default

La internacionalización del caso de Honduras, el ALBA: vía la OEA


Si alguna vez pudo dudarse de que el caso de Honduras había sido pensado por sus estrategas en oposición al concepto de democracia y de la economía social de mercado y específicamente en oposición a los Estados Unidos de América como mandamás imperial de todo el resto de los países especialmente latinoamericanos, el discurso del presidente Hugo Chávez Frías ante la Asamblea General de las Naciones Unidas no deja ninguna incertidumbre sobre tal propósito.

En la creación del ALBA, acaecida el 14 de diciembre de 2004, sólo participaron Cuba y Venezuela. En un quid pro quo, la primera ofrecía notoriedad internacional y continuidad a lo interno a cambio de dinero producto del petróleo y de ello lograba, además, la superación del aislamiento impuesto por los Estados Unidos. En este proyecto se unió Bolivia y paulatinamente los demás países que hoy lo conforman, se formó un núcleo que basado en la fuerza que da la unión ha ido influenciando a otros Estados para propagar sus concepciones sobre la vida política y económica, no sólo con ideas sino con armas y dinero. Según ellos, en virtud de la difusión de su Alianza la geopolítica mundial quedaría así alterada presuntamente a favor de los países pobres o marginados en contra sobre todo de los Estados Unidos y de los principales países europeos. Desde este contexto, Chávez con su liderazgo y manejo de los hilos de la situación del ex presidente Zelaya sería el sustituto hegemónico de Fidel Castro en el área , ya que ni Raúl Castro ni los otros dirigentes cubanos han demostrado acción relevante alguna en apoyo del derrocado mandatario, más bien su comportamiento ha sido confuso por su ausencia. Dado el fracaso relativo de las gestiones del ALBA vía la OEA para la reinstalación de Zelaya Rosales en el poder, Lula da Silva, Presidente de Brasil, ha jugado un papel criticable al hacerse con la carga de brindarle su apoyo explícito, sobrepasando las reglas de cortesía, respeto y no intervención en los asuntos internos entre los Estados; al romper relaciones con Honduras y declarar “invitado” a Zelaya en una sede diplomática que ya no lo es, recibiéndole en un edificio que por esta razón tampoco es ya embajada. Por lo tanto uno puede preguntarse si aún cabe la aplicación de la ficción jurídica de territorio protegido por la extensión de la soberanía en suelo extranjero y si es aceptable o medianamente tolerable la solicitud que ha hecho Brasil de que los militares hondureños no rodeen el edificio donde se encontraba su sede diplomática.

Este comportamiento rompe con los antecedentes de la política internacional brasileña. En el caso de Panamá cuando la oposición democratizadora llevó su caso a la OEA y allí se discutió en varias Asambleas Generales, Brasil nunca tomó ninguna acción que enfrentara al régimen militar panameño argumentando que los gobiernos de dicho régimen eran legales y por tanto ellos no podían intervenir a favor de un cambio ni aún en materia de derechos humanos electorales.

Nos preguntamos: ¿Qué hará Brasil si como todo indica se llegara a las elecciones generales y al triunfo de uno de los candidatos que han sido convocados tanto por el propio Zelaya como por Micheletti para el 29 de noviembre?

Sin embargo, en la búsqueda de una solución democrática del caso hondureño ha sido de gran relevancia el papel que ha jugado el Presidente de Costa Rica Oscar Arias, Premio Nobel de la Paz, cuya mayor contribución ha sido lograr que la atención de las potencias se centre en la próximas elecciones como recurso expedito que desate el nudo gordiano hondureño.

Fallando este primer intento de internacionalización de la situación de Honduras comienza a plantearse una segunda tentativa a través de los organismos de la Naciones Unidas, en el próximo artículo hablaré de este tema.

*Ex Presidente de la Internacional Demócrata Cristiana

ariyan@cableonda.net

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América