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La independencia judicial


La separación de los poderes y la colaboración armónica que despliegan los Órganos Superiores del Estado, herencias principales del Estado Moderno (Locke y Montesquieu), constituyen pilares básicos para el funcionamiento de la democracia y de las garantías indiscutibles para la sociedad. Por tanto, el respeto a la independencia judicial representa un reto para el fortalecimiento del Estado de Derecho. Si se atenta no sólo contra la concepción del Estado Moderno, sino contra la fe pública, y se promueven situaciones de incertidumbre, se estará provocando el desequilibrio institucional, preludio del caos, la anarquía y la autocracia. El mal es peor cuando la injerencia proviene del propio órgano encargado de administrar justicia, donde los superiores a través de métodos de terror pretenden coaccionar las decisiones de sus inferiores jerárquicos. Muy bien indicó Eduardo J. Couture “…que cuando los Jueces tuvieran miedo, los ciudadanos no podrían dormir tranquilos.” Es preocupante que los medios se refieran a la posible intromisión de un órgano dentro de otro, y las consecuencias desastrosas que ha implicado sujetar decisiones a negociaciones y favores. Pero es más temible cuando surge de las máximas autoridades del propio órgano juzgador, que al no poder sustentar la juridicidad del adefesio jurídico que habían aprobado para maniatar a Magistrados y Jueces, lo han derogado y han presentado un ante proyecto de Ley creando un Tribunal de Excepción para juzgar no solo a Magistrados y Jueces, sino también a todos los funcionarios subalternos, así como a los profesionales del Derecho. Pareciera que algunos se equivocan pensando que Panamá es Roma y ellos son Calígula, por lo que pretenden parafrasear al cruel emperador romano cuando al ser abucheado dijo: “Si toda Roma tuviera una sola cabeza..." en alusión a decapitar a todos de una vez. Lo que olvidan es el final del desalmado monarca.

* Ex Director de la Policía Nacional.

101 años de Panamá América

 
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