La inocentada de la ACP
EL 31 de diciembre de 1999, Panamá recibió finalmente el Canal, tal como especificaba el tratado Torrijos-Carter. La responsabilidad de administrar a nombre del pueblo panameño, dueño legítimo del bien recibido, se entregó a la Autoridad del Canal de Panamá, organismo autónomo creado por el Estado para cumplir con esta crítica tarea. Las normas que regulan el accionar de la ACP y establecen sus responsabilidades se resumen en un cuerpo de leyes que tienen como fundamento una norma constitucional. La ACP, como organización con capacidad para ejecutar las múltiples y complejas responsabilidades que asumió, no nació en la fecha del traspaso del Canal. Fue un organismo que se fue gestando dentro del Canal durante el período de transición de 20 años que los negociadores de los tratados establecieron sabiamente con el propósito de asegurar que la panameñización del Canal se haría de forma ordenada y sin traumas. Durante este período, el Canal invirtió unos 10 millones de dólares anuales en la capacitación de panameños a todos los niveles en el complejo arte de administrar una organización que presta un servicio crítico al comercio marítimo internacional.
Hoy el Canal y el país pueden mostrar orgullosos el éxito de esa política. La ACP cuenta actualmente con un equipo humano idóneo a todos los niveles de la organización, que ha superado con creces las expectativas que de él se tenía. Ha sabido desempeñar con eficiencia las responsabilidades que el pueblo panameño le asignó, que incluyen, además de la operación, modernización y mejoras de la vía acuática, el llevar a cabo estudios detallados que establezcan la viabilidad técnica y económica de la ampliación del Canal. Esto último como tema de Estado e interés nacional.
Pienso que todos estamos de acuerdo en que el equipo que maneja la ACP está haciendo un excelente trabajo. Somos testigos de cómo la administración actual ha creado una organización eficiente, moderna y de altísimo nivel técnico, que opera un negocio del que se benefician tanto el usuario como al país. Una organización que por sus logros se ha ganado el respeto y confianza de todos los que forman parte de la inmensa infraestructura que maneja el comercio marítimo mundial y del pueblo panameño en general.
Si esto es así, ¿por qué los cuestionamientos actuales? Difícil encontrar una respuesta a esta pregunta. Sin embargo, intuyo que la ACP, confiada en que tenía (y en realidad tiene) la confianza de la ciudadanía, se dedicó con seriedad a hacer lo que mejor sabe hacer: operar el Canal, administrar las cuencas que proveen de agua al sistema y a la ejecución de estudios serios y profundos que definieran claramente el qué, el cómo y el cuando de la ejecución de la expansión. Sabiendo que somos un país al que no le sobran recursos, buscó con empeño toda la información necesaria en que basar una decisión por demás difícil. Buscó, sobre todo, cómo ejecutar la obra sin comprometer ni al Canal, ni al país. Ingenuamente cometió la inocentada de creer que lo importante era servir al país y a ello dedicó todo su esfuerzo pensando que el apoyo a este trabajo estaba garantizado. Evidentemente se equivocó.
Concentrada en recolectar y analizar las cientos de variables que afectan simultáneamente, tanto positiva como negativamente al proyecto, se distrajo y olvidó que estamos en Panamá, país donde logros importantes de individuos u organizaciones son mirados con desconfianza y sospecha, no importa si estos van claramente en beneficio del país. No anticipó que mientras hacía su trabajo, podrían surgir prácticamente de la nada voces impacientes que sin esperar el resultado de los estudios, por lo demás complejos, comenzarían a opinar cuestionando la validez de lo que aún no se conoce en detalle. Voces que exigirían información detallada, a pesar de que en todo el mundo no hay estudio o investigación científica de complejidad comparable al de la ampliación, cuyos resultados se hagan públicos antes de ser completados. Por tanto, la ACP debió asegurarse de que la ciudadanía estuviera mejor informada del progreso de los trabajos.
Curiosamente, dentro de los impulsores de las críticas se encuentran personalidades que en su momento estuvieron en una situación de poder que impulsó lo mismo que hoy critican. Ante este panorama uno tiene que preguntarse: ¿Dónde está la diferencia? ¿Será que la ampliación no es ahora tan necesaria como se anticipaba al darle a la ACP el mandato de proseguir con el proyecto? De ninguna manera. La fila de más de 100 buques que esperan actualmente en las entradas del Canal, reafirma que ahora, más que nunca, es crítico avanzar con la ampliación. Entonces, repito, ¿cuál es la diferencia? La única diferencia que encuentro es que los que cuestionan el proyecto no son los grandes protagonistas del mismo. Pudieron serlo, pero no lo son. Si hubieran sido, estarían haciendo exactamente lo mismo que hace la ACP hoy. Simplemente porque es lo que corresponde.
