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La huella imborrable


Cuando supe que una manifestación de jóvenes cubanos había atravesado La Habana gritando: "Queremos ver al Papa", después que fueron engañados por agentes de la Seguridad del Estado, que les dijeron que lo esperaran a la salida de la Nunciatura Apostólica, cuando ya había partido rumbo al Aeropuerto "José Martí" en Rancho Boyeros. Cuando observé la penetración de las palabras del Sumo Pontífice, que despertaron grandes aplausos al exhortarlos a apreciar los valores espirituales de la libertad, y escuché los gritos de "Libertad...! ºLibertad! brotando de aquellos jóvenes que no tienen espacio para el odio en sus corazones, me percaté de que la misión evangelizadora había trascendido todas las fronteras y movilizado, la fuerza mística de la fe en gente que nunca había escuchado la palabra de Dios. Ese acercamiento de Karol Wojtila (78 años, enfermo, con su mano izquierda temblorosa por el Mal de Parkinson) logró en cinco días demostrarle a más de 11 millones de cubanos que el mundo a pesar de los 39 largos años de tiranía, no los abandona, y que el embargo, el sistema de chivatazos, las cadenas y grilletes morales, los mismos que la colonia española puso en las piernas de aquel adolescente enjuto y glorioso que fue José Martí, resultan igualmente ineficaces y que la voluntad de los cubanos no se rinde en esta larga prueba en que la población nace, crece y se forma bajo el miedo.
A pocas horas de su regreso a Ciudad Vaticano, el Papa hablando en la audiencia de los miércoles se preguntó: ¿Cuáles seran los frutos de este viaje a Cuba? y respondió que "los frutos del peregrinaje a Cuba serán similares a los frutos del peregrinaje a Polonia en 1979.
En Polonia el Sumo Pontífice expresó muchos de los conceptos que repitió en Cuba, reivindicando el rol de cristianismo sobre el cual se funda la cultura polaca y dictó las líneas maestras de un modelo de sociedad que se fortalece con el alma cristiana del país. Mencionó a Félix Varela, el sacerdote que murió en la Florida precisamente, en su gloriosa tarea de lograr la disolución del férreo colonialismo español en la Isla. Las palabras del Obispo de Santiago de Cuba, Pedro Estio, presidente de los obispos cubanos, categóricas, valientes fustigaron a los que confundieron la Patria con un partido y la cultura con una ideología.
Por lo pronto, el Papa obtuvo en esa visita la aprobación del Congreso de Estados Unidos para la eliminación del embargo comercial y la promesa de otorgar su libertad a los centenares de presos políticos que sean el telón de fondo de la represión oficial.
En su mensaje, Juan Pablo II recalcó "la necesidad de que sean los cubanos los únicos protagonistas de su historia" y el líder Osvaldo Payá, coordinador del Movimiento Cristiano de Liberación, insistió en que cualquier triunfalismo puede "malear" la sublime visita del Papa. "El único ganador aquí ha sido el pueblo de Cuba y debe ser el que impulse los cambios", agrego Payá.
Esta siembra evangélica, al decir del presidente de la Conferencia Episcopal de España, obispo de Zaragoza, Elíos Yañez, irá penetrando sin duda poco a poco en la conciencia de la gente y se convierte en una apertura hacia el futuro de Cuba. Toca al Cardenal Ortega Alamino, mantener viva la llama del fervor cubano.

101 años de Panamá América

 
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