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La hora de los monumentos


Una multitud despidió al gran campeón de la democracia, Guillermo Endara Galimany. Y se cumplió el antiguo apotegma de que a los grandes hombres se le reconocen los méritos después de muertos.

¡Cuántas calumnias y bajezas no dijeron de Endara los mismos que ahora le rinden pleitesía!

Pero Endara no será una excepción. La historia está llena de ejemplos. En los últimos meses de vida de Bolívar, el genio moribundo era odiado y perseguido con furor homicida. Y llegó a Cartagena con el propósito de embarcarse para Inglaterra para morir lejos y en paz; pero no pudo viajar; y trató de regresar; pero al llegar al puerto de Santa Marta tuvieron que bajarlo porque el hombre se moría.

Y lo llevaron a la hacienda de San Pedro Alejandrino, de un amigo suyo, y allí murió unos días después.

En una visita que hice a esa hacienda, le oí decir a un historiador que nos servía de guía, que los días que Bolívar pasó allí, se le veía solo y abandonado; pero cuando se supo que agonizaba, la noche antes de su muerte, más de 3,000 hombres llenaban el patio de la histórica casona. “ El porvenir, Bolívar, son los tiempos”, rezaba una vieja canción escolar.

Y el presidente Abraham Lincoln tenía un ministro, Edwing Stanton que lo odiaba y lo tildaba de “ payaso, vil e intrigante”. Pero al morir Lincoln, asesinado, Stanton sollozando, declaraba; “ Aquí yace el más grande conductor de hombres que el mundo haya conocido”.

A los grandes hombres siempre les llega la hora de los monumentos después que han muerto. Y al gran demócrata panameño, Guillermo Endara, también le ha llegado la hora de los monumentos…

101 años de Panamá América

 
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