La hidroeléctrica de Cochram
Chile está harto de depender de las fuentes energéticas extranjeras. Por chantaje o presión política, los suministros de gas natural procedentes de Bolivia y Argentina no son lo estables que quisieran. No obstante, ha tenido que arreglárselas con sus propias hidroeléctricas, que son insuficientes, y con fuentes térmicas costosas y contaminantes para no detener el ritmo frenético de sus industrias que lo tienen en el pináculo de América Latina en términos de crecimiento y desarrollo económico y social.
Hace poco, en la pequeña localidad de Cochram y alrededores, en la Patagonia chilena, tuvo lugar un referéndum para decidir si se autorizaba o no la construcción de una nueva hidroeléctrica en un quebrado río de la vecindad. Como es natural, hubo gente a favor y en contra, incluyendo fervorosos ecologistas contrarios y sectores partidarios del proyecto. Al final ganó la aprobación a la construcción de la nueva hidroeléctrica, con lo cual se sumarán 1,750 megavatios más al parque energético del país. Se procurará que la obra tenga el menor impacto ecológico posible, en especial, sobre los recursos turísticos y la popular pesca deportiva del río, cuyas aguas darán vida al proyecto.
Sirva lo acontecido en Cochram como ejemplo para Panamá, con respecto a los varios proyectos hidroeléctricos que siguen adelante en medio de la recalcitrante oposición de algunos.