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La justicia exhausta


Hace poco tuve la oportunidad de visitar algunos de los tribunales que funcionan en el área de Ancón. Debo advertir que como litigante que he sido, tales visitas forman parte del quehacer tribunalicio para un abogado. Me incomodó sinceramente las medidas que por razones presupuestarias, han sido puestas en vigencia para racionalizar el gasto. Comprendemos que es una especie de necesidad el evitar el incremento en el gasto de funcionamiento, no obstante, limitar las condiciones ambientales de los muchos funcionarios que allí laboran, apagando los aparatos del aire acondicionado, representa a mi juicio, un ahorro económicamente injustificado.
Si medimos el nivel de producción y del rendimiento cuando se labora hostigado por el calor, humedecido por el sudor, exhausto por la pérdida de las condiciones físicas que deben tenerse para producir los mejores fallos, estamos ante una medida inapropiada, injusta y además inconveniente. Pienso que existen otras áreas del gasto público, en el Organo Judicial, donde quizás el ahorro sería más efectivo, si cuantificamos el costo de la energía y lo que se podría economizar limitando la movilización vehícular, reduciendo el uso del papel en sentencias kilométricas, muchas de las cuales son repetición de otros fallos mal aplicados, y por que no, aplicando el alquiler de la cafetería y del centro de copias al pago de la energía.
Algunos despachos presentan un cuadro tétrico con la excesiva cantidad de expedientes sobre los pupitres, restándole espacio a los funcionarios e incomodando a los usuarios. Bajo condiciones tan deplorables, nuestra justicia se presenta exhausta, con un sistema y agotado, que apenas impide en algunos casos el incremento de la morosidad judicial. Atender a un abogado litigante se convierte cada vez en un ceremonial, lo que provoca la censura de algunos y calificativos inmerecidos algunas veces, todo porque la exigencia de un pronunciamiento harto demorado, proclama la necesidad urgente de una revisión integral al sistema.
Cuando observamos las audiencias, con presencia de varios abogados, más los familiares de los imputados, en el reducido espacio, algunos ocupados con archivadores y expedientes que no tienen donde ubicar, además de voluminosas evidencias, tenemos que comprender la difícil situación por la que atraviesa nuestro servicio de justicia. Buscar al culpable no resuelve nada, sino que es preciso redoblar esfuerzos para mitigar la precaria situación que ahoga y mantiene estancada y exhausta a nuestra justicia, Para ello es imprescindible que quienes dirigen el Organo Judicial, no solo se enteren por información, sino que acudan a esos tribunales con regularidad, que bajen de sus cómodos despachos y compartan la situación, para encontrar paliativos por ahora, y soluciones más satisfactorias posteriormente.
Por otro lado, debo reconocer que también los abogados tenemos nuestra parte importante de responsabilidad, algunos por contribuir con demandas ineficaces a la morosidad, otros por insistencia en recursos dilatorios y algunos por alejamiento de dichos despachos. Todo esto luce como la parte opaca del sistema. Sin embargo, deseo resaltar la amabilidad del personal subalterno especialmente, que con gran cariño y profesionalismo, responden a las exigencias diarias, brindando un esfuerzo adicional para que haya satisfacción en el usuario. Entre los Jefes de despacho, hay quienes corresponden con elevación cultural a la demanda de atención, otros se caracterizan por la displicencia, tras lo cual se oculta la mediocridad o al menos pretenden ocultarla. No es así como se hace honor al sistema, ni se pierde nada siendo cortés y productivo. Los que más producen, son precisamente los más amables, quizás porque sienten responsabilidad de brindar un servicio cónsono con la calidad del cargo.
Hagamos algo por mejorar las condiciones ambientales de los trabajadores de la justicia. Aún solicitando un crédito a nivel gubernamental a la empresa que suministra el servicio energético, y se le reconozca al momento de pagar los impuestos. Alguna solución tenemos que sugerir, y allí está la mía.

101 años de Panamá América

 
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