La Hora de la Verdad
Con mucha seguridad, puedo afirmar que este es el momento más complicado tanto en situaciones políticas como en apoyo popular del presidente Juan Carlos Varela en lo que va de su mandato. Los golpes mediáticos del país han convertido su mandato en uno de los más cuestionados internacionalmente, pero esto hay que verlo con lupa. Más que a su propia persona, es al conjunto del Gobierno que se le endilga una serie de errores y desaciertos que, sumado a los ya famosos Panamá Papers y ahora la situación del Grupo Waked en general, así como los problemas locales de transporte, turismo, agropecuarios, indígenas, de salud, mantenimiento de infraestructura, migración, hasta climáticos, no dan tregua a las conjeturas sobre el trabajo del equipo presidencial.
Esto no es nuevo. Casi todos los presidentes de nuestra democracia han pasado por periodos de baja popularidad e incluso, violentas protestas callejeras. En el pasado, los gobiernos que sufrieron esto tenían como argumento reformas estructurales profundas del Estado como las privatizaciones, el Código de Trabajo, las leyes de la Caja de Seguro Social, reformas económicas y otros aspectos muy complicados para que el panameño común lo entienda de golpe. En todos los casos, la tormenta pasó y el país continuó su ritmo normal, así como el propio Gobierno Nacional.
La diferencia en este caso es que en esta ocasión no se trata de la aplicación de reformas estructurales, o un cambio trascendental del modo de vida del panameño, como ocurrió con el traspaso de la Zona del Canal. Sencillamente, la actual administración se consume en sus propias confrontaciones internas, la parálisis provocada por un combate a la corrupción de manera selectiva y un problema de enfoque, que no permite que se entienda la comunicación gubernamental.
Creo que el presidente Varela tiene la capacidad sobrada de dar vuelta de página y enrumbar para bien el camino. Ya he explicado las razones por las cuales debe salir de la mayor parte de su equipo ejecutivo actual, incluyendo algunos asesores de palacio. Lo que espero también, ahora que parece que hay voluntad política de hacer lo anterior, es definir una agenda y focalizar los esfuerzos en ella.
Hay que entender que nuestra economía debe mantenerse diversificada. Esto conlleva el no descuidar el sector turismo. Incluso, es más importante esto que reformar la Constitución u otras tareas que debieron ser resueltas al inicio del periodo presidencial, y no se llevaron a cabo.
El poder radica en los ciudadanos y no solo en el resultado de un torneo electoral. Con esto, se debe entender que la labor de legitimar al gobierno es diaria, y va acompañada por resultados.
De nada sirve que los partidos de gobierno se llenen de adherentes si estas organizaciones políticas se hacen extremadamente impopulares en el resto de la población por los errores de gestión gubernamental. Esto es una pérdida de tiempo y refuerzos valiosos, además de que desnuda el que claramente no se tiene definido los objetivos de gobierno a corto y mediano plazo.
Una agenda. Eso es lo que necesita el gobierno. Y trabajar sobre ella. Y no debe hacerlo solo. Todas las organizaciones de la sociedad deben poder aportar a esos pocos objetivos que esta administración puede enfocar sus esfuerzos en los 3 años que restan. Hay que hacer avanzar el país bajo el prisma de realidades concretas, sin discursos demagógicos ni populistas.
Ingeniero. Estratega-consultor político.