La hora panameña
"El tiempo es oro", dice el refrán; y literalmente lo es. Panamá es un país que se dice pobre, sin embargo, bota grandes cantidades de oro todos los días.
La famosa "hora panameña" es una vergüenza nacional. Eso de que desde las 9:00 hasta las 9:59 "son las nueve" es una necedad que sólo puede ser causa de celebración para morones.
Cada minuto que pasa desde la hora convenida es riqueza que está corriendo. Si somos puntuales, estará corriendo en dirección de nuestros bolsillos; si llegamos o empezamos tarde, estará corriendo hacia las inmundas piscinas de cerro Patacón.
La impuntualidad es, además, un agravio contra las personas puntuales que dejaron de hacer otras cosas para asistir a la hora convenida. Esta muchas veces produce que el evento no se dé o que se tenga que abortar antes de ver terminado el negocio para el cual se convocó la reunión. Pero la impuntualidad no sólo es un problema de relaciones humanas, es también un obstáculo a la eficiencia industrial y aumenta los costos de producción. Si un proveedor no entrega un insumo a tiempo, causa pérdidas a su cliente; si un contratista no entrega una obra a tiempo, hasta vidas se pueden perder.
A aquellos que dicen que no podemos abrirnos al mundo porque "no podemos competir por nuestra baja productividad", les decimos que, nuestra baja productividad no es más que otra forma de decir que "perdemos el tiempo". Y mientras nosotros hacemos bromas con lo de la "hora panameña", hay muchos pueblos que no pierden el tiempo en aprovechar la oportunidad de nuestra tardanza.
La famosa "hora panameña" es una vergüenza nacional. Eso de que desde las 9:00 hasta las 9:59 "son las nueve" es una necedad que sólo puede ser causa de celebración para morones.
Cada minuto que pasa desde la hora convenida es riqueza que está corriendo. Si somos puntuales, estará corriendo en dirección de nuestros bolsillos; si llegamos o empezamos tarde, estará corriendo hacia las inmundas piscinas de cerro Patacón.
La impuntualidad es, además, un agravio contra las personas puntuales que dejaron de hacer otras cosas para asistir a la hora convenida. Esta muchas veces produce que el evento no se dé o que se tenga que abortar antes de ver terminado el negocio para el cual se convocó la reunión. Pero la impuntualidad no sólo es un problema de relaciones humanas, es también un obstáculo a la eficiencia industrial y aumenta los costos de producción. Si un proveedor no entrega un insumo a tiempo, causa pérdidas a su cliente; si un contratista no entrega una obra a tiempo, hasta vidas se pueden perder.
A aquellos que dicen que no podemos abrirnos al mundo porque "no podemos competir por nuestra baja productividad", les decimos que, nuestra baja productividad no es más que otra forma de decir que "perdemos el tiempo". Y mientras nosotros hacemos bromas con lo de la "hora panameña", hay muchos pueblos que no pierden el tiempo en aprovechar la oportunidad de nuestra tardanza.