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La inmunidad y el exilio alientan a la corrupción y a la deshonestidad


Siempre he dicho que toda persona civil o funcionario público, bien sea Legislador, Magistrado o Presidente de la República que actúe con respeto a la justicia y a la honestidad, no tiene por qué apelar a la inmunidad y mucho menos buscar un exilio de protección. Si cada uno de esos funcionarios en verdad actuaran con honestidad dentro de sus deberes y funciones, creo que no tendrían la necesidad de estar amparándose de los privilegios de la inmunidad o de un exilio, puesto que la verdad es la que impera ante la justicia en caso que un enemigo pretenda hacerle daño, por lo tanto la inmunidad y el exilio estarían demás.
La inmunidad y el exilio son leyes de privilegios creadas por el hombre nacional e internacionalmente en sus épocas de poderes burocráticos curándose en salud, es decir anticipando y asegurando su refugio jurídico legal, pero inmoral en su fondo y aplicación, al no estar enmarcado dentro de la honestidad y la justicia.
Para tragedia de los pueblos, esos privilegios sólo favorecen a los delincuentes que con ello perjudican la imagen y el prestigio de la nación y a su población en el irrespeto y su economía.
La inmunidad y el exilio se han constituido en un gran negocio político y económico entre muchos gobiernos y políticos corruptos cuando estamos viendo que algunos de ellos cuando son acusados por calumnias y delitos contra la patria, corren a cubrirse de su inmunidad y otros a los exilios donde la justicia queda impedida debido a esos privilegios cómplices, y que dicho sea de paso, muchos se prestan para protegerlos de la justicia.
Cuando los hombres y mujeres de este país en calidad de funcionarios públicos estén dispuestos a servirle a la patria de manera honesta y patriótica, entonces la inmunidad y el exilio estarían demás, las acusaciones nacen debido a los delitos cometidos y "quien no la debe, no la teme". Aprovecharse de su posición burocrática para estafar a la patria, robarle su patrimonio y afectar su imagen y su prestigio, se puede calificar de un pecado patriótico, moral e inhumano, porque la patria nos pertenece a todos y no a unos cuantos.

101 años de Panamá América

 
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