La inmunidad
Últimamente, por diversas razones, principalmente por investigaciones periodísticas, está en el debate de la opinión pública el tema de la inmunidad. Parece que ese privilegio cubre, en este país, a prácticamente a todos los funcionarios públicos, los diputados, incluyendo los del Parlacen; los Magistrados de la Corte Suprema de Justicia y del Tribunal Electoral; los dirigentes políticos (las cúpulas); los candidatos a puestos de elecciones y algunos otros que escapan a mi memoria, disfrutan de la inmunidad que ha protegido en más de una forma los delitos que se cometen.
La inmunidad, está plasmada en nuestras legislaciones de manera que acogerse a ella es un derecho. Existen casos en que esta inmunidad ha servido para que queden impunes muchos delitos. La inmunidad en la historia de la humanidad tuvo sus orígenes cuando ese privilegio fue concedido a los templos e iglesias que amparaban a delincuentes. En Panamá, desde los inicios de la república, se les concedió inmunidad a los diputados para que no fueran objeto de persecuciones políticas en sus intervenciones. Con los años la misma fue ampliándose hasta el punto en que hoy cubre a casi a todo el mundo. Los países de primer mundo han abolido toda clase de inmunidades. Los ciudadanos todos, sin excepciones, son amparados por las leyes, pero deben cumplir estas y los violadores a las mismas no quedan en la impunidad.
Veamos el caso de los Estados Unidos de Norteamérica, país en el cual con mucha frecuencia nos miramos: muchos senadores, gobernadores, alcaldes, vicepresidentes y aún presidentes han perdido su cargo por ser violadores de la ley; varios inclusive, han ido a parar a la cárcel. La constitución de EE.UU. es muy amplia en cuanto a derechos y deberes del ciudadano y nadie se siente, por más alto que sea su posición, por encima de la ley.
En Panamá desafortunadamente, vuelvo a reiterar, la inmunidad es sinónimo de impunidad. Ella ha permitido que se dilate, si es que se da, cualquier proceso y que delincuentes cometan sus actos violando las leyes de la república, sin recibir ningún castigo. Existen abogados que usan los argumentos de falta de jurisdicción para beneficiar a sus clientes ganando tiempo y al final de cuentas que los delitos por los cuales son acusados prescriben o duerman el sueño eterno en una gaveta de un funcionario. Nadie debe tener inmunidad en Panamá constitucionalmente todos los ciudadanos somos iguales.
Ningún delincuente que cuente con dinero y un par de buenos abogados ha pagado jamás por sus fechorías. Casi siempre encuentran en la inmunidad un paraguas bajo el cual cobijarse.