La incapacidad de pedir perdón
Triste, muy triste resulta constatar que los representantes actuales del Estado panameño son incapaces de pedir perdón por los abusos, los atropellos, las torturas, los homicidios y las violaciones de derechos humanos que se han cometido desde los sillones del poder y con los recursos del Estado.
No se trata de pedir disculpas por acciones personales, es el Estado el que ha sido condenado. Se equivoca el señor Presidente, quien parece pensar que lo único importante es que los panameños nos perdonemos mutuamente, nos reconciliemos e inmediatamente miremos "hacia adelante". El perdón no se condiciona, ni se compensa con otros perdones por otros actos. El perdón nace del reconocimiento de la culpa que vincula a uno a una serie de actos cometidos voluntariamente; va aparejado con el arrepentimiento, que es la convicción de que se actuó mal y se hizo un mal innecesario; el perdón incluye, además, la promesa sentida de que no volverá a cometerse la conducta reprochada.
El actual gobierno ha mostrado una incapacidad total de expresar perdón de una manera genuina. En el caso de la sentencia sobre Heliodoro Portugal, la Corte Interamericana de Derechos Humanos ha decretado que el Estado panameño debe pedir perdón a los familiares de la víctima, pero hoy el Estado panameño no tiene autoridades que tengan la altura moral desde la cual el perdón se expresa de modo reparador. Para todo efecto práctico, cabe concluir que el Estado no ha cumplido cabalmente con la sentencia.