La importancia de lo cotidiano
Después de casi cinco años de fungir como Legislador de la República, representando al circuito 8-8, la experiencia me ha demostrado que hay una preocupación creciente entre la ciudadanía con respecto a los temas que lo afectan en su cotidianeidad, que desmejoran su calidad de vida. Asuntos como la construcción de un edificio en medio de un área residencial, la falta de transporte público o de estacionamientos, el mal estado de las veredas peatonales, las barreras arquitectónicas o la creciente suciedad de las quebradas que circundan la ciudad capital, son todos reflejos de la desidia y falta de interés de la sociedad en general y en particular, de quienes nos han gobernado en los últimos cincuenta años, hacia el tema urbano.
Tal como se lo he planteado a algunos distinguidos arquitectos de nuestro país, considero que los problemas que atormentan a muchos residentes de la capital tienen que ver con la falta de planificación del desarrollo de la ciudad, sólo que muchos no lo entienden así, ya que sólo ven algunas partes del rompecabezas y no el cuadro entero.
Y es que no resulta difícil entender cómo la decisión de cambiar la zonificación de una finca para permitir la construcción de un rascacielos en medio de residencias unifamiliares, puede significar a mediano plazo el cambio de la zonificación de toda el área, ya que desencadena eventos que llevan a más propietarios a vender sus lotes para desarrolladores, afectando así a quienes compraron en esa urbanización para residir en casas y no en medio de edificios. Y no hablemos siquiera de los efectos que eso tiene sobre la infraestructura de servicios públicos, la disponibilidad de estacionamientos y el congestionamiento de calles destinadas para un menor tránsito. Decisiones así se toman a cada rato en Panamá, sin un previo análisis de sus consecuencias ni de cómo se enmarcan en una visión más integral del desarrollo del área metropolitana. Esto no debe seguir sucediendo, si realmente aspiramos a convertirnos en una metrópoli moderna, capaz de atraer turismo e inversiones.
La preocupación por el asunto urbanístico tiene que pasar a un primer plano del debate político. Los que saben de planificación urbana en el país coinciden en que la Dirección de Desarrollo Urbano en el MIVI no está cumpliendo la función que debiera cumplir, pues no está institucionalmente diseñada para ello. Su propuesta es crear una instancia autónoma, una Autoridad de Urbanismo que planifique y vea todo el bosque, no sólo unos cuántos árboles. Esta es una propuesta que respaldo con entusiasmo y que me comprometo a impulsar. Me preocupa únicamente conciliar la visión nacional de esa Autoridad con el papel a nivel local que deben jugar necesariamente los municipios. Por ejemplo, el área metropolitana está constituida por cuatro distritos por lo menos, Arraiján, San Miguelito, Panamá y La Chorrera. Cualquier decisión urbana que se tome en alguno de estos municipios tiene el potencial de afectar a los otros, así que no pueden manejarse con visiones independientes entre sí, como muchas veces es el caso hoy en día.
Se requiere, igualmente, que se tomen decisiones valientes, que pueden traer muchas críticas a corto plazo, pero resultados favorables al mediano y largo plazo. Por ejemplo, en un necesario reordenamiento de la ciudad habrá empresas, especialmente industrias, que deberán reubicarse. Estoy convencido, por ejemplo, que la urbanización industrial ya es obsoleta y que no es conciliable el uso industrial con el residencial. No hay posibilidades de una real y fructífera convivencia entre ambos. Tampoco se trata de cambiar las cosas de un día para otro, podemos estar hablando de un término de diez a veinte años para concretar una eventual reubicación programada.
En materia de planificación de una ciudad, los términos no son cortos; pero si hay una visión clara de futuro, hoy se puede empezar a tomar decisiones que requerirán de lustros, quizá décadas, para rendir frutos.
Aprovechemos la actual campaña electoral, para emplazar a los candidatos y candidatas. ¿Qué tienen que decir los candidatos presidenciales? ¿Y los candidatos a alcalde o alcaldesa de los principales centros urbanos del país? ¿Y los candidatos y candidatas a legisladoras? En lo que a mí respecta, he demostrado en estos cinco años una genuina preocupación por el tema urbano y en la propuesta que le presento a los electores del circuito 8-8, lo relativo al desarrollo urbano ocupa una posición central, con propuestas bien concretas. Y es que me siento orgulloso del legado panameñista que represento; ya que, en materia urbanística, los arnulfistas podamos reivindicar el Plan Brunner, ordenado y realizado en la primera presidencia del Dr. Arnulfo Arias, como el primer intento serio, desde el Gobierno Central, por ordenar la ciudad y su crecimiento.
