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La inocencia de Ronald Muñoz


Desde febrero de 1987, el pueblo panameño venía creyendo que en El Valle de la Media Luna se aparecía la Virgen al Sr. Rolando Muñoz (Lito), pese a que Monseñor Ariz recomendó "que no frecuenten el lugar... ni asistan al llamado de los que defienden dichas manifestaciones" (La Prensa, 13/3/97).
Fallecido Lito, un hermano tomó su lugar y, durante cinco años acude al valle, presentando supuestas estigmatizaciones en la cara y manos antes de entrar en éxtasis. Le veneran como a un ser profético, incluida la creación de una "cofradía", que le sigue por motivos psicológicos explicables. Sin embargo, el 13 de abril, un camarógrafo de TV. 13 comprobó que sus "estigmas" eran fraudulentas; y hoy, todos piden su cabeza y le llaman estafador, sin que la Ley lo haya establecido.
En primer lugar, para juzgar a Muñoz hay que tener idoneidad y analizar antes su personalidad, el entorno, las causas que motivaron su conducta, etc. y, sobre todo, y en primer término, juzgar -¿por qué no?- a las personas que hoy le acusan. Y es lo que haremos seguidamente, con todo el respeto que me merecen pero, obligado por la defensa de un ser humano en vísperas de su "lapidación", al que impulsaron tanto sus detractores como las circunstancias, a realizar los actos que le critican.
Parte del pueblo está enfurecido por sentirse engañado, pero el pueblo de poca fe precisa, y exige, falsos milagros para mantener su endeble religiosidad. Cuando alguien versado les dice que cierto acontecimiento no es auténtico, caen sobre él con toda clase de agresiones.
Algunos injurian a Muñoz y se enfurecen porque, durante cinco años, se han sentido burlados. Pero, ¿no fueron ellos los que atizaron estos y otros fenómenos, patológicos y paranormales, otorgándoles causas "ocultas", "misteriosas", "sobrenaturales", menospreciando la opinión de los profesionales? Recuerden el despliegue que le otorgaron los medios informativos al brujo Idies Side Kan de Kan, al "maestro" Michael, y otros? Además, siempre concluían aseverando que los científicos no habíamos podido descifrar el misterio. Consideramos que estos organismos, además de informar, deben orientar, y nunca fomentar el sensacionalismo, el morbo de los bajos instintivos y menos aún, crear situaciones carentes de objetividad.
Estamos totalmente de acuerdo con la actitud cautelosa y prudente de la Iglesia Católica en relación con estos fenómenos llamados "milagros" y este caso confirma que deben persistir en ello. Como también estamos en desacuerdo con los que realizan hipnosis en los templos, provocando histerias colectivas y fanatizando a sus adeptos, para "sacarles" supuestos demonios. Es una práctica ilegal de la medicina, tratar a "posesos" que son, en realidad, pacientes mentales o personas cargadas de angustia, perjudicando sus pronósticos y lesionando su bienestar social. Además, convierten un lugar sagrado en un escenario. Jesús instruía a sus discípulos diciendo: "Cuando ores entra en tu aposento y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto, te compensará en público" (Mateo: 6). Incluso el Corán prescribe: "Los Templos están consagrados a Dios; no involuqueis a nadie al lado de Dios" (Sura LXXII, 18).
Sería irresponsable diagnosticar sin conocer al acusado. Pero lo que cualquiera podrá alegar en su defensa es que Muñoz "desarrolló" una histeria grave porque: lo aprendió de su hermano, que era un psicótico delirante y porque gran cantidad de personas, consciente o inconscientemente, alentaron su trastorno, pese a que "la Revelación se ha completado con la muerte del último apóstol". En fin, "desarrolló" una histeria porque divulgaron y estimularon sus estados alterados de conciencia ¡durante cinco años!
Que los histéricos engañan para satisfacer la conflictiva que los acongoja, no cabe duda. Que los histéricos en éxtasis están entre lo real y lo irreal, es más que sabido, ya que lo dijo Freud a principio de siglo: "¡no creo más en mi neurótica!", para demostrar la falta de credibilidad de dichos pacientes. Que los histéricos tienen una ética particular¡es evidente! Pero, pregunto a sus acusadores: ¿están Uds. capacitados para desmentir que Muñoz se lacera para producir sus éxtasis? Esa es una práctica habitual de los místicos flagelarse y mutilarse hasta sangrar, para entrar en dicho estado alterado de conciencia.
Por último, tengan cuidado los que exigen referirle a un psiquiatra o un psicólogo, porque no tienen potestad para exigirlo ni él la obligación de aceptarlo por imposición popular. Una sociedad que crea sus propios ídolos, acepta y aplaude sus prácticas, no tiene derecho a enjuiciar a uno, y menos aún, si prácticas de connotaciones similares son aceptadas y aplaudidas en otros. Lo importante es conocer con objetividad antes de divulgar porque, como dijo Juan, "Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres".

101 años de Panamá América

 
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