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La idea de una nueva República


Dicho empeño tuvo etapas y propósitos sucesivos y convergentes, los cuales quedaron insuperablemente inscritos, luego de prolongados intentos de separación de la Gran Colombia, en el Himno Nacional: "Alcanzamos por fin la victoria, en el campo feliz de la unión, con ardientes fulgores de gloria, se ilumina la nueva nación".
Cada una de las estrofas llevó décadas de aproximaciones, logros y frustraciones, y así sigue ocurriendo: tener una Constitución y respetarla; tener un Estado democrático y no desbaratarlo; tener una economía estable sin dilapidar recursos, esfuerzos y capacidades. Entender, también, que la soberanía nacional no podría medirse en un estrecho nacionalismo territorial, ni en la imposición de un sector social sobre otro o en el voluntarismo mágico o compulsivo colocado detrás de episódicos apogeos, internos o externos. El país tuvo encrucijadas de las que salió fortalecido cuando logró conjugar su vinculación con el mundo con una integración social y un modelo de desarrollo que brindara oportunidades de movilidad y realización para quienes ya las tenían y para quienes reclamaban con justicia ese derecho.
Vivimos hoy un mundo más comunicado, integrado y globalizado. Pero la propia velocidad y naturaleza de estos cambios produce también mayores ruidos, fragmentación y reacciones defensivas. Entre un impulso hacia la apertura sin discernimiento a los vientos y flujos que la época genera y un aislamiento que conduce a la irrelevancia, el empeño en edificar una nación moderna, integrada al contexto regional y con un perfil autónomo en el concierto internacional, es sin dudas el mayor desafío que los panameños tenemos en este tiempo. Podemos decir, por ello, que el espíritu patriótico que nació en esa tarde del 3 de noviembre no solamente perdura como herencia distintiva de nuestra República sino que sigue siendo además un mandato vigente.


101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América