde los puestos públicos, pero una cosa es cierta, la desenfrenó. Y desde ese día la padecemos más que nunca. Que en el gobierno que acaba de terminar hubo maleantadas y maleantes, seguro que sí. Y muchas llevadas a cabo por venidos de allá, del PRD y de la dictadura.
Estoy totalmente de acuerdo con que se denuncie, se investigue y se condene severamente a los que robaron, coimearon o incumplieron con su deber de funcionario, no importando quién sea, ya arnulfista, molirena o liberal. Pero también los perredistas y milicos del gobierno de Pérez B. y, principalmente, de la dictadura.
Todos los maleantes a la cárcel y a resarcir lo mal actuado y lo mal habido.
Pero, quiénes los van a denunciar, los que hacen apología de hecho punible con su emblema. Veamos la bandera PRD, tiene un 11 en una "O". ¿Qué significa eso? Que es esa fecha fatídica para ellos, ¿acaso es para jactarse? La llamada Patria Nueva nos habla de "torrijismo" como doctrina política, cuando torrijismo es la cuadratura del círculo de un vulgar Golpe que ni siquiera dirigió el del nombre, que como ficha gringa, estaba bajo control en casa de Angueira (agente gringo); nombra en puestos de jerarquía a ex ministros y ex funcionarios del noriegato, que cuando decapitaron a Hugo Spadafora, su copartidario, hicieron mutis, igual con los fusilados de Albrook, los que el pasado 3 de octubre fueron ignorados.
El Presidente, como el Saulo de la Biblia, tiene la oportunidad de ser el que regenere toda esa herencia de apología de hechos punibles. Que no se hable de torrijismo, que se cambie la bandera del PRD para no ser apologética de un crimen de lesa humanidad, que impulse la investigación de la muerte de Omar Torrijos, muerte no bien esclarecida y que nombre una comisión que investigue cuántos y quiénes murieron a causa de la invasión, que fue consecuencia de la intoxicación política y social que generó, por 21 años, el Golpe de 1968 con el beneplácito gringo.
Parece que la justicia, tan reclamada en la lucha civilista, está lejana. Un camino sería un proceso constituyente y no el mamotreto de reforma constitucional que hoy están pasando sin pena ni gloria.
Nuestros indígenas son dignos de atención, de ayuda para que salgan de pobreza y puedan decir que son tan panameños como nosotros.
No vivir en el pasado recomiendan los beneficiarios, directos e indirectos, de ese abominable período junto a pocos ingenuos.
La sensatez indica no vivir en el pasado, pero también indica conocer la historia, condenar en lo penal, reclamar responsabilidad civil y sancionar en lo moral a los transgresores de normas básicas contenidas en códigos y tratados. Y, como sociedad, no hemos sido sensatos porque el partido salido de los protervos allegados a aquel régimen criminal, sin haber pasado por una real depuración, hoy gobierna el Estado panameño por voluntad amañada de un sistema que no hemos corregido. Sí, voluntad amañada, porque el sistema supuestamente de Estado de Derecho democrático tiene serios vicios que permiten que los violadores de constituciones y leyes deambulen libres, como supuestos señores por nuestras calles llegando a hasta ejercer cargos con jerarquía y a ser electos.
Preguntémonos, ¿cuántos criminales con poder económico y político de la época de la dictadura, de los de antes de la dictadura y de los de después de la dictadura, están pagando sus delitos en nuestras cárceles? En los últimos 36 años no pasan de una veintena. Las cárceles sólo tienen a los marginados de nuestra sociedad.
Cierto que la dictadura no inventó la maleantería desde los puestos públicos, pero una cosa es cierta, la desenfrenó. Y desde ese día la padecemos más que nunca. Que en el gobierno que acaba de terminar hubo maleantadas y maleantes, seguro que sí. Y muchas llevadas a cabo por venidos de allá, del PRD y de la dictadura.
Estoy totalmente de acuerdo con que se denuncie, se investigue y se condene severamente a los que robaron, coimearon o incumplieron con su deber de funcionario, no importando quién sea, ya arnulfista, molirena o liberal. Pero también los perredistas y milicos del gobierno de Pérez B. y, principalmente, de la dictadura.
Todos los maleantes a la cárcel y a resarcir lo mal actuado y lo mal habido.
Pero, quiénes los van a denunciar, los que hacen apología de hecho punible con su emblema. Veamos la bandera PRD, tiene un 11 en una "O". ¿Qué significa eso? Que es esa fecha fatídica para ellos, ¿acaso es para jactarse? La llamada Patria Nueva nos habla de "torrijismo" como doctrina política, cuando torrijismo es la cuadratura del círculo de un vulgar Golpe que ni siquiera dirigió el del nombre, que como ficha gringa, estaba bajo control en casa de Angueira (agente gringo); nombra en puestos de jerarquía a ex ministros y ex funcionarios del noriegato, que cuando decapitaron a Hugo Spadafora, su copartidario, hicieron mutis, igual con los fusilados de Albrook, los que el pasado 3 de octubre fueron ignorados.
El Presidente, como el Saulo de la Biblia, tiene la oportunidad de ser el que regenere toda esa herencia de apología de hechos punibles. Que no se hable de torrijismo, que se cambie la bandera del PRD para no ser apologética de un crimen de lesa humanidad, que impulse la investigación de la muerte de Omar Torrijos, muerte no bien esclarecida y que nombre una comisión que investigue cuántos y quiénes murieron a causa de la invasión, que fue consecuencia de la intoxicación política y social que generó, por 21 años, el Golpe de 1968 con el beneplácito gringo.
Parece que la justicia, tan reclamada en la lucha civilista, está lejana. Un camino sería un proceso constituyente y no el mamotreto de reforma constitucional que hoy están pasando sin pena ni gloria.
Nuestros indígenas son dignos de atención, de ayuda para que salgan de pobreza y puedan decir que son tan panameños como nosotros.