La insurrección intelectual de la mujer
Pese a que la familia, los medios y la política son los escenarios habituales donde aún se escuchan a muchos varones panameños expresar, de manera consciente y deliberada, burlas crueles y pesadas contra las mujeres que en nuestro país se han atrevido a contradecir las tradiciones familiares, a debatir las creencias sociales, a cuestionar los dogmas religiosos que atentan contra la salud y la libertad sexual, las panameñas han sabido ganarse importantes victorias, especialmente en el campo de la educación y la cultura.
La educación le ha permitido a la mujer panameña el acceso a posiciones de poder que antes le estaban cerradas. Los datos más relevantes se registran en la Universidad de Panamá, donde tres de cada cuatro graduandos son mujeres. Según un estudio del Instituto de Estudios Nacionales (IDEN), en el 2002, el 75 % de los graduados fue mujeres, y este año la "feminización de la matrícula" fue de un 64%. Por otro lado, el mayor índice académico de la mayoría de las carreras, un fenómeno que se repite en casi todas las universidades, corresponde a la población femenina. Es más, en las únicas tres facultades (Informática, Electrónica y Comunicación) donde hay una mayoría de hombres graduados, la diferencia es muy leve.
Muchos son los cambios que se observan de manera imperceptible. La participación de la mujer en las tertulias literarias es notablemente mayor. Las escritoras están en su mejor momento y las editoriales así lo confirman. Y aunque no exista una correlación de estas tendencias con la representación del poder político, sólo un 7%, la mujer moderniza su lenguaje, el contenido de su discurso y se moviliza en todas las direcciones.
En muchos aspectos, esta valorización del oficio de mujer anuncia la reivindicación feminista de los años 60; sin embargo, se han creado dos corrientes a nivel nacional, una claramente conservadora y otra que procura elevar la igualdad y la independencia del género. La primera es donde se asientan industrias como Matel, que vende a nivel mundial dos Barbie por segundo, a pesar de que esta muñeca es casi una cincuentona, ya que fue creada en 1959.
En Panamá, muchos políticos no ocultan su conservadurismo sobre la mujer y defienden con criterios sexistas sus opiniones, afirmando que el desarrollo podrá darse sin la enérgica visión femenina. Es alarmante la misoginia que se observa en la política panameña, sea de derecha o de izquierda, en el partido gobernante y de oposición por igual, y que procura dejarlas sólo en el ámbito de lo privado (familia), donde por siglos las han confinado; es decir, en la retaguardia del hogar o al frente de la cocina.
Pero no en vano ha pasado más de un siglo desde los primeros movimientos sociales donde las mujeres del planeta emergieron de los sótanos de sus casas para reclamar sus derechos por lo que tendrán que reconocer que el siglo XX pasará a la historia como el del cambio político y social de la equidad de género. La mujer supo ganar a pulso su derecho al voto, el acceso a la escuela, a competir por el trabajo, el poder público, el liderazgo en las empresas, a la libertad de pensamiento, de conciencia y de creencia.
Hay que admitir que el mejor escenario para el entendimiento de la lucha por los derechos humanos de la mujer ha sido sin duda el empeño de la ONU. Gracias a este organismo, celebramos el 8 de marzo el 30 aniversario de la primera conferencia sobre la mujer que se dio en México en 1975, y los 10 años de la más interesente y progresista Plataforma de Acción de la Cuarta Conferencia Mundial de la Mujer que se realizó en Pekín en 1995. Han transcurrido 10 largos años desde que muchas asistimos en Beijing a debatir sobre las propuestas que han sido incorporadas hoy como Metas para el Desarrollo del Milenio, las cuales han sido suscritas por más de 191 naciones.
Pese a que nuestros gobiernos firman acuerdos que después no cumplen, se ha tomado conciencia que el desequilibrio global no podrá corregirse si no se resuelve el desequilibrio social que afecta a la mujer en todos los aspectos. Sin embargo, si en Panamá crece la tendencia que se observa desde los centros de poder, donde se intenta relegarlas al ámbito de lo tradicional, estaremos alejándonos de las posibilidades de acercarnos al desarrollo que nos prometen los candidatos mientras nos aplican el veto cuando buscan el voto.
