La justicia y la vieja máquina de escribir
El discurso de modernización del Órgano Judicial no convence. Al hacer énfasis en aspectos que tienen que ver con las condiciones externas en que trabajan los juzgados se pierde de vista que no es la ausencia de computadoras, o el retraso tecnológico, el principal problema que enfrenta este órgano del Estado.
Es perfectamente posible dictar una sentencia justa y bien razonada en una vieja máquina de escribir, y es perfectamente probable que en una computadora con el procesador mas veloz y conectada a una red de alta velocidad, se cometen entuertos e injusticias. La corrupción, por lo general, se siente más cómoda, con alta tecnología. El problema de nuestra justicia no radica principalmente en el problema de los medios que utilizan.
Sus problemas están concentrados en el área humana, en la credibilidad de sus funcionarios, en la calidad ética de sus actuaciones, en su capacidad de comunicar una decisión a la sociedad a través de una sentencia, en los conocimientos que poseen o no poseen, y no se puede pasar por alto, en su capacidad de gerenciar la institución. Se ha dicho tantas veces: la justicia necesita ser bien administrada. Detrás de cada gotera que afecta a un tribunal hay un mal administrador.
En el desorden que se produce con el archivo de los expedientes, lo que debemos ver es una incapacidad de administrar un despacho. El problema es grave, es profundo, y no se remediará con obras de infraestructura, con computadoras, ni con pintura para el edificio. La actual Presidencia de la Corte Suprema no ha podido convencer ni aportar nada nuevo sobre uno de los problemas más acuciantes de nuestra época: reformar la justicia. ¿Será que la justicia es incapaz de reformarse a sí misma?