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La hora de la verdad


Al momento de escribir la presente, no se ha concretado la Alianza de la Oposición, pero, al parecer, las zapatillas del pueblo se lavarán con las manos limpias de los huesos viejos. No sé porqué me han vuelto los recuerdos de la triste realidad que vivimos durante 65 años del siglo pasado, durante los cuales para ser candidato presidencial de este país bananero, había que recibir el visto bueno de nuestros hermanos del norte.

Creo que ha llegado la hora en que este pueblo tendrá que valorar si los 30 años (40 menos 10) de torrijismo, con toda la carga de aciertos y errores que han cometido quienes han estado detentando el poder real, pesan más frente a la propuesta neoliberal de quienes a nivel personal se han enriquecido a lo largo de todos los quinquenios, pero que en el ámbito político aparentan representar ahora una corriente de pensamiento de orientación populista y hacia el bien común.

Digo que es la hora de la verdad, porque este es el momento en que las cucarachas y ratas saltarán del barco ante la duda de un triunfo seguro. Es la hora en que los ungidos, los que tenían el patrimonio de la verdad al momento de decidir funestas decisiones, que en nada han mejorado la calidad de vida de la clase pobre y media, comiencen a tomar distancia, estilo Poncio Pilatos.

Es la hora para que todos los que tienen los niveles circulantes de testosterona bajos, los que estaban en la campaña por conveniencia y sin convicción, los que creyeron que con unos dólares de apoyo era suficiente pero sin tener que ensuciarse en el lodo de la realidad cotidiana, se bajen del barco PRD, porque es mejor andar solos que mal acompañados. Es también el tiempo en que todos los electos en las diferentes primarias se preguntarán y ahora quién me regresa el tiempo, el esfuerzo y el dinero invertidos.

Para quienes expresan que las primarias son un fracaso, tengo que decirles que la triste realidad es que creo que no hemos madurado políticamente lo suficiente como para respetarnos a nosotros mismos y no seguir pensando que es en una biblioteca, un club o una recámara, donde se tiene que volver a decidir lo que ya habíamos dispuesto. O lo que es peor, que sólo nos deben gobernar los ricos, porque ellos ya no quieren más.

El PRD solo tiene más inscritos que todos los partidos juntos. Será la población no comprometida formalmente ante ningún grupo, quienes tendrán el fiel de la balanza en sus manos.

Para terminar, déjenme recordarle a los 1.2 millones de descamisados y profesionales de la clase media que pertenecen o simpatizan con el PRD, que nosotros seremos siempre los señalados, no por los miles de aciertos de los gobiernos torrijistas, si no por los errores y malas decisones sobre los cuales nadie ni nos preguntó.

101 años de Panamá América

 
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