"A la hora en que menos penséis..." (Lc. 12/40)
Sacerdote jesuita
El 11 de septiembre de 2001 perdurará en nuestra memoria. Hace algunos días conversaba con un compañero sacerdote sobre una desagradable noticia recibida y él me pidió mi opinión y yo le repuse con una frase oída muchas veces y con distinto sentido y a veces sin ningún sentido: "aún no hemos visto el final de la película".
¿Qué quiero decir con esto? A la edad a la que Dios nos ha concedido llegar hemos sido afortunados pues nos pasamos como quien dice viendo la película en la que a veces hemos sido modestos protagonistas, otras espectadores, y en otros, ninguno de los dos papeles o roles; las cosas han sucedido y en una forma en que creíamos que iban a suceder y no sucedieron, sino de otra manera muy inesperada. Me decía otra persona, siendo así que su papá estaba gravemente enfermo, cuando le di el pésame por la muerte repentina de su hermano completamente sano, "mira por dónde fue a reventar la vaina".
Releyendo la historia universal con frecuencia caemos en la cuenta de que existieron imperios, reinados, dictaduras, dominaciones, etc. ... que comenzaron, duraron sus siglos y tarde o temprano se acabaron. Y decimos es ley de la historia, es ley de la vida. Todo lo que comienza o todo lo que tiene un principio, tiene un fin. Pocas cosas son eternas, fuera de Dios, aunque digamos, queramos y nos aferremos a la idea de que sean eternas.
Afirmaban los escolásticos hablando de la composición de los seres que por su naturaleza de no ser simples tenían dentro de sí el principio de su propia destrucción. Y eso vale para los entes individuales como para los entes sociales.
Si hay un país ante el cual no se puede ser neutral es la Unión de los Estados Unidos. O los admiras o los odias. Por supuesto ellos son tan poderosos que ni necesitan ni que los admires ni que los odies. Ellos están por encima de todo el mundo. En el aspecto tecnológico, en el aspecto militar, en el económico, en el deportivo, en muchos otros aspectos, es la tierra de las oportunidades a la que emigran millares de hermanos latinos esperanzados de encontrar solución a sus problemas y beneficiarse de los recursos de ese país o a recuperar los recursos que se han llevado de sus países. Para algunas personas incluso en nuestro Panamá, hablar de este tema es invitarlos a un debate apasionado cuyas consecuencias serían impredecibles con la posibilidad de hasta perder la amistad. Mucho les debemos, pero mucho más nos deben ellos a nosotros.
Con tanto poder y tan excelente organización y ejercicio de la seguridad aún no nos explicamos el asesinato de John F. Kennedy con tanto FBI, CIA, Bodyguards, secret service, etc. ...
Con tanta bomba atómica y tratados de limitación del uso de armas atómicas, con tantos satélites espías, con equipos tan sofisticados que pueden leerte una carta desde no sé cuántos kilómetros en la estratósfera, ¿cómo es posible lo del 11 de septiembre?. No hemos visto el final de la película. Falta mucho. Faltan muchas sorpresas. ¿Cuáles? No sé, ni lo sabré.
También hace algunos años circularon por nuestras salas de cine, un género de películas como: Terremoto, Jaws, Anaconda, Tower Inferno que querían llevar al suspenso ubicándote en la situación como si la tuvieras que experimentar. Confieso que Tower Inferno me impresionó un poco más que las otras por la dificultad que demostraban de poder acabar con un incendio en un piso de los altos, lo cual no sólo es probable sino muy real.
Lo admirable de la ejecución, con todos los efectos y situaciones de desesperación y de pánico, es que nos hicieron pensar y hablar del tema.
Esa era una película y la vimos hasta el final en que todos salimos comentando ilesos los logros. Sin embargo lo del 11 de septiembre no fue una película, fue realidad que sólo nos recuerda que el día menos pensado viene el Hijo del Hombre y que por más que hablemos de seguridad, no existe ni todo el dinero del World Trade Center que pueda comprarla. Lo demás es seguir reflexionando e irnos olvidando, por un rato, de la frivolidad.