La invasión y la verdad
Jubilado canalero
En repetidas ocasiones he escrito que los militares norteamericanos debieron haber apresado a Noriega en una de sus caminatas por Fuerte Amador, en lugar de haber dado muerte a tantos panameños, supuestamente porque querían desmantelar las Fuerzas de Defensa.
Ya resulta ocioso recordar que USA amamantó a los gorilas locales y, en particular, a Noriega le prodigaron toda clase de elogios en cartas que le enviaron prominentes funcionarios gringos, tales como los directores de la CIA y del Consejo Nacional de Seguridad. Por esta y muchas otras razones, los gringos tenían la obligación de quitarnos de encima al que nos habían cargado.
De modo que fue una sorpresa para mí leer el editorial de este diario titulado "Acerca del 20 de diciembre de 1989", de la misma fecha. En el mismo se recuerda que Moisés Giroldi logró mantener detenido a Noriega, pero el ejército gringo se negó a llevárselo.
Fuera de sentirme enojado conmigo mismo por haber pasado por alto este hecho histórico, pienso que la edición señalada de El Panamá América contiene igualmente artículos muy valiosos acerca de la mencionada invasión bajo la firma de Raúl Leis y Rafael Pérez Jaramillo.
Transcurridos once años desde la fatídica invasión, creo que debe hacerse un esfuerzo más serio y continuado por escribir la historia de la misma y sus antecedentes. Nuestros jóvenes poco saben de los pormenores de la invasión y están expuestos a la propaganda de los seguidores de la narcodictadura, quienes se han apoderado del liderazgo del partido patrocinado, por no decir creado, por los narcodictadores. Además, están que se relamen de gusto con la perspectiva de volver al poder haciendo uso de las ventajas que les ofrece nuestra nueva e incipiente democracia.
Ya en 1994, un sector de los narcoseguidores logró hacerse del poder, con tan mala suerte que su líder máximo resultó ser un plomo y favoreció a los poderes oligárquicos y económicos de siempre.
La nueva dirigencia consta de jóvenes que se aferran al poder que obtuvo el partido de la narcodictadura y ondean banderas de Omar quien, después de todo, además de haber sido el mandamás durante la "desaparición" de Héctor Gallego y de otros crímenes fue, en mi opinión, quien hizo posible un monstruo como Noriega. A pesar de lo antes dicho, de alguna manera guardo la esperanza de que se desempeñen bien en democracia, mirando hacia el futuro y el bienestar de Panamá y todos sus hijos.
Y que no se diga que quiero vivir en el pasado y en amarguras. Pragmáticamente, veo posible que el partido de la narcodictadura llegue al poder en un futuro previsible. Lo que me interesa es que la historia patria que se escribió antes y después de la invasión "Causa Justa" sea fidedigna y, en efecto, justa. Da grima pensar que tantos jóvenes, de 25 años de edad y menos, han estado expuesto a la prostitución de la historia de un incidente que cobró centenares de muertos panameños.
Yo que viví los días del Viernes Negro y de la crisis de "cara-de-piña" pasé por alto el intento de Giroldi antes citado. Por ello me siento personalmente abochornado. ¿Qué se podrá decir de nuestra juventud que necesita mejor orientación histórica?
Agradezco profundamente la cobertura que le dieron nuestros medios de comunicación a la invasión del 20 de diciembre de 1989 en su undécimo aniversario.
Exhorto a nuestros historiadores e intelectuales a que aúnen esfuerzos para plasmar en un solo documento, un folleto quizás, la verdad integral de los acontecimientos dolorosos que llevaron a la invasión de marras. Esto es imperativo para informar a nuestra juventud que, en fin, representa el futuro de la patria.