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La izquierda desencadena la economía


Colaborador
Tanto Ronald Reagan como Margaret Thatcher impulsaron la reducción del impuesto sobre la renta, la privatización de las empresas del estado, menos poder para los sindicatos y un papel más limitado para el gobierno. La gran popularidad de sus administraciones provocó que los izquierdistas y socialdemócratas alrededor del mundo retrocedieran en muchas de sus tradicionales posiciones ideológicas y comenzaran a apoyar políticas de libre mercado. Paradójicamante, sólo estos partidos de izquierda han gozado de suficiente apoyo popular para introducir con éxito las reformas necesarias.
Las reformas de mercado por parte de la izquierda comenzaron en Nueva Zelanda en 1984. El gobierno laborista promulgó leyes que transformaron a esa pequeña nación en una de las economías más libres del mundo. Privatizó el correo y muchos otros servicios públicos y redujo los aranceles a uno de los niveles más bajos. Un país donde las negociaciones laborales eran centralizadas y condiciones aplicadas a industrias enteras se transformó, permitiendo gran flexibilidad a los patronos en la contratación y despido de personal, además de pagar salarios determinados por el mercado.
Pero quizá el mejor ejemplo lo encontremos en Estados Unidos. El Partido Demócrata siempre había sido partidario del gobierno grande, pero se dio cuenta de la popularidad del Contrato con América presentado por el Partido Republicano, el cual buscaba reducir el tamaño del estado y reducir el paternalismo. Clinton declaró que "la era del gobierno grande había pasado" y su administración dio marcha atrás y accedió limitar el tiempo en que las familias reciben ayuda gubernamental, redujo el déficit presupuestario y fomentó el comercio.
La reforma de la beneficencia pública fue un cambio de 180 grados por parte del Partido Demócrata, el cual se había opuesto a que las mujeres que reciben cheques de asistencia gubernamental trabajasen. Paradójicamente, Bill Clinton puede ahora decir que la reforma de la beneficencia estatal ha sido uno de sus principales logros.
Otro ejemplo lo encontramos en las políticas económicas mexicanas de los años 80 y 90. El PRI, partido que ha gobernado a México por siete décadas, había sido gran defensor del control estatal de la industria pesada, de aranceles prohibitivos a las importaciones para proteger a la industria nacional y extensas regulaciones laborales y de los mercados financieros. Pero comenzando con el presidente Miguel de la Madrid, a principios de los años 80, el PRI escuchó las críticas de quienes promulgaban el libre mercado y procedió a vender muchas empresas estatales, privatizando parcialmente el sistema de Seguro Social y promoviendo tratados comerciales con Estados Unidos, su "enemigo" tradicional.
En Argentina recientemente el Senado reaccionó a las altas tasas de desempleo, reformando la legislación laboral, debilitando a los sindicatos y permitiéndole mayor flexibilidad a los empleadores en la contratación y despido. Esta reforma está siendo promovida por el nuevo gobierno de centro izquierda de Fernando de la Rúa, lo cual su antecesor, Carlos Menem, no había logrado hacer.
Cambios recientes en Alemania y Francia son también ejemplos impresionantes de flexibilidad en la ideología partidista de la izquierda. Ambos países han sufrido de altos niveles de desempleo y bajo crecimiento económico, en gran parte debido a la pesada mano reguladora del estado en el mercado laboral y otros mercados. Anteriores gobiernos conservadores en estos países no lograron instrumentar reformas, a pesar de su extensa retórica. Gobiernos de izquierda, con programas para reducir el desempleo y fomentar el crecimiento fueron elegidos en ambas naciones hace un par de años.
Aunque ambos regímenes comenzaron con nuevos controles, incluyendo la reducción de la semana de trabajo a 35 horas en Francia, los dos cambiaron el rumbo rápidamente y se están acercando a las políticas del Partido Laborista inglés bajo Tony Blair. El canciller alemán, Gerhard Schroeder ha propuesto reducir los impuestos corporativos, fomentar la creación de nuevas empresas y dar incentivos impositivos a los programas privados de pensiones. El premier francés, Lionel Jospin, calladamente ha liberalizado el mercado laboral, a la vez que promueve un sistema financiero globalmente competitivo y con menos control gubernamental.
Si un adalid de la guerra fría como Richard Nixon pudo buscar acuerdos con los chinos comunistas en contra del enemigo común, la Unión Soviética, es un paso más fácil para Tony Blair apoyar el mercado y para los socialdemócratas alemanes reducir los impuestos a las empresas.

101 años de Panamá América

 
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