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La huelga que no fue


Cuatro o cinco dirigentes (no son más) con una retórica netamente demagógica tuvieron, como era de esperarse, un fracaso rotundo y contundente en la gran huelga nacional que anunciaron repetitivamente por más de 20 días. Ni los afiliados al SUNTRAC acuerparon el paro masivamente, como en forma engañosa expresaron esos dirigentes. Vi a muchos obreros trabajar en sus construcciones. También observé en la televisión a unos huelguistas que más bien parecían forajidos amenazando y atacando a sus compañeros del mismo oficio por no querer acuerpar el paro. Esos daños que le hicieron a la propiedad privada no son, por supuesto, métodos cívicos y pacíficos de protestar. Ellos constituyen actos de maleantes que en cualquier país donde la ley impera, son severamente castigados.
Es de destacar y felicitar la actitud correcta del Rector de la Universidad de Panamá, Dr. Gustavo García de Paredes, quien con voz firme y enérgica le dijo a unos 15 estudiantes que pretendían ser representantes de más de 70,000 jóvenes que estudian en dicho centro universitario, que tenían "30 minutos para regresar a la Universidad y dar una muestra de civismo y no afectar con sus acciones a terceros". "No pongan en peligro -les dijo- con sus acciones, la autonomía de la Universidad, ella tiene ya suficientes problemas; no le causen otros".
Con el llamado a la huelga que fracasó nacionalmente, han demostrado sus dirigentes que las bases de los sindicatos sobrepasan, como fue el caso de la Caja de Seguro Social (CSS), sus directrices cuando éstos abusan de sus posiciones en provecho propio o de sus parientes y cuando pierden el concepto de cuáles son los verdaderos intereses de sus afiliados a quienes dicen defender.
Esos 4 ó 5 dirigentes han antepuesto sus ideologías extremistas a las verdaderas necesidades del grupo de panameños a quienes pretenden representar. En este fracasado movimiento la dirigencia tomó como bandera la privatización de la CSS y el retorno a la dirección de la institución del Prof. Juan Jované. Ambas razones o motivos el pueblo las rechazó. Nadie, ni el gobierno, ni la empresa privada, ni los partidos políticos quieren privatizar la seguridad social y así lo han dicho más de mil voces. No era, pues, una razón válida para el llamado a la huelga. Jované demostró, por su parte, ser un mal administrador. Las largas filas de enfermos esperando atención médica, la falta de medicamentos y de equipos, se agravaron en estos últimos años, como nunca antes. La situación deficitaria iba de mal en peor. El economista fracasó y no era su retorno a la CSS tampoco razón que justificara el paro.
Jované atribuyó la crítica situación financiera de la CSS al sistema económico, al neoliberalismo, al Banco Mundial, a la OIT, al Banco Nacional, al Gobierno, a la empresa privada, etc., y no aceptó, por supuesto, su responsabilidad, ni demostró voluntad para buscar, en un gran diálogo, las soluciones a los graves problemas que confronta la CSS. Eludió buscar un concenso entre los asegurados. Remó en todos sus actos su sectarismo político.
Tenemos la obligación hoy día, todos los asegurados, de participar, aún a costa de grandes sacrificios, en la solución definitiva del futuro de la CSS. El que pretenda que no tendrá que "amarrarse el cinturón" y que todos los sectores en forma equitativa y justa tendrán que hacer sacrificios por asegurarse una atención médica esmerada y en su jubilación futura, no está actuando con desprendimiento, ni tomando en cuenta la realidad financiera y actuarial de la institución.

101 años de Panamá América

 
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