La indulgencia del año jubilar
La Iglesia sigue avanzando su proceso de preparar la celebración del Gran Jubileo. La Bula Pontificia "Incarnationis Mysterium" nos dice que el año 2000 será un año santo en el que todo cristiano experimentará con mayor intensidad la llamada de Cristo a la conversión. El Comité Central del jubileo ha dado a conocer algunos momentos claves del calendario de celebraciones y ha tenido en cuenta a todos los componentes del pueblo de Dios asignándoles fechas especiales para que los niños, jóvenes, ancianos, obispos, sacerdotes, diáconos, artistas, investigadores, etc., puedan aprovechar todas las gracias espirituales que se ofrecen en un año de gracia y de misericordia.
Entre los signos que caracterizarán al jubileo se encuentra el de la "Indulgencia Jubilar" que el Papa ha concedido a través de la Penitenciaria Apostólica del Vaticano en ocasión de las celebraciones de los 200 años de la Encarnación del Hijo de Dios. Estamos poco acostumbrados a oír hablar de este tema y quizá nos hayamos olvidado de su significado espiritual. No se trata de una falsa piedad, y mucho menos de una superstición, pues la autoridad suprema de la iglesia, la concede en momentos especiales de la vida de la iglesia y de las personas. Según la enseñanza de la iglesia, indulgencia es "la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados, en cuanto a la culpa, que un fiel dispuesto y cumpliendo determinadas condiciones consigue por mediación de la iglesia, la cual como administradora de la redención, distribuye y aplica con autoridad el tesoro de las satisfacciones de Cristo y de los santos "(C.992).
Para ganar al indulgencia, que incluso podrá ser aplicada en sufragio por las almas de los difuntos, hay que cumplir con algunas condiciones que, ya han sido especificadas por la autoridad competente y entre las que se destacan: "el celebrar dignamente la confesión sacramental en forma individual e íntegra "(CIC 960) y participar a la celebración de la Santa Eucaristía. Estos momentos deben ser acompañados por un testimonio de comunión con la iglesia y por el ejercicio de obras de caridad como signos concretos de conversión. Existen otras iniciativas recomendadas para esta ocasión que ciertamente favorecerán el espíritu penitencial: Visitar a los enfermos, encarcelados, ancianos, dar limosna a los pobres, ayudar a los niños en sus problemas, a los jóvenes que están en dificultades, a los que viven refugiados en algún lugar, y en muchas otras formas que implican servicio al prójimo y sacrificio personal. A este respecto, Juan Pablo II nos dice que "Un signo de la misericordia de Dios, hoy especialmente necesario, es el de la caridad, que nos abre los ojos a las necesidades de quienes viven en la pobreza y la marginación". (I.M.12).
Entre otras condiciones que la iglesia nos pide, está el de hacer un esfuerzo personal que nos lleve a alcanzar de Dios el perdón y la paz. El Papa Pablo VI, tan querido y recordado por los católicos, decía: "Por eso la iglesia no quiere solamente acudir en ayuda del cristiano, sino también impulsarlo a hacer obras de piedad, de penitencia y de caridad. "El regalo de la "Indulgencia Jubilar" será una ocasión propicia para ejercer la caridad y alcanzar el perdón de la pena temporal merecida por nuestros pecados, ya que la reconciliación con Dios, no excluye la permanencia de las consecuencias de nuestros pecados que requieren una purificación a través de la misericordia divina. La cercanía del jubileo del año 2000 nos invita a abrir el espíritu a Dios rico en perdón y misericordia ya que el culmen del jubileo, como nos dice la Bula de convocación, es el encuentro con Dios Padre por medio de Cristo Salvador, presente en su iglesia especialmente en los sacramentos.
Entre los signos que caracterizarán al jubileo se encuentra el de la "Indulgencia Jubilar" que el Papa ha concedido a través de la Penitenciaria Apostólica del Vaticano en ocasión de las celebraciones de los 200 años de la Encarnación del Hijo de Dios. Estamos poco acostumbrados a oír hablar de este tema y quizá nos hayamos olvidado de su significado espiritual. No se trata de una falsa piedad, y mucho menos de una superstición, pues la autoridad suprema de la iglesia, la concede en momentos especiales de la vida de la iglesia y de las personas. Según la enseñanza de la iglesia, indulgencia es "la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados, en cuanto a la culpa, que un fiel dispuesto y cumpliendo determinadas condiciones consigue por mediación de la iglesia, la cual como administradora de la redención, distribuye y aplica con autoridad el tesoro de las satisfacciones de Cristo y de los santos "(C.992).
Para ganar al indulgencia, que incluso podrá ser aplicada en sufragio por las almas de los difuntos, hay que cumplir con algunas condiciones que, ya han sido especificadas por la autoridad competente y entre las que se destacan: "el celebrar dignamente la confesión sacramental en forma individual e íntegra "(CIC 960) y participar a la celebración de la Santa Eucaristía. Estos momentos deben ser acompañados por un testimonio de comunión con la iglesia y por el ejercicio de obras de caridad como signos concretos de conversión. Existen otras iniciativas recomendadas para esta ocasión que ciertamente favorecerán el espíritu penitencial: Visitar a los enfermos, encarcelados, ancianos, dar limosna a los pobres, ayudar a los niños en sus problemas, a los jóvenes que están en dificultades, a los que viven refugiados en algún lugar, y en muchas otras formas que implican servicio al prójimo y sacrificio personal. A este respecto, Juan Pablo II nos dice que "Un signo de la misericordia de Dios, hoy especialmente necesario, es el de la caridad, que nos abre los ojos a las necesidades de quienes viven en la pobreza y la marginación". (I.M.12).
Entre otras condiciones que la iglesia nos pide, está el de hacer un esfuerzo personal que nos lleve a alcanzar de Dios el perdón y la paz. El Papa Pablo VI, tan querido y recordado por los católicos, decía: "Por eso la iglesia no quiere solamente acudir en ayuda del cristiano, sino también impulsarlo a hacer obras de piedad, de penitencia y de caridad. "El regalo de la "Indulgencia Jubilar" será una ocasión propicia para ejercer la caridad y alcanzar el perdón de la pena temporal merecida por nuestros pecados, ya que la reconciliación con Dios, no excluye la permanencia de las consecuencias de nuestros pecados que requieren una purificación a través de la misericordia divina. La cercanía del jubileo del año 2000 nos invita a abrir el espíritu a Dios rico en perdón y misericordia ya que el culmen del jubileo, como nos dice la Bula de convocación, es el encuentro con Dios Padre por medio de Cristo Salvador, presente en su iglesia especialmente en los sacramentos.