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La infamia es hija de la delincuencia


Si ha existido, en las últimas décadas, una entidad estatal injustamente injuriada, calumniada y vilipendiada al máximo, esa ha sido el Instituto Nacional de Deportes.
Para que los panameños, todos, sepamos a qué se deben los ataques, es necesario puntualizar las causas y elementos que tienen que ver con los mismos.
Concebida inicialmente como Institución rectora de una noble actividad como es el deporte, no demoró mucho en ser infiltrada por quienes siempre han lucrado con el esfuerzo de los atletas.
Personajes sin escrúpulos, con un historial delictivo, por obra y gracia del tráfico de influencia, alcanzaron una alta cuota de poder dentro de la Institución en un principio y luego consolidaron el control del INDE, a través de terrorismo radiofónico.
Así las cosas, el INDE, en los últimos cinco años, estuvo a merced de la criminalidad de cuello blanco. Pero como no hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo resista, al ascender a la Presidencia de la República, Doña Mireya Moscoso, se decretó un alto a la corrupción en las esferas de esta entidad.
Al saber lo que les esperaba con una figura de honestidad probada, los corruptos repitieron la estrategia utilizada en 1994, pretendiendo así evitar que a la Dirección General, llegara quien podía frenar sus atracos a los dineros del pueblo.
Prueba fehaciente es que aún no habían sido posesionados los actuales directivos del INDE cuando desde un influente diario de la capital, se lanzaban subjetivos e infundados ataques, con sello personal hacia la persona que se mencionaba como futuro rector del máximo organismo deportivo del país. Ni en ese momento, ni mucho menos después, se concedió al afectado el derecho a réplica, por parte de quienes, moralmente, están obligados a permitir la publicación de los descargos respectivos.
Sujetos pagados como funcionarios de la Institución, por razones obvias, aliados de los corruptos que perdieron su influencia con el cambio de gobierno, se prestaron para orquestar una infame campaña de desprestigio e injurias contra todos los funcionarios.
Los criminales de cuello blanco se equivocan cuando piensan que en este país nadie gana, ni nadie pierde reputación. Aquellos que lograron canonjías, prebendas y nombramientos de "botellas y garrafones" y ventajas económicas con la firma de contratos "supuestamente" de publicidad, quedaron rápidamente al descubierto. Abusando de subalternos que prestaban su nombre para la firma de la contratación, se logró establecer, por ejemplo, que un compromiso de mil dólares para un programa de radio le reportaba novecientos dólares al dueño del espacio y sólo cien al periodista que los había suscrito. Pero ese no fue ni el único caso, ni el de menor cuantía.
Por todo esto, denunciamos ante la opinión pública, la bochornosa actitud de quienes se sienten que continúan amparados en una patente de corzo que bien pudieron servir de libre uso en instancias corruptas, pero que no tienen cabida en la presente administración. La impunidad de que gozaron por sus entronques politiqueros, no puede continuar en el presente de lucha contra la corrupción.
Como no han podido aportar una sola falta grave contra los encargados de erradicar las nefastas y viciosas prácticas de un pasado reciente, utilizan las herramientas de la injuria, de la calumnia y de los ataques a la honra de sus semejantes.
Pero el mal no puede superar el bien cuando hay de por medio gente honesta y sensata que sabe que, en este país, la infamia es hija de la delincuencia y que el INDE seguirá siendo el blanco de los corruptos sin credibilidad que, más temprano que tarde, serán sepultados en el basurero de la historia.

101 años de Panamá América

 
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