La implacable productividad
La desventaja de los automóviles estadounidenses frente a sus competidores extranjeros es, en promedio, de 2,500 dólares por auto atribuibles a los costos laborales. Obviamente, la situación es insostenible. El desafío de la productividad en la economía global es tan implacable como la muerte.
En diferentes partes del planeta y en distintos ámbitos, somos testigos de dolorosos partes de batalla que dan cuenta de nuevas víctimas de la improductividad.
Todos los días recibimos retazos de información - muchas veces encubiertos bajo capas de betún ideológico - que, en el fondo, nos avisan lo mismo: ante el desafío de la productividad no hay escape. Podemos "ganar tiempo", paradójicamente agravando la enfermedad, podemos culpar a la globalización, podemos maldecir contra las despiadadas leyes del mercado, podemos sacar del armario las más trasnochadas y fracasadas utopías. Todo es inútil. La improductividad se ha vuelto inviable en el mundo de hoy.
Pongo algunos ejemplos. No hay manera de salvar a General Motors sin cambiar radicalmente el enfoque de las prestaciones laborales y de pensiones que se han convertido en un lastre tanto más dañino en la medida que políticos y líderes sindicales - ayudados por los "buenos sentimientos" de no pocos opinantes de oficio - proclaman que son "conquistas inamovibles e irrenunciables".
Lo que vale para General Motors vale lo mismo para los sistemas de seguridad social en buena parte del mundo. Vale para el Instituto Mexicano del Seguro Social, para Alemania o Francia sumidas en el desempleo y en los crecientes déficit fiscales, vale para los miopes negociantes que persuaden a desprevenidos políticos de que requieren subsidios para poder competir, vale para los estudiantes atrapados en la dictadura de la mediocridad (y para sus profesores condenados a ser eternos peticionarios de más gasto público). Vale hasta para los estrategas electorales que siguen confundiendo captación de recursos con captación de votos, como si no hubiese innumerables historias de sonados fracasos electorales construidos con carretadas de dinero malgastado.
Visto desde la perspectiva de los consumidores, este desafío de la productividad tiene un sabor de dulce revancha. Cada vez que cambio de canal en la televisión cada vez que elijo como consumidor o como votante en una contienda electoral, me doy el gran gusto de avisarles a estas llorosas "víctimas" que el desafío es implacable. Piénsenlo, podrán ganar tiempo -aumentando el sufrimiento que conlleva el cambio inevitable-, podrán engañarse y engañar con gastadas retóricas acerca del bienestar colectivo, el interés social y otras parrafadas por el estilo. Es inútil. La improductividad y los improductivos perderán la guerra.
(*) Analista político mexicano.
www.aipenet.com
Exponen su vida con frecuencia debido a que su trabajo consiste en estar tiempo completo en la calle, tienen que estar corriendo, bajando y subiendo de un bus a otro.
Indicó que es una labor riesgosa, sobre todo por la forma como conducen la mayoría de los transportistas del país.
No obstante, asegura estar acostumbrado y confía en su destreza para controlar cualquier eventualidad.
"Para muchos este trabajo es lo único que tienen para sobrevivir, por lo que el peligro es un reto que deben asumir", puntualizó.
En diferentes partes del planeta y en distintos ámbitos, somos testigos de dolorosos partes de batalla que dan cuenta de nuevas víctimas de la improductividad.
Todos los días recibimos retazos de información - muchas veces encubiertos bajo capas de betún ideológico - que, en el fondo, nos avisan lo mismo: ante el desafío de la productividad no hay escape. Podemos "ganar tiempo", paradójicamente agravando la enfermedad, podemos culpar a la globalización, podemos maldecir contra las despiadadas leyes del mercado, podemos sacar del armario las más trasnochadas y fracasadas utopías. Todo es inútil. La improductividad se ha vuelto inviable en el mundo de hoy.
Pongo algunos ejemplos. No hay manera de salvar a General Motors sin cambiar radicalmente el enfoque de las prestaciones laborales y de pensiones que se han convertido en un lastre tanto más dañino en la medida que políticos y líderes sindicales - ayudados por los "buenos sentimientos" de no pocos opinantes de oficio - proclaman que son "conquistas inamovibles e irrenunciables".
Lo que vale para General Motors vale lo mismo para los sistemas de seguridad social en buena parte del mundo. Vale para el Instituto Mexicano del Seguro Social, para Alemania o Francia sumidas en el desempleo y en los crecientes déficit fiscales, vale para los miopes negociantes que persuaden a desprevenidos políticos de que requieren subsidios para poder competir, vale para los estudiantes atrapados en la dictadura de la mediocridad (y para sus profesores condenados a ser eternos peticionarios de más gasto público). Vale hasta para los estrategas electorales que siguen confundiendo captación de recursos con captación de votos, como si no hubiese innumerables historias de sonados fracasos electorales construidos con carretadas de dinero malgastado.
Visto desde la perspectiva de los consumidores, este desafío de la productividad tiene un sabor de dulce revancha. Cada vez que cambio de canal en la televisión cada vez que elijo como consumidor o como votante en una contienda electoral, me doy el gran gusto de avisarles a estas llorosas "víctimas" que el desafío es implacable. Piénsenlo, podrán ganar tiempo -aumentando el sufrimiento que conlleva el cambio inevitable-, podrán engañarse y engañar con gastadas retóricas acerca del bienestar colectivo, el interés social y otras parrafadas por el estilo. Es inútil. La improductividad y los improductivos perderán la guerra.
(*) Analista político mexicano.
www.aipenet.com
Exponen su vida con frecuencia debido a que su trabajo consiste en estar tiempo completo en la calle, tienen que estar corriendo, bajando y subiendo de un bus a otro.
Indicó que es una labor riesgosa, sobre todo por la forma como conducen la mayoría de los transportistas del país.
No obstante, asegura estar acostumbrado y confía en su destreza para controlar cualquier eventualidad.
"Para muchos este trabajo es lo único que tienen para sobrevivir, por lo que el peligro es un reto que deben asumir", puntualizó.
Otros puntos en donde se pueden observar son Calle 12 Santa Ana, Avenida B, 5 de Mayo y El Dorado.
El entrevistado destacó que este trabajo no es fácil, ya que se necesita aprender las placas, fachadas, diseños y al conductor de cada uno de los buses.
En este sentido, como él era transportista conocía, ya de ante mano, toda esta información. Esto le facilitó el trabajo.
Para quienes no conocen nada respecto al transporte público, al principio resulta díficil.