La justicia panameña, una mujer maltratada
Engañada, abusada, y ahora abandonada, la justicia panameña comienza a parecerse a las mujeres que sufren de la violencia diaria. Aquí el macho abusador es el poder, al que no le importan consideraciones éticas de ningún tipo, ni se limita en sus pervertidos deseos por temor a que se dañe su imagen. La justicia que el pueblo panameño pide recibe un golpe cuando los tribunales, y no sólo la Corte Suprema, fallan contra el derecho con total impunidad; es engañada cuando se le prometen reformas a través de un pacto que los firmantes no se sienten obligados a cumplir; se le deja abandonada cuando todos los actores buscan excusas para decir que no pueden hacer nada. Para aumentar la crispación de la víctima, se dice que no se puede hacer nada que atente contra la institucionalidad.
Si la noble figura muestra una venda sobre sus ojos, fue para conducirse con imparcialidad, no para que se rieran de ella en su cara y el irrespeto no tuviese consecuencias. Si su mano derecha sostiene una balanza, es porque desea calibrar las razones de las partes en conflicto y no a las partes mismas; pero a la pobre justicia panameña le han trucado la báscula con artificios y leguleyadas que no convencen a nadie, como lo deja ver los propios votos de oposición a la mayoría que se emiten en el más alto tribunal. La mano izquierda que sostiene una espada en posición de descanso, es una señal de que la noble dama está preparada para hacer cumplir sus decisiones por la fuerza, si ello es necesario. Pero aquí hay la certeza de que el filo es sólo para los pobres y los que están lejos del poder, pues nada le va a pasar a los corruptos poderosos, porque los que tienen los privilegios (junto con los más altos salarios) están muy a gusto con ellos y no quieren perturbar la paz de su existencia. ¡Pobre justicia panameña! ¿Hasta cuándo?
Si la noble figura muestra una venda sobre sus ojos, fue para conducirse con imparcialidad, no para que se rieran de ella en su cara y el irrespeto no tuviese consecuencias. Si su mano derecha sostiene una balanza, es porque desea calibrar las razones de las partes en conflicto y no a las partes mismas; pero a la pobre justicia panameña le han trucado la báscula con artificios y leguleyadas que no convencen a nadie, como lo deja ver los propios votos de oposición a la mayoría que se emiten en el más alto tribunal. La mano izquierda que sostiene una espada en posición de descanso, es una señal de que la noble dama está preparada para hacer cumplir sus decisiones por la fuerza, si ello es necesario. Pero aquí hay la certeza de que el filo es sólo para los pobres y los que están lejos del poder, pues nada le va a pasar a los corruptos poderosos, porque los que tienen los privilegios (junto con los más altos salarios) están muy a gusto con ellos y no quieren perturbar la paz de su existencia. ¡Pobre justicia panameña! ¿Hasta cuándo?