La iglesia, riqueza e inversiones
Panorama Católico, semanario oficial de la Iglesia, formuló al inicio de la Semana Santa, el pasado domingo un novedoso llamado a los ricos, cuando los exhortó a invertir sus inmensos haberes acumulados ociosamente, para que permitan a otros ganarse dignamente el sustento diario.
Para nosotros, se trata de un mensaje revolucionario, tras varias décadas de prevaleciente tendencia tercermundista y de abierta predilección por los pobres, en el que se había condenado expresa o tácitamente la acumulación explotadora de riqueza.
Durante largo tiempo, los sermones dominicales tanto en nuestro país como en Latinoamérica, repitieron y desarrollaron los pasajes y mensajes bíblicos exaltando los valores de la pobreza y conduciendo toda forma de materialismo. Muchas veces, hacían recordar la máxima filosófia de que es más fácil que entren muchos pobres al reino de los cielos que un solo rico.
Los obispos brasileños Helder Cámara y Leonardo Goff, cimentaron con su vida y pensamiento una variante doctrinal basada en la opción por los pobres, como camino a seguir para la iglesia católica latinoamericana. Camilo Torres, Héctor Gallego, Oscar Arnulfo Romero y otros, fueron adalides de esta corriente, cuyo declive pareció aventuarse durante el papado actual de Juan Pablo II. El dramático encuentro del Papa con Leonardo Goff y el abandono ulterior de éste de sus hábitos, tras ser condenado a no escribir más sobre el tema, parece simbolizar y sellar el final de esa corriente.
Después de eso, sobreviene el vacío que se apresuran a llenar mil sectas y extrañas religiones. Algunas como la santería y el saterismo han ganado preocupante espacio entre jóvenes desorientados y confundidos por la euforia del consumismo y la globalización de la vida.
Por eso nos parece refrescante el llamado del domingo pasado. Es un esfuerzo, -el primero que sepamos-, por armonizar dos fuerzas inevitables del mundo de siempre, ricos y pobres, en el convencimiento de que juntos pueden hacer un mundo mejor. Unos, haciendo de la riqueza un instrumento positivo de cambio; y otros, aportando esfuerzo de superación y crecimiento para todos.
Para nosotros, se trata de un mensaje revolucionario, tras varias décadas de prevaleciente tendencia tercermundista y de abierta predilección por los pobres, en el que se había condenado expresa o tácitamente la acumulación explotadora de riqueza.
Durante largo tiempo, los sermones dominicales tanto en nuestro país como en Latinoamérica, repitieron y desarrollaron los pasajes y mensajes bíblicos exaltando los valores de la pobreza y conduciendo toda forma de materialismo. Muchas veces, hacían recordar la máxima filosófia de que es más fácil que entren muchos pobres al reino de los cielos que un solo rico.
Los obispos brasileños Helder Cámara y Leonardo Goff, cimentaron con su vida y pensamiento una variante doctrinal basada en la opción por los pobres, como camino a seguir para la iglesia católica latinoamericana. Camilo Torres, Héctor Gallego, Oscar Arnulfo Romero y otros, fueron adalides de esta corriente, cuyo declive pareció aventuarse durante el papado actual de Juan Pablo II. El dramático encuentro del Papa con Leonardo Goff y el abandono ulterior de éste de sus hábitos, tras ser condenado a no escribir más sobre el tema, parece simbolizar y sellar el final de esa corriente.
Después de eso, sobreviene el vacío que se apresuran a llenar mil sectas y extrañas religiones. Algunas como la santería y el saterismo han ganado preocupante espacio entre jóvenes desorientados y confundidos por la euforia del consumismo y la globalización de la vida.
Por eso nos parece refrescante el llamado del domingo pasado. Es un esfuerzo, -el primero que sepamos-, por armonizar dos fuerzas inevitables del mundo de siempre, ricos y pobres, en el convencimiento de que juntos pueden hacer un mundo mejor. Unos, haciendo de la riqueza un instrumento positivo de cambio; y otros, aportando esfuerzo de superación y crecimiento para todos.