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La intolerancia no es democrática


Tolerar no significa admitir, mucho menos aprobar tal o cual posición, pero si en los últimos 20 años algo quedó claro en Panamá, es que la tolerancia no debe ser sólo una palabra, si no una norma de conducta. Y hay que ver la situación a la que se han enfrentado aquellos que han transgredido esta especie de norma consuetudinaria. Ha sido así porque en gran medida el que Panamá viva hoy en democracia fue el resultado de muchas batallas contra la intolerancia dictatorial. Así que mal pueden violentar esta conquista aquellos que lucharon por ella. Después de los incidentes del dos de noviembre en el cementerio, pocos hablan del contenido del discurso allí ofrecido. Nadie discute si el orador tuvo o no razón. Eso aparece como lo menos relevante. Lo que le dio relevancia fue la forma como fue rechazado por una alta autoridad del Estado. Digamos que fue fruto de la inexperiencia, o del disgusto, que una apreciación como la emitida pueda causar en quien la rechazó. Aun así nada justifica la reacción, no solo por la relevancia otorgada a la disertación, sino porque quienes dirigen un país son los llamados a mostrar el camino que deben seguir los demás ciudadanos. Debe servir el incidente para los retos futuros, y la forma como deben ser administradas las reacciones oficiales.

101 años de Panamá América

 
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