La educación le ha permitido a la mujer panameña el acceso a posiciones de poder que antes le estaban cerradas. Los datos más relevantes se registran en la Universidad de Panamá, donde tres de cada cuatro graduandos son mujeres. Según un estudio del Instituto de Estudios Nacionales (IDEN), en el 2002, el 75 % de los graduados fue mujeres, y este año la "feminización de la matrícula" fue de un 64%. Por otro lado, el mayor índice académico de la mayoría de las carreras, un fenómeno que se repite en casi todas las universidades, corresponde a la población femenina. Es más, en las únicas tres facultades (Informática, Electrónica y Comunicación) donde hay una mayoría de hombres graduados, la diferencia es muy leve.
Muchos son los cambios que se observan de manera imperceptible. La participación de la mujer en las tertulias literarias es notablemente mayor. Las escritoras están en su mejor momento y las editoriales así lo confirman. Y aunque no exista una correlación de estas tendencias con la representación del poder político, sólo un 7%, la mujer moderniza su lenguaje, el contenido de su discurso y se moviliza en todas las direcciones.
En muchos aspectos, esta valorización del oficio de mujer anuncia la reivindicación feminista de los años 60; sin embargo, se han creado dos corrientes a nivel nacional, una claramente conservadora y otra que procura elevar la igualdad y la independencia del género. La primera es donde se asientan industrias como Matel, que vende a nivel mundial dos Barbie por segundo, a pesar de que esta muñeca es casi una cincuentona, ya que fue creada en 1959.
En Panamá, muchos políticos no ocultan su conservadurismo sobre la mujer y defienden con criterios sexistas sus opiniones, afirmando que el desarrollo podrá darse sin la enérgica visión femenina. Es alarmante la misoginia que se observa en la política panameña, sea de derecha o de izquierda, en el partido gobernante y de oposición por igual, y que procura dejarlas sólo en el ámbito de lo privado (familia), donde por siglos las han confinado; es decir, en la retaguardia del hogar o al frente de la cocina.
Pero no en vano ha pasado más de un siglo desde los primeros movimientos sociales donde las mujeres del planeta emergieron de los sótanos de sus casas para reclamar sus derechos por lo que tendrán que reconocer que el siglo XX pasará a la historia como el del cambio político y social de la equidad de género. La mujer supo ganar a pulso su derecho al voto, el acceso a la escuela, a competir por el trabajo, el poder público, el liderazgo en las empresas, a la libertad de pensamiento, de conciencia y de creencia.
Hay que admitir que el mejor escenario para el entendimiento de la lucha por los derechos humanos de la mujer ha sido sin duda el empeño de la ONU. Gracias a este organismo, celebramos el 8 de marzo el 30 aniversario de la primera conferencia sobre la mujer que se dio en México en 1975, y los 10 años de la más interesente y progresista Plataforma de Acción de la Cuarta Conferencia Mundial de la Mujer que se realizó en Pekín en 1995. Han transcurrido 10 largos años desde que muchas asistimos en Beijing a debatir sobre las propuestas que han sido incorporadas hoy como Metas para el Desarrollo del Milenio, las cuales han sido suscritas por más de 191 naciones.
Pese a que nuestros gobiernos firman acuerdos que después no cumplen, se ha tomado conciencia que el desequilibrio global no podrá corregirse si no se resuelve el desequilibrio social que afecta a la mujer en todos los aspectos. Sin embargo, si en Panamá crece la tendencia que se observa desde los centros de poder, donde se intenta relegarlas al ámbito de lo tradicional, estaremos alejándonos de las posibilidades de acercarnos al desarrollo que nos prometen los candidatos mientras nos aplican el veto cuando buscan el voto.