La situación actual obliga a decir las cosas con todas las letras. La expansión del Canal es necesaria. ¡Urgentemente necesaria! El futuro del país depende mucho de este proyecto y, por supuesto, de lo que nosotros los panameños hagamos con las oportunidades que se nos presentarán en el futuro. Porque si bien un canal ampliado tendrá un efecto positivo sobre todo el país, las verdaderas ventajas resultarán de cómo sepamos aprovechar su presencia en el Istmo para llevar a Panamá al umbral del desarrollo. Convertirnos en un nodo clave dentro del sistema de transporte marítimo internacional es una posibilidad muy real. Esto lo logró COPA con el transporte de pasajeros y debería servirnos como ejemplo e inspiración.
Hoy el Canal y el país pueden mostrar orgullosos el éxito de esa política. La ACP cuenta actualmente con un equipo humano idóneo a todos los niveles de la organización, que ha superado con creces las expectativas que de él se tenía. Ha sabido desempeñar con eficiencia las responsabilidades que el pueblo panameño le asignó, que incluyen, además de la operación, modernización y mejoras de la vía acuática, el llevar a cabo estudios detallados que establezcan la viabilidad técnica y económica de la ampliación del Canal. Esto último como tema de Estado e interés nacional.
Pienso que todos estamos de acuerdo en que el equipo que maneja la ACP está haciendo un excelente trabajo. Somos testigos de cómo la administración actual ha creado una organización eficiente, moderna y de altísimo nivel técnico, que opera un negocio del que se benefician tanto el usuario como al país. Una organización que por sus logros se ha ganado el respeto y confianza de todos los que forman parte de la inmensa infraestructura que maneja el comercio marítimo mundial y del pueblo panameño en general.
Si esto es así, ¿por qué los cuestionamientos actuales? Difícil encontrar una respuesta a esta pregunta. Sin embargo, intuyo que la ACP, confiada en que tenía (y en realidad tiene) la confianza de la ciudadanía, se dedicó con seriedad a hacer lo que mejor sabe hacer: operar el Canal, administrar las cuencas que proveen de agua al sistema y a la ejecución de estudios serios y profundos que definieran claramente el qué, el cómo y el cuando de la ejecución de la expansión. Sabiendo que somos un país al que no le sobran recursos, buscó con empeño toda la información necesaria en que basar una decisión por demás difícil. Buscó, sobre todo, cómo ejecutar la obra sin comprometer ni al Canal, ni al país. Ingenuamente cometió la inocentada de creer que lo importante era servir al país y a ello dedicó todo su esfuerzo pensando que el apoyo a este trabajo estaba garantizado. Evidentemente se equivocó.
Concentrada en recolectar y analizar las cientos de variables que afectan simultáneamente, tanto positiva como negativamente al proyecto, se distrajo y olvidó que estamos en Panamá, país donde logros importantes de individuos u organizaciones son mirados con desconfianza y sospecha, no importa si estos van claramente en beneficio del país. No anticipó que mientras hacía su trabajo, podrían surgir prácticamente de la nada voces impacientes que sin esperar el resultado de los estudios, por lo demás complejos, comenzarían a opinar cuestionando la validez de lo que aún no se conoce en detalle. Voces que exigirían información detallada, a pesar de que en todo el mundo no hay estudio o investigación científica de complejidad comparable al de la ampliación, cuyos resultados se hagan públicos antes de ser completados. Por tanto, la ACP debió asegurarse de que la ciudadanía estuviera mejor informada del progreso de los trabajos.
Curiosamente, dentro de los impulsores de las críticas se encuentran personalidades que en su momento estuvieron en una situación de poder que impulsó lo mismo que hoy critican. Ante este panorama uno tiene que preguntarse: ¿Dónde está la diferencia? ¿Será que la ampliación no es ahora tan necesaria como se anticipaba al darle a la ACP el mandato de proseguir con el proyecto? De ninguna manera. La fila de más de 100 buques que esperan actualmente en las entradas del Canal, reafirma que ahora, más que nunca, es crítico avanzar con la ampliación. Entonces, repito, ¿cuál es la diferencia? La única diferencia que encuentro es que los que cuestionan el proyecto no son los grandes protagonistas del mismo. Pudieron serlo, pero no lo son. Si hubieran sido, estarían haciendo exactamente lo mismo que hace la ACP hoy. Simplemente porque es lo que corresponde.
La situación actual obliga a decir las cosas con todas las letras. La expansión del Canal es necesaria. ¡Urgentemente necesaria! El futuro del país depende mucho de este proyecto y, por supuesto, de lo que nosotros los panameños hagamos con las oportunidades que se nos presentarán en el futuro. Porque si bien un canal ampliado tendrá un efecto positivo sobre todo el país, las verdaderas ventajas resultarán de cómo sepamos aprovechar su presencia en el Istmo para llevar a Panamá al umbral del desarrollo. Convertirnos en un nodo clave dentro del sistema de transporte marítimo internacional es una posibilidad muy real. Esto lo logró COPA con el transporte de pasajeros y debería servirnos como ejemplo e inspiración.