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La juventud y su capacidad participativa


Aunque hay formas de definir la capacidad participativa, parece existir consensos sobre dos de sus elementos claves: confianza interpersonal (componente subjetivo) y asociatividad (componente objetivo). Lo cierto es que una mayor capacidad participativa abre oportunidades para el desenvolvimiento de la profundización de la democracia con participación ciudadana, de mayor calidad y con mejores opciones de cambios positivos para un país que le urge.
Confianza interpersonal: "La confianza interpersonal es una actitud subjetiva hacia las relaciones sociales, que facilita asumirlas positivamente por la expectativa de reciprocidad y de lealtad. Esta expectativa es aprendida y confirmada socialmente La reciprocidad y lealtad no se refieren únicamente al cumplimiento de un compromiso determinado. Atañe también al seguimiento de "las reglas del juego", aún en condiciones de diferencia u oposición.
Desde el punto de vista del conjunto de la sociedad, la confianza extendida posibilita el desarrollo de un entramado de relaciones y confianzas multidireccional, que dinamiza procesos para beneficio de la comunidad como un todo. La ausencia de esa confianza puede generar en el ámbito colectivo formas de exclusión o privilegios específicos."(Procesos, 2001)
Los/las jóvenes estudiantes panameños de secundaria, según la encuesta de Procesos, parten de puntos de vista diversos sobre el ambiente de confianza en que viven, cuando expresan opiniones están divididas (44% que sí y 42% que no, con un 14% que no sabe o responde) cuando se les pregunta sin creen que la mayoría de la gente de donde ellos viven, trataría de aprovecharse si se les presenta la oportunidad.
Pese a esto, el 60% opina que a la gente del lugar donde vive se le puede tener mucha (14%) o alguna (46%) confianza. En cambio el 38% piensa que poca (30%) o nada (9%) confianza. Las opiniones de más confianza son más enfatizadas en los mejores niveles socioeconómicos que viven en sectores de menos pobreza y descomposición social, y los que expresan menor confianza se sitúan en los más bajos niveles socioeconómicos. Como en el caso del valor solidaridad que vimos la semana pasada, los/las jóvenes perciben un ambiente hostil o negativo, pero reaccionan con apuestas de confianza.
La asociatividad: es el componente objetivo de la capacidad participativa, visualizado en la cantidad de organizaciones y redes a las que pertenecen las personas. Una tercera parte (32%) de la muestra no participa en ninguna asociación, con más peso en las mujeres y en los/las estudiantes de quinto año. Las razones son el no poder o no tener tiempo (25%), no tener la oportunidad (18%), no llama la atención (11%) o no gustan (7.7%).
Entre los que participan en asociaciones, el énfasis está ampliamente en organizaciones no políticas como grupos juveniles (29%), recreativas o deportivas(28%), religiosas (18.7%) con una tendencia general de acceso de todas las edades, pero con mayor participación en la medida que los niveles de vida de los/las estudiantes son mejores. La participación política social es pequeña y menor aún la participación política partidista, que es apenas del 2% en general, y del 3% en los/las estudiantes de quinto año, que son más próximos a la posibilidad de votar o de pertenecer a las juventudes de los partidos.
La mayoría, el 66% se ofrece a ayudar en el colegio, y el 12% no. Un 17% equilibra su opinión. De los que se ofrecen son más las mujeres, los estudiantes de primer año, de sostén familiar con educación primaria y nivel socioeconómico bajo y medio. Los que menos se ofrecen son más hombres, de quinto año.
La mayoría de los/las que participan en asociaciones o en sus colegios se adscriben a la participación casual y la participación voluntaria organizada. Pocos se integran a la participación política vista como la acción ciudadana que busca influenciar el sistema político comunal o nacional, que posee mayores grados de desarrollo de capacidad participativa.
La juventud panameña urbana estudiantil de hoy posee un relativo nivel de confianza interpersonal, y asociatividad alta, pero con poca participación política. Si uno hace una comparación -por ejemplo- con los estudiantes de la década del sesenta cuando existía un proceso intenso de participación y debate político en los colegios a través de las asociaciones federadas, el Servicio Nacional de Voluntarios y la acción social cristiana de la Iglesia Católica, como a nivel nacional por medio de la Federación de Estudiantes de Panamá, es posible percibir las profundas diferencias. (raulleisr@hotmail.com)

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