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La juventud y las drogas


GRAN parte de la juventud actual atraviesa por una tremenda crisis moral, que la lleva a manifestarse y rebelarse de diversas formas. Los jóvenes se encuentran confundidos y presionados para asumir patrones de conducta y culturales de otras sociedades y países más desarrollados que el nuestro, pero también más descontrolados y descompuestos en sus valores. Los jóvenes "idealizan" a los grupos y cantantes de rock e imitan su comportamiento, formas de vestir y también, desafortunadamente, su forma de vida en la que muchos consumen drogas.
La droga es uno de los terribles flagelos que azota a nuestra juventud. Su uso desmedido ha traído dolor, sufrimiento y luto a muchos hogares. El problema del consumo de drogas en nuestro país es grave, siendo la población joven la más expuesta a sus efectos nocivos. Este terrible y destructivo flagelo está contribuyendo cada vez más a la destrucción de nuestras familias y la sociedad.
Los jóvenes, usualmente, prueban la droga por curiosidad, influencia de compañeros o amigos, ser "parte" de un grupo, apatía, pérdida de identidad o en busca de una experiencia espiritual. Por el motivo que sea, el consumo de drogas, tanto las legales como las ilícitas, está causando graves daños a la juventud de nuestro país, a la integridad de sus familias y al bienestar de la sociedad en general.
Tristemente, las drogas ilícitas como la marihuana, cocaína, heroína, crack o piedra son relativamente fáciles de adquirir en lugares muchas veces frecuentados por jóvenes. Las drogas "legales" como el alcohol y los cigarrillos, son comercializadas libremente en muchos países del mundo. Esto las convierte en artículos de consumo atractivos y son adquiridas fácilmente hasta por los jóvenes menores de edad.
La juventud representa el futuro de la patria. La sociedad espera muchas cosas de los jóvenes, tales como mantener la continuidad de instituciones como la familia que fue creada por Dios para asegurar el bienestar integral del ser humano.
En su gran sabiduría, Dios creó la familia como núcleo primario para el desarrollo de la persona en el amor dentro de la plena convivencia humana. En el ambiente propicio del hogar, el padre y la madre imparten a sus hijos las primeras enseñanzas y siembran en ellos las semillas de las virtudes, de los valores morales y cívicos que han de guiarlos por los senderos de la vida.
La familia brota, pues, del mismo corazón de Dios para ser la primera escuela del hombre, la base fundamental de la sociedad encargada de entrenar primeramente al individuo en las normas, valores y costumbres socialmente aceptadas.
En la familia, con sus padres como maestros, el niño aprende las lecciones de obediencia, dominio de sí mismo, respeto por todas las demás personas, así como la reverencia y el amor a Dios.
No existe mejor medio que la familia para criar y educar a los hijos como seres humanos capaces de obrar como hombres y mujeres responsables. La familia es el vehículo por medio del cual se reproducen modos de pensar y sentir, proporcionando a sus miembros protección económica, seguridad, afecto y educación, además de engendrar comunión, esperanza, amor al prójimo y sobre todo a Dios.
Los estímulos que proporciona la sociedad se dirigen sólo hacia el éxito económico. Se fijan normas de vida por medio de la publicidad comercial y las personas viven obsesionadas por el afán de consumir, creando así valores éticos que contrastan con los principios básicos de nuestras creencias cristianas y de la educación.
Los padres de familia, amigos y vecinos de todas y cada una de las diferentes comunidades, al igual que los educadores al servicio de los jóvenes de nuestra patria y demás autoridades en general, juegan un papel muy decisivo e importante. Tienen la importantísima misión de formar conciencia en toda la juventud sobre el peligro mortal que entraña el consumo de drogas y su influencia dañina en el desarrollo socio-económico, de salud, educativo y moral de nuestro pueblo.
Jóvenes, ustedes están siempre presentes en el corazón de Dios y en el de sus padres y familias. Rompan con esa dependencia y esclavitud de los vicios e incorpórense a la tarea de construir una sociedad mejor. El Señor los necesita para construir la civilización del amor. Recuerden que sólo con Él, ustedes podrán ser... ¡Invencibles!

101 años de Panamá América

 
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