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¿La justicia al desnudo?




En un bochornoso incidente escenificado en la principal sala de audiencias del Órgano Judicial, un hombre vestido y maquillado como un payaso, especialmente contratado para el agasajo del día de la secretaria, comenzó a quitarse la ropa, en medio de una danza voluptuosa, ante un público femenino que no salía de su asombro por el inusitado espectáculo.
Lo ocurrido, desde una óptica benevolente, pudiera haber sido el resultado de un accidente, pues el acto fue programado y organizado por el despacho de la Presidenta de la Corte Suprema. Alguno que así quisiera enfocarlo, le echará la culpa al atrevido actor, pero lo cierto es que los payasos que la gente contrata para animar las fiestas privadas no se quitan la ropa como parte de su trabajo. Distinto ocurre con esa otra -muy distinta en su naturaleza- práctica de contratar a un desnudista o "stripper", que hace algo más que animar a los convidados.
Los sujetos que se ganan la vida navegando entre el exhibicionismo y la apelación a las pulsiones sexuales de la concurrencia se disfrazan de cualquier cosa para hacer su entrada. Pudiera, pues, concluirse que el protagonista del festejo judicial era un profesional del desnudo y no un inocente payaso que repentina e imprevisiblemente se excedió en su rol. Cabe preguntarse: ¿Se necesita una reforma legal, o un pacto de Estado por la Justicia, para que la magistrada presidenta reconozca que se cometió un grave error, se avergonzó al personal y se profanó la sede del que debiera ser el más solemne de los órganos del Estado?
A partir de ahora, a lista de agravios públicos que arrastra la Corte Suprema y que han sido precisados por las organizaciones de la sociedad civil, tales como selectividad en su decisiones, falta de independencia de sus magistrados, mora en la provisión de respuestas, lentitud selectiva en la gestión, llegando a denuncias de corrupción y de promoción de la impunidad, habrá que sumar la preocupante degradación moral de lo que solían ser los actos más sencillos y simples de agradecimiento al compromiso del servidor público. Quizás lo ocurrido no sea más que un aldabonazo a la conciencia ciudadana sobre cómo anda el liderazgo de la justicia panameña.

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