Rescatar esa preocupación por lo urbano debe ser una prioridad de quienes pretendemos extender la visión y el alcance del panameñismo al siglo XXI.
Tal como se lo he planteado a algunos distinguidos arquitectos de nuestro país, considero que los problemas que atormentan a muchos residentes de la capital tienen que ver con la falta de planificación del desarrollo de la ciudad, sólo que muchos no lo entienden así, ya que sólo ven algunas partes del rompecabezas y no el cuadro entero.
Y es que no resulta difícil entender cómo la decisión de cambiar la zonificación de una finca para permitir la construcción de un rascacielos en medio de residencias unifamiliares, puede significar a mediano plazo el cambio de la zonificación de toda el área, ya que desencadena eventos que llevan a más propietarios a vender sus lotes para desarrolladores, afectando así a quienes compraron en esa urbanización para residir en casas y no en medio de edificios. Y no hablemos siquiera de los efectos que eso tiene sobre la infraestructura de servicios públicos, la disponibilidad de estacionamientos y el congestionamiento de calles destinadas para un menor tránsito. Decisiones así se toman a cada rato en Panamá, sin un previo análisis de sus consecuencias ni de cómo se enmarcan en una visión más integral del desarrollo del área metropolitana. Esto no debe seguir sucediendo, si realmente aspiramos a convertirnos en una metrópoli moderna, capaz de atraer turismo e inversiones.
La preocupación por el asunto urbanístico tiene que pasar a un primer plano del debate político. Los que saben de planificación urbana en el país coinciden en que la Dirección de Desarrollo Urbano en el MIVI no está cumpliendo la función que debiera cumplir, pues no está institucionalmente diseñada para ello. Su propuesta es crear una instancia autónoma, una Autoridad de Urbanismo que planifique y vea todo el bosque, no sólo unos cuántos árboles. Esta es una propuesta que respaldo con entusiasmo y que me comprometo a impulsar. Me preocupa únicamente conciliar la visión nacional de esa Autoridad con el papel a nivel local que deben jugar necesariamente los municipios. Por ejemplo, el área metropolitana está constituida por cuatro distritos por lo menos, Arraiján, San Miguelito, Panamá y La Chorrera. Cualquier decisión urbana que se tome en alguno de estos municipios tiene el potencial de afectar a los otros, así que no pueden manejarse con visiones independientes entre sí, como muchas veces es el caso hoy en día.
Se requiere, igualmente, que se tomen decisiones valientes, que pueden traer muchas críticas a corto plazo, pero resultados favorables al mediano y largo plazo. Por ejemplo, en un necesario reordenamiento de la ciudad habrá empresas, especialmente industrias, que deberán reubicarse. Estoy convencido, por ejemplo, que la urbanización industrial ya es obsoleta y que no es conciliable el uso industrial con el residencial. No hay posibilidades de una real y fructífera convivencia entre ambos. Tampoco se trata de cambiar las cosas de un día para otro, podemos estar hablando de un término de diez a veinte años para concretar una eventual reubicación programada.
En materia de planificación de una ciudad, los términos no son cortos; pero si hay una visión clara de futuro, hoy se puede empezar a tomar decisiones que requerirán de lustros, quizá décadas, para rendir frutos.
Aprovechemos la actual campaña electoral, para emplazar a los candidatos y candidatas. ¿Qué tienen que decir los candidatos presidenciales? ¿Y los candidatos a alcalde o alcaldesa de los principales centros urbanos del país? ¿Y los candidatos y candidatas a legisladoras? En lo que a mí respecta, he demostrado en estos cinco años una genuina preocupación por el tema urbano y en la propuesta que le presento a los electores del circuito 8-8, lo relativo al desarrollo urbano ocupa una posición central, con propuestas bien concretas. Y es que me siento orgulloso del legado panameñista que represento; ya que, en materia urbanística, los arnulfistas podamos reivindicar el Plan Brunner, ordenado y realizado en la primera presidencia del Dr. Arnulfo Arias, como el primer intento serio, desde el Gobierno Central, por ordenar la ciudad y su crecimiento.
Rescatar esa preocupación por lo urbano debe ser una prioridad de quienes pretendemos extender la visión y el alcance del panameñismo al siglo XXI.