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"La historia se repite en espiral"


La historia no es cosa del ayer, como creen muchos espíritus comunes. Empieza en el ayer sí, pero se renueva indefinidamente en cada momento de la vida. Pongamos para el caso un solo ejemplo relativo a la actividad política de la antigüedad, de ayer y de hoy, que por sí solo resuelve esta cuestión: Calígula (12-41), emperador romano, fue uno de los más crueles tiranos de la historia. Escandalizó a Roma con sus amores incestuosos y adúlteros; se hizo adorar como una divinidad y seguro de su poder absoluto de su mando y de su fuerza, llegó hasta proponerse hacer cónsul a su caballo favorito Incitatus. Finalmente Calígula fue asesinado.
Mireya Moscoso, presidenta de Panamá (1999-2004), después de muchos siglos de la era cristiana (mejor dicho, en pleno siglo XXI), en un régimen supuestamente democrático, pero igualmente segura de su poder de mando, se propuso muchas cosas y las logró... hasta nombró a su banquero Alvaro Naranjo, embajador extraordinario y plenipotenciario en misión oficial (?) ¿Se cumple, acaso, aquello de que "la historia se repite en espiral", como solía decir el difunto Arnulfo Arias? He ahí una buena tarea de investigación para los historiadores y políticos panameños en este año del Centenario de la República.
Algo más todavía, Guillermo Sánchez Borbón (La Prensa, 3/8/03) escribió: "Una verdadera multitud llevó la presidenta a Mónaco, un principado de opereta bufa, con el cual jamás hemos tenido asuntos, ni los tendremos. Para que no quedara un solo panameño sin sentirse injuriado, cada invitado llevó su respectivo - y respectiva- consorte. Te costó sufrido lector, una fortuna, pero valió la pena. La Presidenta se retrató con el viudo doliente. No se retrató con los otros miembros de la comitiva, porque no cabían en una sola foto. ¿De dónde le habrá salido a Mireya el afán de codearse con la nobleza, patético anacronismo? Debería tener, como tronaba Babeuf, "el orgullo de su propia plebeyez"".
Bueno, pareciera que todo es posible cuando se abusa del poder. En pocas palabras: "¡El poder absoluto corrompe absolutamente!"
En el capítulo respectivo a la lucha contra las dictaduras en el continente, durante las décadas del "40 y "50 del siglo pasado, cuando proliferaban los gobiernos de dictadura militar en muchos países de América Latina y el Caribe, se acostumbraba decirle a los dictadores de entonces que "con la fuerza de las ballonetas se podía hacer y disponer de todo, menos sentarse sobre ellas". ¡Todas esas dictaduras cayeron, abriéndole paso a la democracia! Empero, ha surgido otro enemigo igualmente peligroso para el sistema democrático en nuestro continente: ¡La corrupción!
¿Qué podríamos decirle, y qué condena aplicar hoy, en el decurso del siglo XXI, a los presidentes y presidentes elegidos democráticamente, que luego se aprovechan del poder, en flagrante violación a la Constitución que juraron cumplir al asumir el mando, para enriquecerse en forma ilícita con los recursos del Estado, junto con su familia y allegados íntimos, empobreciendo aún más a nuestros pueblos sedientos de justicia social? Ejemplos vergozantes de esta calaña hay muchos, pero a manera de ilustración sólo mencionaremos dos: Isabelita Perón de Argentina, en la década del "80; y Arnoldo Alemán de Nicaragua, el más reciente durante el presente año.
El final de ambos: Isabelita Perón fue juzgada y condenada a prisión. Luego fue liberada por una ley de amnistía. Se exilió en España, donde vive en el más humillante anonimato. El otro, Arnoldo Alemán, guarda prisión en Nicaragua y todavía le espera otro juicio por lavado de dinero en Estados Unidos.
¡La corrupción no es redituable a largo plazo! Presidenta Moscoso, recuérdelo ahora y siempre: ¡Los panameños queremos que en Panamá habite la inteligencia y reina la justicia!

101 años de Panamá América

 
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