La hora de la verdad
Se acerca la hora de la verdad para la Caja de Seguro Social (CSS). El Director General, René Luciani, dijo ayer en "Debate Abierto" de RPC, que los cambios del tipo que se deben dar en la CSS, los deben hacer los gobiernos al comienzo de su mandato y no más allá del primer año. Sin embargo, al preguntársele sobre el estado de los respectivos proyectos de reforma, dijo que aún no estaban listos y que luego habría que someterlos a consulta.
Coincidimos con el director Luciani en que este tema debe ser tratado a nivel legislativo lo antes posible, no sólo por el acertado cálculo de oportunidad y capital político que tienen los gobiernos al inicio de su mandato, sino porque, y esto es más importante, la Caja de Seguro Social no aguanta más. Cada año que demoramos en hacer los correctivos implica un aumento adicional del 1.25% a la cuota obrero patronal, entre otras consecuencias.
Con lo que no podemos estar de acuerdo es con el concepto de "más consultas", si esto se refiere a más consultas fuera de las que se dan en el proceso legislativo. El país ha sido avisado desde hace unos 15 años de lo que se avecina. En 1993 se hicieron reformas que alargaron la vida del paciente pero ya no dan más. En los últimos cinco años, la sociedad organizada en partidos políticos, asociaciones y gremios, ha dedicado un enorme esfuerzo de consulta con lo que se produjeron algunos consensos en cuanto a ciertos programas, y en los que no los hubo, se hizo amplia conciencia de la gravedad del problema. Lamentablemente, al final se introdujo la demagogia y el comodismo de escurrir el bulto y no tomar el toro por los cuernos. A pesar de estas posiciones irresponsables, todo el mundo sabe qué es lo que hay que hacer para salvar la CSS. También es amplio el consenso en el sentido que hay que salvarla sin quitarle su carácter estatal. Lo que puede tomar algo de tiempo y esfuerzo es correr los modelos econométricos para determinar la proporción óptima de aumento de cuotas, de edad y de años de cotización, junto a disminución de beneficios para salvar la institución con el menor efecto sobre los más pobres. Tenemos entendido que esto ya se ha hecho o está por terminarse el proceso.
Todos tendremos que hacer algún sacrificio. Todos tendremos que pagar de alguna manera nuestra negligencia. Si no aceptamos pagar nuestra parte, el destino nos lo cobrará con creces y nos dejará sin nada. Los demagogos que se oponen a los cambios dicen defender a los más pobres. Lamentablemente serán los más pobres lo que más perderán si dejamos quebrar la Caja de Seguro Social. Cuando eso suceda, los demagogos seguirán viajando a Cuba y Venezuela mientras nuestros pobres no tendrán ni para el pasaje del bus. No más dilación. Llegó la hora de la verdad.
Si observamos el comportamiento humano en nuestro Panamá de hoy, salta a la vista la gran disonancia entre ética y política. La política es la solución de los problemas sociales. Es el arte de organizar la sociedad de tal modo que las personas alcancen en ella una vida de complacencia. Los niños y jóvenes necesitan del buen ejemplo para aprender y darse cuenta de que, a pesar de la deshonestidad, se puede ser justo, honesto y leal. Por esto y más, se necesitan presidentes que sean verdaderos ejemplos de honestidad, superación y entrega. Si no es así, que no se arriesguen a ocupar la primera magistratura de la nación y menos la de un organismo internacional.
Coincidimos con el director Luciani en que este tema debe ser tratado a nivel legislativo lo antes posible, no sólo por el acertado cálculo de oportunidad y capital político que tienen los gobiernos al inicio de su mandato, sino porque, y esto es más importante, la Caja de Seguro Social no aguanta más. Cada año que demoramos en hacer los correctivos implica un aumento adicional del 1.25% a la cuota obrero patronal, entre otras consecuencias.
Con lo que no podemos estar de acuerdo es con el concepto de "más consultas", si esto se refiere a más consultas fuera de las que se dan en el proceso legislativo. El país ha sido avisado desde hace unos 15 años de lo que se avecina. En 1993 se hicieron reformas que alargaron la vida del paciente pero ya no dan más. En los últimos cinco años, la sociedad organizada en partidos políticos, asociaciones y gremios, ha dedicado un enorme esfuerzo de consulta con lo que se produjeron algunos consensos en cuanto a ciertos programas, y en los que no los hubo, se hizo amplia conciencia de la gravedad del problema. Lamentablemente, al final se introdujo la demagogia y el comodismo de escurrir el bulto y no tomar el toro por los cuernos. A pesar de estas posiciones irresponsables, todo el mundo sabe qué es lo que hay que hacer para salvar la CSS. También es amplio el consenso en el sentido que hay que salvarla sin quitarle su carácter estatal. Lo que puede tomar algo de tiempo y esfuerzo es correr los modelos econométricos para determinar la proporción óptima de aumento de cuotas, de edad y de años de cotización, junto a disminución de beneficios para salvar la institución con el menor efecto sobre los más pobres. Tenemos entendido que esto ya se ha hecho o está por terminarse el proceso.
Todos tendremos que hacer algún sacrificio. Todos tendremos que pagar de alguna manera nuestra negligencia. Si no aceptamos pagar nuestra parte, el destino nos lo cobrará con creces y nos dejará sin nada. Los demagogos que se oponen a los cambios dicen defender a los más pobres. Lamentablemente serán los más pobres lo que más perderán si dejamos quebrar la Caja de Seguro Social. Cuando eso suceda, los demagogos seguirán viajando a Cuba y Venezuela mientras nuestros pobres no tendrán ni para el pasaje del bus. No más dilación. Llegó la hora de la verdad.
Si observamos el comportamiento humano en nuestro Panamá de hoy, salta a la vista la gran disonancia entre ética y política. La política es la solución de los problemas sociales. Es el arte de organizar la sociedad de tal modo que las personas alcancen en ella una vida de complacencia. Los niños y jóvenes necesitan del buen ejemplo para aprender y darse cuenta de que, a pesar de la deshonestidad, se puede ser justo, honesto y leal. Por esto y más, se necesitan presidentes que sean verdaderos ejemplos de honestidad, superación y entrega. Si no es así, que no se arriesguen a ocupar la primera magistratura de la nación y menos la de un organismo internacional.